Su trabajo ayudó a entender la forma en que funciona el pensamiento de los humanos, para así moldear el de las máquinas.

“No entiendes algo realmente hasta que lo aprendes a hacer en más de una forma”, decía Marvin Minsky, uno de los pioneros en el estudio de la inteligencia artificial, quien falleció el pasado domingo a la edad de 88 años. Él es, en gran parte, responsable de que un campo que parecía sólo tener espacio en la ciencia ficción, sea hoy es una realidad en la industria tecnológica.

Minsky nació en Nueva York el 9 de agosto de 1927, y estudió matemáticas en las universidades de Harvard y Princeton. Sin embargo, desde muy joven también se interesó en las ciencias computacionales y la filosofía. La mayor parte de su carrera la pasó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde en 1959 fundó junto con –el también científico– John McCarthye lo que ahora se conoce como el MIT Computer Science and Artificial Intelligence Laboratory.

Hace poco más de medio siglo, Minsky pensaba que las máquinas no sólo eran capaces de realizar grandes cálculos matemáticos, sino que también tenían una capacidad de razonamiento como la de los humanos. Fue así que en 1951 creó el primer simulador de redes neuronales, al que llamó SNARC.

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Marvin Minsky en un laboratorio del MIT (1968).

En 1969 publicó al lado de Seymour Papert el –polémico– libro Perceptrons, que serviría como base para el estudio y análisis de las redes neuronales artificiales. Posteriormente, Minsky lanzó The Society of Mind (1985), una publicación que seguía con las ideas que había concebido con Papert años atrás, donde proponía que la inteligencia no es el resultado de un “mecanismo singular”, sino que era el producto de la interacción de “una amplia variedad de agentes autónomos” que se encargan de realizar distintas tareas.

Además de su trabajo en la inteligencia artificial, Marvin Minsky también fue uno de los primeros en hablar sobre que la información digital debía ser compartida libremente, algo que sirvió como semilla para el movimiento del software libre. El científico también formó parte de ARPAnet, el proyecto que fue la base para la creación de internet. Y por si fuera poco, Minsky también fue inventor: en 1957 patentó el primer microscopio confocal, y en 1963 creó un tipo de monitor gráfico que se montaba en la cabeza.

Curiosamente, Stanley Kubrick visitó a Minsky mientras se preparaba para filmar 2001: A Space Odissey, para que el científico lo asesorara en cuestiones tecnológicas, pensando en lo que podría desarrollarse en el entonces futurista año 2001. También tuvo que ver en la concepción de la trama de Jurassic Park, el libro de Michael Crichton en el que luego se basó la película de Steven Spielberg.

A pesar de que Marvin Minsky no fue el creador del concepto de la inteligencia artificial –ese honor le pertenece a Alan Turing–, sí es uno de los culpables de la forma en que ahora se concibe esa idea. Su trabajo le valió que en 1969 se le concedierá el Premio Turing, el máximo reconocimiento que se otorga en las ciencias computacionales.

vía The New York Times

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