A ochenta años de su nacimiento, hacemos un recuento de la vida de uno de los actores, directores y productores más entrañables de la televisión y el cine. 

Las fábulas –insiste la tradición– son relatos o composiciones en prosa o verso que nos dejan una enseñanza o consejo moral y en su inmensa mayoría son protagonizadas por animales que cuentan con cualidades humanas. Este género es tan antiguo como las odas o la épica y desafortunadamente se piensa que sólo son útiles para los niños. Sin embargo, hay otra acepción que si bien se emparenta con la primera, reconoce una posición fundamental: la del héroe. Y me refiero a ésa que reconoce a la fábula como una leyenda que narra las acciones de los dioses y los héroes de la antigüedad.

Así que esto es una fábula, una fábula que trata sobre un hombre con cualidades antropomórficas y que poseía el arte de la manipulación sobre objetos inanimados, capaz de mezclar la realidad con la fantasía. Esta es la historia de un mago que infundió su hálito de vida sobre criaturas inertes, un héroe y un dios capaz de crear universos propios como Tolkien, Ray Harryhausen, C. S. Lewis o George Lucas. Un taumaturgo que transformó el entretenimiento. Aquí también intervienen animales, aquí también interviene el espíritu creador. Esta pretende, entonces, ser la fábula de Jim Henson, titiriterio y demiurgo.

Los primeros pasos: el antropomorfismo

James Maury Henson nació un 24 de septiembre de 1936 en Greenville, Mississippi y desde muy joven se sintió atraído por el arte, gusto que heredó de su abuela materna, la cual se desempeñaba como pintora, colchonera y costurera. Estos tres atributos incitarían al pequeño Jim a incursionar en la construcción de sus primeras marionetas que, según se cuenta, fabricaba desde antes de su adolescencia para sus compañeros de los Cub Scouts. Toda su juventud la pasó coqueteando con la televisión y una de sus principales influencias fue la del titiritero Bur Tillstrom, quien presentaba en la caja chica el espectáculo de Kukla, Fran & Ollie.

La leyenda cuenta que los productores de un programa infantil matutino visitaron el club de marionetas Les Petit Players en la secundaria a la que asistía Jim para reclutar talento. En El libro Rojo –algo así como los diarios de Henson– se cuenta que luego de esa visita asistió a la biblioteca para estudiar más sobre la fabricación de títeres, posteriormente hizo una prueba para el Show de la CBS y obtuvo el puesto.

The Junior Morning Show comenzó a transmitirse 19 de de junio de 1954 y  duró sólo dos sábados, pero el talento de Jim para manipular a los monigotes le sirvió para que Roy Meachum, conductor del programa, lo recomendara para un show de la NBC, Henson fue contratado y comenzó a crear marionetas para diversos programas de la cadena.

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En 1955 su genio le valió un premio Emmy por la creación de las marionetas para el programa Sam and Friends, transmitido en la filial local de la NBC. Esa fue la primera vez que aparecía Kermit en televisión, mejor conocido en México como la rana René y horrorosamente llamado en España, Gustavo. Henson prestaría su voz al personaje desde ese momento hasta el día de su muerte.

La popularidad de las marionetas continuó creciendo y pronto empezaron a aparecer en comerciales para televisión que incluyeron marcas como IBM, donde actuó por primera vez el famoso Monstruo Comegalletas. Y Rufo, el perro pianista, comenzó a hacer apariciones en comerciales de Purina. La creación de Rufo tuvo la intervención de Don Sahlin y el titiritero Frank Oz.

Así se empezó a consolidar un equipo que permitiría a los personajes de Henson –que poco a poco dejaba de ser un hombre para convertirse un ente detrás de figuras conocidas– aparecer en The Today Show y en The Ed Sullivan Show (uno de los programas más famosos de presentación de talentos de la televisión norteamericana de la época).

La inquietud de Jim lo llevó a experimentar con cortometrajes animados por sus marionetas, afición que le permitió estar nominado a un premio de la Academia por Time Pice en 1965. Cuatro años después para la PBS produce lo que podríamos considerar el primer imprescindible de Henson: Plaza Sésamo, serie que todos recordamos por personajes como Big Bird (el pájaro gigante que en México contó con su versión verde, Abelardo), Beto y Enrique (Ernie y Bert), el Monstruo Comegalletas, Elmo, etc.

Los Muppets

Fue en 1970 cuando Henson decidió juntar a muchas de sus marionetas para crear un show que tuviera un carácter infantil, pero también que pudieran disfrutar los adultos. Pero, curiosamente, el éxito obtenido de poco o nada le servía a su creador, pues trató inútilmente de conseguir una casa productora que lo cobijara en Estados Unidos. Así, tuvo que emigrar a la televisión Londinense donde –con ayuda del productor Lew Grade– Miss Piggy, Fozzie, Animal, Gonzo, Scooter, por supuesto Kermit y un sin fin de personajes, encarnaron el programa de marionetas más visto y famoso del mundo: The Muppet Show, en 1976.

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La serie se popularizó de inmediato y contó con invitados como Liza Minnelli, Elton John, Vincent Price y Steve Martin. Los Muppets alcanzaron la cifra de 235 millones de televidentes alrededor de todo el mundo y obtuvo tres premios Emmy (incluso en 1977, Kermit y Fozzie fueron asignados para presentar el premio al mejor guión de un drama o Comedia). Todo el éxito obtenido obligó a Henson llevarlos a la pantalla grande y para 1979 estrenaría The Muppet Movie.

El cine

Después de los Muppets, Henson crearía la serie Fraggle Rock, The Jim Henson Hour y Jim Henson’s The Storyteller. Ésta última serie se transmitió en México muchos años después y es posible que muchos recordemos la maravilla de ver trasladados a la pantalla cuentos clásicos e historias mitológicas que combinaban a personas reales, con el uso de marionetas y animatronics.

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Experimentar con seres mitad marioneta, mitad robot, llevó a la imaginación de Henson a límites insospechados –no debemos olvidar que el legendario maestro Yoda de Star Wars es obra de Jim–, y en 1982 crea un largometraje completamente animado por marionetas y robots. Una historia por lo demás sencilla que se centra en la eterna lucha del bien contra el mal. Un relato donde los débiles se transforman, al final en héroes: The Dark Crystal.

De acuerdo con las anotaciones sobre el Cuaderno Rojo, “El trabajo sobre el cristal oscuro comenzó en serio a principios de 1978 y había un gran interés en ver cómo las criaturas que estaban desarrollando trabajarían en la película. Jim lanzó las primeras imágenes de prueba cerca de su casa en Bedford, Nueva York en el otoño de ese año y trató otra prueba filmada en abril del año siguiente”.

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Su siguiente gran sueño cinematográfico –y es posible que el más famoso– vino acompañado de las actuaciones de Jennifer Connelly, David Bowie y la producción de Lucasfilm. Se trata de Labyrinth, estrenada en 1986. Aquí vemos la travesía de una adolescente en busca de su hermano menor, el cual es secuestrado por el rey de los goblins. El trasunto de la película se enfoca en el viaje del héroe. Es decir, el héroe sale de casa, emprende una misión, baja al inframundo, vence al mal y regresa victorioso. Jim no podía estar más contento con la elección de Bowie como Jareth –rey de los goblins–: “Añadió una chispa realmente mágica…” apuntó en sus cuadernos.

Fin del viaje

Era 1990 cuando Douglas Wilder se convirtió en el primer gobernador negro de Estados Unidos, James Douglas derrotaba a Mike Tyson en combate por el título mundial de los pesos pesados, en el Dorothy Chandler Pavilion de la ciudad de Los Ángeles se celebraba la entrega de los premios de la Academia, presentados por el actor Billy Crystal y Driving Miss Daisy ganará el Óscar a la mejor película, cuando el 16 de mayo de 1990, a los 53 años de edad, Jim Henson moría después de un breve e inesperado ataque de neumonía y con él, también lo hacía una forma única de hacer televisión y cine.

Como diría Henrich Von Kleist, poema romántico alemán a propósito del arte de las marionetas: “…en la medida en que en el mundo orgánico es más oscura y débil la reflexión, tanto más radiante y dominadora se presenta de continuo la gracia (…) así como la intersección de dos líneas a un lado de un punto, vuelve a presentarse súbitamente al otro lado después de atravesar por el infinito, o lo mismo que la imagen del espejo cóncavo, tras de haberse alejado hasta el infinito, aparece de repente ante nosotros, del mismo modo, cuando el conocimiento ha pasado, por decirlo así, a través de un infinito, comparece de nuevo la gracia. Y ésta se presenta a la vez con su máxima pureza en la figura humana que no posee conciencia alguna o en la que la tiene infinita, es decir, en el muñeco articulado o en el dios”.

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Hoy Jim Henson cumpliría 80 años. Hoy, no podemos estar más convencidos de su legado. Es posible que algo de la vida que imprimió en sus personajes, esté impreso en la nuestra. No me resta más que decir: ¡Feliz cumpleaños Jim!

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