La amenaza elegante vengó a una generación de mexicanos.

Fantomas, el anti héroe de editorial Novaro

A principios de los años ochenta México vivía una de las peores crisis económicas de las que se tenga registro. Paradójicamente, gran parte de la crisis se derivó del descubrimiento de nuevos y grandes yacimientos petroleros que, en teoría, habrían podido ayudar a mejorar la vida de los mexicanos.

México, el país de la abundancia

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

En 1977 el Presidente Jose López Portillo, motivado por el descubrimiento de enormes fuentes de petróleo en nuestro país, decidió orientar la mayoría de la inversión del Estado a la infraestructura petrolera. Incluso, en un momento de euforia, afirmó que era tiempo de “acostumbrarnos a administrar la abundancia”. Sin embargo, México se endeudó enormemente para extraer el crudo (y en otros proyectos faraónicos), triplicando la deuda externa en los seis años que duró el gobierno de López Portillo.

Al final del sexenio, con una inflación enorme, un país endeudado, una corrupción y ostentación obscena por parte de muchos miembros de la clase política, que mostraban sin descaro sus lujos, mientras la mayoría de la población sufría para encontrar empleo, y poder adquirir la canasta básica -que se volvió casi inalcanzable- la opinión pública volvió a José López Portillo, y a los miembros de su gabinete, en los enemigo número uno. Del escarnio público, ni siquiera lo salvaron las lagrimas que vertió en su último informe de gobierno, ni la nacionalización de la banca.

Sin embargo, por lo menos en la ficción, los mexicanos fueron vengados por Fantomas, la amenaza elegante.

Fantomas contra Jolopo

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

Fantomas era un sádico villano que aparecía en las novelas franceses de principios del siglo XX. Se trataba de un elegante ladrón y asesino sin escrúpulos, que prácticamente era un psicópata y el malo de todas sus historias. Pero, en México, el editor Guillermo Mendizábal –en colaboración con el dibujante Rubén Lara– decidieron usar a Fantomas de una manera diferente: como un antihéroe de la historieta mexicana que publicaba la ahora desaparecida Editorial Novaro.

A pesar de que sus primeras aventuras en los cómics mexicanos fueron una adaptación de la primera novela francesa en que apareció, poco a poco se fue transformado la personalidad de nuestro Fantomas, hasta convertirse en una especie de Robin Hood, un hombre ilustrado, carismático, bondadoso, que además, siempre estaba rodeado de 12 chicas voluptuosas que lo atendían (cada una representada por un signo del zodiaco), genios científicos y extraños enemigos. Por si fuera poco, era amigo de grandes personalidades de la época, como Julio Cortazar y Octavio Paz.

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

En una de sus aventuras más celebres, El vuelo de Icaro (publicada en julio de 1984), Fantomas se puso la misión de robar la impenetrable mansión del expresidente corrupto de una nación africana. El cómic no parecía diferente a otras historias de Fantomas, pero  se volvió celebre porque, de un día para otro, desapareció de los puestos de revistas de todo el país.

De acuerdo con el entonces periodista Carlos Marin, ahora editor de Milenio:

“A Rubén Sánchez Monsiváis, editor responsable de Fantomas, la historieta que publica Editorial Novaro, le sorprende que uno de sus más recientes números, titulado Vuelo de Icaro, haya desaparecido prácticamente de los puestos de revistas el mismo día de su distribución. “Parece que hubo quienes compraron el Fantomas en paquete”, comenta y adelanta que está ya en preparación un sobretiro. Rubén se sorprende, pero no por la súbita desaparición del número ni por la posibilidad de que esa desaparición se deba a la parodia que allí se hace del gobierno de José López Portillo. “Lo que más me sorprende es que, de hecho, se trata de una nueva edición del Fantomas que con el mismo argumento, más o menos, editamos el año pasado”, comenta”.

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

Existen dos versiones de El Vuelo de Icaro, ambas escritas por Rubén Sánchez Monsiváis, pero, en la primera versión que se publicó no existen las referencias a López Portillo, que son muy claras en la segunda versión, la que sí se retiró de los puestos de revistas.

La historia comienza mostrando a Jacob Lewis Pride, el ex presidente corrupto de Rodesia, quien petrolizó a su país, y luego, en medio de una crisis económica, abandonó el puesto para dedicarse a gastar su dinero y escribir libros. De inmediato, se nota que JLP (las mismas siglas de José López Portillo) -gracias a los trazos del dibujante Juan Roncagliolo Berger- es idéntico al ex presidente mexicano, sólo que con un tupido bigote que tiene la función de hacer menos obvia la referencia. En las primeras páginas del cómic se describe la personalidad del ex mandatario, un tipo con ínfulas de intelectual que llora a la menor provocación, que, no obstante, resultó ser un gobernante frívolo, que usufructuó a su conveniencia el dinero público y otorgó a sus amigos y familiares cargos públicos, con los que despilfarró la riqueza nacional.

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

Para hacer aun más obvia la cercanía entre López Portillo y Lewis Pride, a lo largo de la historia vemos algunas de las citas célebres del mandatario de Rodesia, que recuerdan a algunas de las frases más famosas del mandatario mexicano: “¡Queridos conciudadanos, tendremos que prepararnos para vivir en la opulencia!”, es, sin duda, una forma de recordar el ya mencionado “Tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia”; de igual forma, mientras el JLP de Fantomas indicó al final de su gobierno que los culpables de la crisis de Rodesia eran “los enemigos del pueblo nos han saqueado, nos han llevado a la ruina”; el JLP de la vida real usó parte de su último informe de gobierno para atacar a los “sacadólares”, que nos habían “saqueado”.

Regresando a la historieta de Novaro, JLP “en el colmo de su soberbia, hizo construir sobre una cima casi inaccesible una ciudadela, cuyo lujo sólo era comparable al de los legendarios palacios de Oriente”. Se trata del Nido de Buitres, la versión del mundo de Fantomas de la tristemente célebre Colina del Perro.

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

El cómic también tiene momentos para describir a la esposa del mandatario, “es famosa por su mal gusto”, y vemos brevemente a una de sus parientes, quien obtuvo un puesto público sólo por ser familiar de JLP. Se trata de una versión de Margarita López Portillo, apodada en la época como la pésima Musa, que es representada en la historia leyendo un poema de Rubén Darío.

Finalmente, vemos que Fantomas logra esquivar la seguridad de JLP con un plan singular, usar unas mini turbinas diseñadas por su colaborador habitual, Profesor Semo, para usar un planeador que le permitió escabullirse al interior de la Colina, y robar miles de dólares, obras de arte y pruebas de las corruptelas de JLP y sus colaboradores.

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

AL final del cómic descubrimos que, gracias a las pruebas que entregó Fantomas a la resistencia, se procesó a uno de los ministros de JLP -que tiene un sospechoso parecido con Jorge Díaz Serrano, director general de Petróleos Mexicanos durante el gobierno de López Portillo. En la vida real, Díaz Serrano sí fue encarcelado al inicio del gobierno de Miguel de la Madrid, el sucesor de López Portillo, como parte de su campaña de “renovación moral”. El JLP del cómic termina huyendo de Rodesia, por el desprecio de sus conciudadanos, algo similar le ocurrió a López Portillo, que pasó años en Europa antes de regresar a México.

De acuerdo con Luis Gantus, estudioso del cómic mexicano, el gobierno de México retiró y destruyó el tiraje casi total de la segunda versión de El Vuelo de Icaro, que calcula representó un mínimo de 200,000 cómics destruidos. Aun así, algunos pocos sí llegaron al público consumidor, y otros tantos se repartieron entre los trabajadores de Novaro.

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

Gantus cree que, probablemente, la razón detrás de la publicación de este curioso cómic, se debe a que la crisis de principios de los ochenta afectó gravemente las finanzas de la editorial, que, tan sólo un año después de lanzar el cómic contra JLP, se declaró en quiebra. Así, El Vuelo de Icaro habría sido la forma de venganza de Novaro en contra de JLP.

Sea como sea, gracias a Fantomas, por lo menos una ocasión, los mexicanos pudieron sentir que se hizo justicia para castigar a uno de los mandatarios más criticados de finales del siglo pasado.

Imagen del interior del cómic de Fantomas
(Imagen: Editorial Novaro)

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