(Imagen: Lorenzo Petrantoni)

Más que predecir el futuro, las novelas del autor francés inspiraron el imaginario de la humanidad.

Todos aman a Julio Verne y adoran hablar de su capacidad para anticiparse al futuro, pero lo cierto es que como señala el crítico Michel Serres: “Haría falta mucha ignorancia e ingenuidad para calificar esta obra como de ciencia ficción”. Verne, señala Serres, estaba más bien en retraso sobre la historia, pues el contenido científico de sus relatos estaba ya generalmente superado por la ciencia en el momento de la aparición de su obra.

Entonces, ¿por qué insistimos en verlo como un visionario futurista? Porque Verne fue un visionario de otra índole. A pesar de su abundante imaginación, Verne necesitaba de bases científicas preexistentes para poder manipular su genio creativo y crear lo que realmente supo crear. Eso que J.M.G. Le Clézio apunta a decir con tanta certeza refiriéndose a la obra de Verne: “Estas escenas son para mí tan importantes como los mitos, como las imágenes de la poesía homérica”.

Es en ese poder del mito, en donde Verne –en lugar de predecir– inspiró a la humanidad para darle la vuelta al mundo o llegar a la Luna. Por eso hemos decidido enumerar algunos hechos que aparecen en las novelas de Verne y que, indudablemente, sirvieron de inspiración para muchos otros genios.

1. El submarino eléctrico

En Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino (1870), Julio Verne había imagino un barco que pudiera navegar por debajo de las aguas. El nombre de este vehículo: Nautilus. De acuerdo con la novela, su motor era propulsado por electricidad producida por baterías de una amalgama de sodio-mercurio (el sodio era extraído del agua de mar). Dieciocho años después, Isaac Peral creó el submarino eléctrico en 1888.

2. El helicóptero

El Albatros era una embarcación que tenía mástiles con hélices que giraban gracias a su maquinaria interna para elevar el barco por los aires, como si se tratara de los barcos enemigos de Super Mario Bros. 3. Este vehículo, que aparece en Robur el Conquistador (1886), dio pie a la creación del helicóptero, pero es importante señalar que Verne se inspiró a su vez en otras publicaciones que hablaban de crear vehículos con hélices.

3. El viaje a la Luna

Muchos insisten en ver en De la Tierra a la Luna (1865) la obra más emblemática de Verne y la más acertada en sus predicciones, pues el viaje que se narra en la novela guarda muchas similitudes con la misión del Apolo 11 de la NASA. Pero si nos enfocamos en la idea de los mitos mencionada por J.M.G. Le Clézio, más que una predicción resulta lógico considerar que la gente encargada de la misión se inspiró en la novela de Verne al momento de la misión. Aun así, no deja de ser hermoso pensar que el cañón “Columbiad” tuvo algo que ver con que el módulo de mando del Apolo 11 se llamara Columbia.

4. Armas eléctricas

La electricidad fascinaba a Verne, tanto que las armas del Nautilus usaban electrochoques como armas. Verne describe las armas del submarino tripulado por el Capitán Nemo como “contenedores eléctricos o “botellas de Leyden” en las que la electricidad está sometida a una muy alta tensión y con el más pequeño toque se descargan. Los tasers son ahora armas defensivas más comunes de lo que creemos.

5. Internet

Así es. La novela París en el siglo XX (1863) fue publicada hasta 1994, luego de que el bisnieto del autor encontrara el manuscrito en 1989. Pareciera que la novela estuviera esperando el momento exacto para salir a luz, pues en ella Julio Verne habla de una red internacional de comunicaciones, la describe como una especie de telégrafo mundial que conecta a distintas regiones para compartir información. Pero no sólo eso. La novela trata de un hombre que vive en una ciudad con rascacielos de vidrio, trenes de alta velocidad y coches impulsados por gas. Si la novela no se publicó en su momento fue porque el editor de Verne, Hetzel, consideró que tenía un tono pesimista, como si se tratara de una distopía.

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