(Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Come, pequena suja, come!
Pudesse eu comer chocolates com a mesma verdade com que comes!
Mas eu penso e, ao tirar o papel de prata, que é de folha de estanho,
Deito tudo para o chão, como tenho deitado a vida.)

Fernando Pessoa

El hombre siempre ha querido tener poder sobre el hombre, por lo tanto, también ha alejado de él las cosas que alteran o podrían alterar dicho control, sin embargo, esas cosas que atentan contra el poder del individuo pueden estar más cerca de lo que uno se imagina, por ejemplo, en una barra de Kit Kat.

El Tchocolatl o chocolate fue el nombre con el que se refirieron los primeros españoles en América a esa bebida aparentemente indefensa que es, desde hace un tiempo ya, tan popular entre chicos y grandes (y sobre todo entre las personas con escasa vida sexual y/o deprimidas, o en Pancho Pantera).

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Retablo de monjes españoles preparando chocolate en América

El chocolate ha sido una sustancia polémica a lo largo de la historia, considerado en el siglo IV A. C. como bebida sagrada (de los dioses) por los mayas, o pensándola como la mismísima encarnación de Quetzalcóatl, según los aztecas. Otros han considerado al chocolate medicamento y/o alimento y no una bebida común y corriente. Esta creencia se encontraba principalmente en Europa durante la expansión y distribución de este producto por el continente, durante el siglo XVII.

Sin embargo, también hubo un momento del siglo XVII, principalmente en América Central, en el que el chocolate fue considerado una tentación del diablo y estaba prohibido que lo bebieran personas menores de 60 años, amenazando con la excomunión a cualquiera que se atreviera a infringir esta hermosa norma. Y es que el “indefenso” chocolatito tiene efectos fisiológicos en nosotros que desde muchos puntos de vista podrían atentar contra el control del individuo, cosa que nadie quiere (mucho menos los sistemas de control masivo).

Pero, ¿por qué considerar este inocente como tentación del diablo, como droga o como posible atentado contra el control si todo está bien chido cuando lo comemos?

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Escena del XVII en la que se muestra la preparación del chocolate (Xocolatada)

Precisamente por eso. Pues resulta que el chocolate induce a la producción de distintas sustancias en el cuerpo, como el triptofáno, un aminoácido que es necesario para la producción de la serotonina (neurotransmisor responsable del disfrute y de las sensaciones de tranquilidad y felicidad que nos produce cuando lo comemos). Incluso se ha llegado a proponer una relación harto estrecha entre el deseo de consumir chocolate con el padecimiento de sensaciones de angustia, tristeza o irritabilidad.

Cuidado: el chocolate también es rico en magnesio, esto puede producir un cierto alivio en los síntomas del síndrome pre-menstrual y ¿quién en su sano juicio querría aliviar los cólicos?

Pero la maldad de nuestro enemigo el chocolate es más ruin: La teobromina es un alcaloide que tiene efectos directos sobre el organismo y que el chocolate también contiene. De la teobromina se dice que “es un alcaloide que actúa como diurético y estimula el sistema renal. El chocolate ejerce un efecto estimulante del sistema nervioso central similar al de la cafeína. El contenido de cafeína de una taza de café es 100 miligramos, la teobromina constituye el 2% del grano de cacao, y unos 200 miligramos de teobromina están presentes en una tableta promedio de chocolate”.

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Cartel promocional de la compañía Chocolates Amatller de Barcelona

Algunos expertos piensan que la feniletilamina es la que genera las supuestas propiedades adictivas del chocolate. La feniletilamina tiene un efecto similar al de la anfetamina, es decir, mejora el estado de ánimo.

Pero eso no es todo, pues nuestro ex-amigo, Don chocolate, contiene un compuesto químico más polémico que los anteriores: la anandamina. Encargada de activar los mismos receptores cerebrales que se ponen en funcionamiento con la marihuana. Científicos gringos han concluido que el chocolate tomado en cantidades superiores a las que hay en una tableta induce a una sensación placentera y de bienestar: qué horror.

El cacao y el chocolate puro contienen, al menos, el doble de esa sustancia que el popular chocolate con leche.

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Trabajadoras de Rowntree empacando cajas de chocolates en 1913

En fin. Estas son algunas de las sustancias que contiene el chocolate y que probablemente han hecho que muchas culturas a lo largo de la historia desconfíen de él. Se han hecho pruebas con ratas y una de ellas consiste en aplicar electrodos al centro del placer en el cerebro de la rata. Algunas pruebas dicen que una rata oprimió una palanca 48,000 veces en un día completo para recibir el choque eléctrico que le parecía placentero, prefiriendo ser estimulada en vez de alimentarse, beber agua e incluso tener actividades sexuales. Por lo tanto, no se asusten si un día ven a un hombre peleándose con una máquina expendedora de golosinas, como poseído por el diablo, tratando de sacar una pequeña pero peligrosa barra de chocolate.

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