En búsqueda del lugar en donde los aztecas vieron una águila devorando a una serpiente.

El lago de Texcoco estaba en calma. Ni una sola brisa que refrescara su andar se hacía presente. El agua era de un azul intenso, reflejando perfectamente el celeste del cielo que no mostraba ni una sola nube que anunciara la proximidad de las lluvias1; de hecho, no había caído agua en meses.

Pero ahora nada de eso preocupaba a Ténoch y Cuahtlequetzqui2 que veían finalizada la peregrinación que sus abuelos habían iniciado más de dos siglos atrás3 en la mítica Aztlán.

Ese día, muy de mañana habían escuchado a un pequeño pájaro gritarles “Tihui, tihui”, que en náhuatl significa “Aquí, aquí”.4 Intrigados, los dos caudillos que guiaban a los mexicas persiguieron al ave entre tulares y carrizales, hasta los islotes que se encontraban al poniente del “lago de la luna”.5 En uno de los más pequeños encontraron la señal que les fue dada a los sacerdotes por su dios Huiztilopochtli: Del corazón del dios Copil, transformado en tunal, una imponente águila devoraba sin piedad una serpiente. Maravillados ante la inmortal estampa se conmovieron hasta las lágrimas.

Qué importaba ahora haber deambulado por Tula y Coatepec, y por “Atitalaquia, Tlamaco, Atotonilco, Apasco, Zumpango, Xaltocan, Ecatepec, Tulpetlac, Tecpayocan (Cerro del Chiquihuite), Pantitlán, Popotla, Atlacuihuayan (Tacubaya), Chapultepec y Tizaapan (Cerro de la Estrella)”.6 Qué importaba pues ser odiados y perseguidos por los señores chalcas, tepanecas, xochimilcas y acolhuas que eran dueños y señores de todo el Valle de México. Qué importaba todo aquello, si ahora habían llegado a la tierra prometida. Si ahora podrían fundar la ciudad7 que sería el centro del mundo: México–Tenochtitlán.8

El águila, la serpiente y el cactus en la fundación de Tenochtitlán (Foto: Wikimedia Commons)

Hoy, casi siete siglos después de la aparición a los aztecas, en ese mismo punto, ubicado entre las calles Misioneros y la 8ª Calle de Mesones, un grupo de diableros fuma, “cotorrea” y platica sobre cómo estuvo su día de trabajo llevando y trayendo mercancía a cambio de unos cuantos pesos; los marchantes descansan los pies antes de seguir su camino entre tienda y tienda; los vecinos del viejo barrio de la Merced juegan apasionadamente domino, y entre ficha y mula beben sorbitos de americano en el Café Bagdag. Frente a éste, alguien ha colocado una cama elástica en la que un par de niños saltan y gritan frenéticos, desesperados por hacer valer cada minuto de diversión que sus padres han pagado por subirse al armatoste. Al fondo, entre el bullicio de la gente que va y viene, un hombre mira despreocupadamente el paso de la vida recostado sobre una jardinera mientras toma largos tragos a su alcohol de caña, que guarda celoso en una botella de PET. Es otra agitada tarde en la plaza Juan José Baz.

“Más antes, más antes, era una plaza en la que se vendía verdura, venían carros a descargar; fue central de camiones, luego quedó como un parque y a hoy ya como está”, recuerda el señor Ignacio Ribera, quien llegó en 1970 al barrio y poco después se convirtió en el encargado del Café Bagdag, el cual atiende hasta la fecha.

Pero aquí nadie llama a la plaza con el nombre del político y militar liberal jalisciense (1820-1887)9 que fue enemigo de los conservadores, el fuero, la riqueza desmedida de la iglesia y que rigió la Ciudad de México en cuatro ocasiones. A esta explanada, rodeada en su mayoría por papelerías, los vecinos del viejo barrio de la Merced la conocen como plaza “La Aguilita”, pues están convencidos de que aquí fue donde águila, serpiente, tunero, lago y aztecas se reunieron para tomarse la foto y fundar la nación.

“¡Aquí se paró!, ¡aquí mero! Y fue un águila, o como le digo yo, un como zopilote, porque está flaca. Ahí se pararon. Nada de que en el zócalo. No es cierto” afirma el señor Manuel Garcés, que ha visto todos los cambios que ha tenido la plaza los últimos 88 años, desde los baños públicos que son de su propiedad, y que antes lo fueron de su madre y su abuela, la señora María Vega hace 100 años.

“Nos han contado que ‘el pichón’ aquí se lo encontraron, pero que luego se lo llevaron para el Zócalo. Bueno eso cuentan los de aquí. Te acuerdas, Berna ¿Cuándo se encontraron el pichón, pero luego se lo llevaron al Zócalo?, ¿no? ¿Te acuerdas?”, pregunta Alejandro Rojas, taquero de la plaza oriundo del barrio a su amigo Bernardino Hernández, barista del Café Bagdag desde hace 30 años, quien afirma que el nombre de la plaza poco tiene que ver con la leyenda y más con el símbolo que corona la fuente. “Antes de esta aguilita había otra, que dicen que se la robaron. Por eso el sobrenombre de ‘La Aguilita’”, afirma.

Sea por la leyenda de la aparición o para compensar la desaparición de la antigua “aguilita”, en la más reciente remodelación de la plaza, el gobierno capitalino colocó 42 piezas de talavera con todos los escudos nacionales que se han usado en la historia. Al centro, se encuentra una fuente adornada con una columna de piedra donde la imagen del águila con la serpiente en el pico corona y domina la vista de todos los puntos de la explanada.

Plaza de la Aguilita en el Barrio de la Merced, Ciudad de Mexico. (Foto: Wikimedia Commons)

“Cuando se llevaron el águila, ¡sentí bien gacho! Se la llevaron para modernizarla, pero qué le van a modernizar ¡Se la querían robar! Mira, todo el mosaico del interior (de la fuente) era de talavera”, cuenta el señor Manuel Garcés, quien ubica el despojo hace 50 años y afirma que en su lugar dejaron “una rueda y una palmera.” La fuente original, asegura, está escondida a un costado de la Iglesia de Santo Domingo, en el callejón de Leandro Valle, donde efectivamente se encuentra una fuente de características similares a las que describe.

Pero la desaparición de la “aguilita original” pudo significar algo más que un simple reacomodo urbano. Algunos historiadores y cronistas afirman que la milagrosa aparición que se retrata en el escudo nacional mexicano nunca ocurrió aquí. De ser así, entonces ¿dónde se paró el águila?

La leyenda cuenta que Hutzilopochtli abandona a su hermana Malinalxochitl en Malinalco, debido a que ésta aterrorizaba a los aztecas. Despechada por el abandono Malinalxochitl tiene un hijo, Copil, quien crece alimentado por el rencor de la madre hacia su tío y en la primera oportunidad lo ataca. Aquí las versiones se dividen, pues mientras que unos sostienen que el sobrino sorprendió a su tío en el cerro de Chapultepec10, otros aseguran que la lucha se lleva a cabo en el cerro Tepetzinco , hoy Peñón de los Baños. “Ahí, en el cerro, Huitzilopochtli derrota a Copili y le saca el corazón (…) El belicoso dios lanza el corazón de su sobrino con tal fuerza que parece un cometa surcando el cielo y luego cae en algún lugar del lago”.11 En ese punto geográfico es donde ocurrirá la aparición ¿Pero dónde es?

De acuerdo a los cronistas de la delegación Venustiano Carranza (apoyados en el Códice Ramírez)12, el corazón de Copil cayó en el mismo punto donde se libró la batalla contra Hutzilopochtli: en el Peñón de los Baños. “La sangre de Copil –según la leyenda– le dio a las aguas de la zona una temperatura especial. Asimismo, El Peñón, emparentado estrechamente con nuestros símbolos patrios, vio como a lo largo de los siglos creció la civilización y los nuevos habitantes de esta zona se apropiaron del entorno natural”.13 Al respecto el escritor Armando Ramírez asegura que en el punto donde se libró la batalla de los dioses, “hay actualmente una capilla construida sobre vestigios prehispánicos”.14

Por otra parte, el periodista Aníbal Santiago, recoge un testimonio15 que ubica el epicentro de la leyenda en el municipio de Chimalhuacán, Estado de México. “El águila voló hasta el tlatel de El Tepalcate, que estaban en la parte baja de Chimalhuacán: el águila tenía bajo un nopalito, y más abajo la gran cantidad de agua (…) Ese nopal duró siglos y nunca se secó; nomas se cambiaban las pencas de arriba.” En dicho islote, que en otros tiempos poseía una de las vistas más hermosas que se podía tener del Lago de Texcoco, hoy se encuentra una barda blanca con franjas verdes y decenas de grafitis que contiene las instalaciones de la Preparatoria Oficial No 16.16

Para algunos estudiosos del tema, el islote fundacional estaba en la delegación Cuauhtémoc17, en el área que se encuentra entre las calles de “República de Paraguay, por el oriente, a las calles de Jesús María; por el sur hasta 16 de Septiembre y Corregidora; y por el poniente a la calle de Allende.”18 Mientras que por otro lado, cronistas anteriores al descubrimiento de los restos arqueológicos del Templo Mayor, localizaban el punto original de la fundación en el lugar que ocupa la Catedral Metropolitana.19

En la esquina que forman las calles de Pino Suárez y la Plaza de la Constitución, a un costado del edificio del Ayuntamiento, frente a la Suprema Corte de Justicia, el chilango avispado y el turista ocasional que salen veloces de la estación del metro Zócalo, pueden encontrarse con la escultura de bronce elaborada por el artista guanajuatense Juan Fernando Olaguíbel titulada “Madre, relicario de América… Monumento a la fundación de México-Tenochtitlan.”20 No se molesten en buscar una placa que les dé los datos de la obra, no existe. Sin embargo la escena que describe está ya bien metida en el inconsciente colectivo de casi todos los mexicanos, aunque en sus propias versiones.

“Sé muy poco sobre el escudo porque estudie hasta primer año de primaria. Pero ahora sí que sé que la serpiente quiso devorar al país” explica la señora María Luisa Sandoval, michoacana de visita en México a su compañera, una joven israelí de nombre Yomac Levy, quien no sabe nada sobre la fundación de la ciudad o el símbolo que está mirando, sólo sabe que le gusta y nada más. Igual les gusta a los trabajadores de limpieza que sacan la basura de la Suprema Corte, al cilindrero que entona la “Canción Mixteca”, a dos avispados niños que “piden para su camión”, a un grupo de señoras que se han reunido a tejer en las jardineras alrededor de la escultura y a los comensales que se detuvieron a comer un tlacoyo y aprovecharon para tomarse una foto rápida con el celular. A todos les gusta y creen que aquí se fundó la ciudad por el ser centro histórico, político y cultural del país; pero lo cierto es que la escultura de Olaguíbel conmemora la escena, no marca un punto en específico.

Una vez que los mexicas encontraron el sitio donde se había enterrado el corazón de Copil, en ese mismo punto21, comenzaron la construcción del primer Teocalli (templo) dedicado a Huitzilopochtli, “como sólo contaban con los materiales que les proporcionaba el lago y no tenían piedra, ese adoratorio fue sumamente modesto.”22

La Casa Talavera en el Centro Histórico de la Ciudad de México. (Foto: Wikimedia Commons)

Retomando el trabajo de autores como Galindo y Villa23, Caso24 y Lombardo, Tena Núñez apunta en su estudio sobre el barrio de la Merced, que este primer templo se localizaba “cerca del calpulli de Temazcaltitlán, en la zona donde siglos más tarde se edificó “Casa Talavera”25, un edificio con historia propia que se encuentra entre las calles de República del Salvador, Talavera y Roldán (a una cuadra de la plaza Juan José Baz). Una vez terminado este primer templo, Huitzilopochtli les manda construir “otro con mayor jerarquía (más al norte del primero) en el Templo Mayor o gran Teocalli.”26 En otras palabras, se la encontraron en la Merced y luego se la llevaron al Zócalo, tal como lo indica la creencia popular ha pasado de generación en generación entre los que viven en el barrio.

La historiadora y cronista de la Ciudad de México, Ángeles Gonzáles Gamio, también considera que ese lugar de origen pudo en la zona que hoy ocupa la Plaza Juan José Baz, debido a dos razones muy importantes: “Una, es que este era el barrio conocido como de los temazcales, que estaban aquí porque había muchos manantiales. Incluso, aquí cerca se ubicaron unos baños que fueron muy famosos durante muchos siglos: los Baños del Montón. Y otra cuestión, es que (La Merced) era conocida como el barrio de Teopan, cuyo nombre significa “lugar de los dioses” o “lugar donde se venera lo más sagrado”. Eso nos lleva a pensar que quizás se le puso ese nombre porque aquí se encontraba ese primer templo para venerar el sitio del nacimiento del nopal”.27

Si el milagro de Huitzilopochtli jamás se dio, como lo refieren el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma y la historiadora María Castañeda de la Paz27; el águila sí era un símbolo solar, mientras que la serpiente representaba el agua, y por tal motivo el avistamiento se pudo dar en cualquier parte del país, debido a que” la figura del ave devorando una serpiente, como otros simbolismos mesoamericanos, tenía un fundamento mítico que era común a los diversos pueblos del área cultural”28. Poco importa para los habitantes de la Merced que han encontrado en la aparición de “la aguilita” un punto de referencia de su identidad comunitaria. Para ellos (y para el resto de los mexicanos) el hecho se dio, y tan se dio que se fundó una ciudad que ha estado en permanente expansión desde entonces.

Entonces, ¿dónde se paró el águila?, ¿en qué lugar dio inicio la construcción de la ciudad sobre el lago? Definitivamente fue en la Merced, al menos eso aseguran los vecinos y hasta la fecha no hay otro barrio en la ciudad que esté dispuesto a pelearles ese lugar en la historia, al menos no con ahínco.

“Te digo que aquí fue el teje y maneje. Ya ves que ahí en Talavera encontraron algo; y antes no, antes eran bodegas” dice el señor Manuel Garcés al respecto de los vestigios arqueológicos que se encontraron debajo de Casa Talavera, convencido de que en la plaza a la que llegó en brazos de su madre el día que nació, hace 88 años, es el lugar en el que inició la ciudad. Sin embargo, hoy que por fin se retira del trabajo y deja las llaves de sus baños a su hija, igual que su madre lo hizo con él y su abuela con ella, teme por el destino de la plaza. “Yo mi aguilita la defiendo a capa y espada. Porque, pues ya le dieron en la madre, ni modo”. Otro de los temores del señor Manuel es que ahora que estará descansando en su casa y ya no vendrá a la plaza, pueda olvidar todo lo que le contó su abuela que murió a los 102 años, lo que le contó su mamá “Y otras gentes más viejas que vinieron y platicaban… otros más lo saben, pero no es lo mismo”.

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Referencias:

1. De acuerdo con Luis Everaert Dubernard, el hallazgo ocurrió en un tunal de un islote que sobresalía de las aguas en una época de sequía.
“Nuestros Orígenes. Ensayos sobre la Ciudad de México” 1. CNA, DDF, Universidad Iberoamericana. “El Valle de México: descripción de su medio físico y sus primeros pobladores” Luis Everaert Dubernard. P 40-43
2. Son los fundadores de la ciudad: Tenoch, líder militar de los aztecas y Cuauhtlequetzqui era el gran sacerdote. Como lo Marca Lopez Austín en su ensayo “El águila y la serpiente”, Tenoch es representado por el tunal sobre la piedra y Cuauhtlequetzqui es el águila y poseedor de un nombre solar
3. “Los antiguos Mexicanos a través de sus crónicas y cantares”. Miguel León – Portilla. Fondo de Cultura Económica – SEP, 1961. P. 38 – 41
4. “Imágenes de la tradición viva” Carlos Monsiváis. CFE-UNAM-LANDUCCI. Segunda edición, 2006. P. 196
5. “El barrio de La Merced: estudio para su regeneración integral” de Ricardo Antonio Tena Núñez y Salvador Urrieta García (Coords.) Cuicuilco, vol. 17, núm. 48, enero-junio, 2010, Escuela Nacional de Antropología e Historia. México
6. “Nuestros Orígenes. Ensayos sobre la Ciudad de México 1”. CNA, DDF, Universidad Iberoamericana. “El Valle de México: descripción de su medio físico y sus primeros pobladores” Luis Everaert Dubernard. P 40-43
7. Fuentes como el Teocalli de la Guerra Sagrada y el Códice Mendocino, coinciden en que 1325 fue el año en que la peregrinación mexica terminó e inició la fundación de Tenochtitlan. El INAH toma el 13 de marzo de 1325 como el día de la fundación. “LA IMAGEN FUNDACIONAL DE TENOCHTITLAN EN SEIS SIGLOS DE MEMORIA COLECTIVA” Karina Moreno Rojas
http://www.inah.gob.mx/reportajes/6465-la-imagen-fundacional-de-tenochtitlan-en-seis-siglos-de-memoria-colectiva
8. La ciudad se llama así en honor a Tenoch, el fundador
9. Diccionario Porrúa de historia, biografía y geografía de México, Editorial Porrúa
10. Lecturas Universitarias: De Tehotihuacan a los Aztecas. Fuentes e Interpretaciones históricas. Miguel León-Portilla, p. 159
11. ¿Dónde brotó el nopal con el aguilita? Armando Ramírez. Nueva guía del Centro Histórico
http://www.guiadelcentrohistorico.mx/blog/armando-ramirez/2110
12 Manuscrito anónimo del siglo XVI
13. Ciudad de México. Crónica de sus delegaciones. México: Gobierno del Distrito Federal, Secretaría de Educación del Distrito Federal, Consejo de la Crónica de la Ciudad de México AC, 2007. p. 252
14. ¿Dónde brotó el nopal con el aguilita? Armando Ramírez. Nueva guía del Centros Histórico
15. “El gran lago moribundo de Texcoco”, Revista EmeEquis No 306 (7/7/2013). Aníbal Santiago
16. Si lo quieren conocer, se encuentra en Avenida Arenal S/N. Entre Jaime Salvador Emiliano y Tezontle, Municipio de Chimalhuacan, Estado de México.
17. Ciudad de México. Crónica de sus delegaciones, p. 111
18. Desarrollo Urbano de México Tenochtitlan según las fuentes históricas. Lombardo de Ruiz, Sonia, p 119.
19. Op. Cit., p 125
20. La imagen fundacional de Tenochtitlan en seis siglos de memoria colectiva. Karina Moreno Rojas http://www.inah.gob.mx/reportajes/6465-la-imagen-fundacional-de-tenochtitlan-en-seis-siglos-de-memoria-colectiva
21. “Los aztecas y mexicas: Fundación de México Teenochtitlan” Alfredo, Chavero. P. 113
22. Desarrollo Urbano de México –Tenochtitlán según las fuentes históricas P. 127
23. “Historia sumaria de la Ciudad de México”. Jesús Galindo y Villa.
24. Alfonso Caso, “Los barrios antiguos de Tenochtitlan y Tlaltelolco”
25. “El barrio de La Merced: estudio para su regeneración integral” Ricardo Antonio Tena Núñez.
26. Op. ci
27. La imagen fundacional de Tenochtitlan en seis siglos de memoria colectiva. Karina Moreno Rojas
28. Como lo afirma el doctor Alfredo López Austin en su texto “El águila y la serpiente”, que se encuentra en el libro “La nación y sus mitos” compilado por Enrique Florescano. Sobre la imagen del águila devorando una serpiente López Austin habla de unas esculturas encontradas en la región del Totonacapan que son muy anteriores al siglo XIV, que es el de la fundación de la ciudad México Tenochtitlan; además s

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