Esto es un poco de lo que México heredó del mundo islámico

De Guadalupe a Guadalajara, pasando por los tacos al pastor, estas son las cosas que unen a México con el islam.
Trompo al Pastor en La Feria de la Torta (Edgar Olivares)

En el año 610, Mahoma fue visitado por el arcángel Gabriel (Yibril), quien le recita las primeras revelaciones del Coran, el libro sagrado del Islam. Doce años después, en el 622, tiene lugar La Hégira, una migración multitudinaria de los seguidores de Mahoma a Medina. Este evento marca el inicio del calendario Musulmán.

Mosaico que servía para adornar la entrada de la casa, es una bendición. Parte de la exposición “Lo Terrenal y lo Divino” / Colegio de San Ildefonso (Edgar Olivares)

Durante el año 630, Mahoma regresa a la Meca (Arabia Occidental), donde muere dos años después. El Islam había nacido, 133 años antes que Bagdad fuera capital abisí, más de dos siglos antes que se construyera Chichén Itzá (850) y casi siete siglos antes que se edificará la ciudad de México–Tenochtitlán (1325).

El Islam es la más joven de las tres principales religiones monoteístas del mundo. Sus seguidores tienen cinco deberes obligatorios. El primero y más importante es profesar la fe: “No existe otro Dios más que Alá; Mahoma es el mensajero de Alá”.

Detalle de alfombra. Parte de la exposición “Lo Terrenal y lo Divino” / Colegio de San Ildefonso (Edgar Olivares)

El segundo deber es la oración, la cual debe ser recitada 5 veces al día. La tercera obligación es la caridad hacia los pobres, que se materializan en un impuesto para ayudar a los necesitados. El cuarto deber es ayunar desde el amanecer hasta la puesta del Sol durante el Ramadán, el noveno mes del calendario musulmán. La quinta obligación es, siempre que sea posible, emprender el peregrinaje, o hajj, hacía La Meca o la Kaaba.

Islam literalmente significa “sumisión”, en un sentido de paz y obediencia. Los musulmanes lo entienden como “sumisión del hombre a la voluntad de Dios”, y es en ese sometimiento a los designios divinos que desde el siglo VII se han dado a la tarea de crear algunas de las piezas de arte más exquisitas y diversas del mundo.

“Él es quien ha hecho descender la serenidad en los corazones de los creyentes para incrementar su fe. Las legiones de los cielos y de la tierra son de Alá. Alá es omnisciente, sabio”
Corán (48:4)

México no está tan lejos de los árabes

Los primeros árabes llegaron a México durante la conquista y no profesaban la religión del profeta. La mayoría eran convertidos al catolicismo, maronitas (rama del catolicismo practicado en el Líbano) u ortodoxos.

En 1989 la primera mezquita de nuestro país abrió sus puertas en la ciudad de Torreón, Coahuila. Pero la herencia del islam en México va mucho más atrás en el tiempo, con la llegada de los cristianos y sus construcciones coloniales. España vivió una ocupación musulmana por más de 7 siglos, y cuando llegaron a México trajeron, entre otras cosas, la arquitectura mudéjar, una mezcla de las corrientes artísticas cristianas (románicas, góticas y renacentistas) con las musulmanas de la época.

En la Ciudad de México podemos encontrar muestras de la arquitectura mudéjar en el claustro del ex Convento de la Merced, en el barrio del mismo nombre, otro es el Kiosco Morisco de Santa María la Ribera e incluso algunos espacios de la Catedral Metropolitana.

Maso de un caballero medieval. Parte de la exposición “Lo Terrenal y lo Divino” / Colegio de San Ildefonso (Edgar Olivares)

Aunque aún hay un debate fuerte, el consenso general es que, a nuestra herencia árabe le debemos joyas mexicanas como los tacos al pastor, una versión poblana de los shawarma libaneses.

Las cosas no paran allí. También hemos hecho nuestras palabras de uso cotidiano como Ojalá, que viene del árabe law sha´a Allah y significa “si dios quisiera”; Guadalajara, que significa “río entre piedras”. Palabras como: azúcar, aduana, ajedrez, asesino, así como alacrán (al-alrab) y muchas de las palabras que inician con “al”, como alfombra, almanaque, algarabía, las usamos todos los días.

El nombre de Guadalupe, que todo el planeta cree que es de origen mexicano, tiene su raíz en la fusión de dos vocablos, el árabe “wadi” (río) y el latín“lupus” (lobo). Literalmente significa “Río de los lobos” llegó a México por ser el nombre de un municipio español en la provincia de Cáceres.

“Dios es la luz de los cielos y de la tierra… Luz sobre luz, Dios lleva su luz a quienquiera que él desee” del Corán (24:35)

Jaqueca, que viene de saqiqah, que significa dividir; Marrano que deriva de muharram que puede traducirse como “prohibido”, porque no comían esta carne. Sandía viene de sindiyyah, tarea en vez de taríha, que significa literalmente “asignación o trabajo que debe hacerse en corto tiempo”. Arrabal es heredera de al-rabád, Droga viene del árabe ibérico hatruka y significa charlatanería; alcohol viene de kohol, que es “sutil”. Decimos Gañán en lugar de gánnam, que es un pastor de ovejas y Barrio, que deriva de barrí, que eran las zonas del campo habitadas. Las palabras Guitarra, Hazaña, Máscara, Mazmorra, Momia, Noria, Asesino, Dado, Algoritmo, Arrecife, Jabalí, Jarabe y Jarra también tiene su origen en los países árabes.

Para 1918, más de la mitad de la población judía era árabe y turca; hasta 200 familias eran de origen azkenazi. También hubo una considerable población judía, la cual se hizo presente desde comienzos del siglo XX y tuvo un punto álgido en la oleada inmigratoria durante los años de la segunda guerra mundial y hasta la formación del Estado de Israel en 1948. Dicha comunidad pertenecía en gran medida a grupos sefarditas sirios y judíos del territorio de Palestina. A su vez, hubo grupos musulmanes que entraron al país, y que, sin embargo, fueron una minoría dentro del total de la población árabe inmigrante.

De acuerdo con el documento Panorama de las religiones en México 2010, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en ese año existían en nuestro país un total de 3 mil 760 musulmanes, concentrados en su mayoría en la Ciudad de México, con un interesante crecimiento exponencial en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.