David Cronenberg cumple años y lo celebramos con nuestras 10 películas favoritas del maestro del body horror.

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Hoy celebramos a uno de nuestros ídolos: al canadiense más irreverente, el director cambiante, el gran adaptador de ficciones imposibles, el maestro del horror corporal, David Cronenberg. Este enorme director tiene más de veinte películas desde que empezó su prolífica carrera a finales de los años 60 y es un ídolo en el cruzamiento del cine de culto y el cine de autor. Eso quiere decir que Cronenberg siempre se ha guiado por la libertad del cine independiente, de la estética camp, de la serie B, para transmitir obsesiones temáticas y estéticas únicas, terrores que sólo él conoce.

Sus obsesiones son claras desde su farolísima y maravillosa primera película experimental Stereo, hasta Map to the Stars. En todas sus creaciones vemos una recurrencia de la velocidad y el acero de los coches, el gusto por los fetiches de metal y la tecnología, por los chips y los teléfonos, las televisiones que se transforman y las computadoras que no existen, por la arquitectura estéril y el cuerpo fecundo, por las bacterias, la infestación, las tripas cambiantes y la separación para siempre olvidada entre el cuerpo y la mente.

Cronenberg rompió las barreras que definen la espacialidad, el interior y el exterior de nuestros cuerpos. Con Cronenberg, los humanos se convierten en larvas de edificios, en bacterias del planeta, en virus sociales. Con Cronenberg, el cuerpo a su vez se infesta y se infecta, se pudre y se transforma, desea y repugna. Con Cronenberg, lo que pensamos en abstracto, lo inmaterial e indecible, se convierte en realidad tangente y peligrosa. Con Cronenberg, finalmente, se creó un nuevo apartado para los espacios imaginados de la ciencia ficción y el horror ominoso.

Para festejar el 76 aniversario de este genio único, les dejamos una elección con nuestras 10 películas favoritas de su quehacer fílmico. Obviamente, ustedes verán que nos basamos más en nuestro gusto geek y que dejamos fuera su genial adaptación de Don Delillo, Cosmopolis y la belleza de Eastern Promises. También, como nuestra nostalgia lo indica, nos clavamos más en la época del creador que va desde finales de los años setenta, hasta principios de los dosmiles; una época de enorme creación que definió su cine más violento, radical y seriamente ñoño. Esperemos que este conteo les guste y que podamos, como siempre, seguir comentando los pilares culturales de este gusto nuestro, tan hermoso, tan repulsivo, tan nuestro.

10- Crash (1996)

Crash es una adaptación emblemática y polémica de la perturbadora obra de J.G. Ballard (High Rise). Joya noventera arriesgada, sin vergüenza, que ponía a un ídolo sexual como James Spader en el centro de una trama demente: un profesionista exitoso que tiene un matrimonio abierto lleno de cuentos eróticos descubre que sólo puede gozar alrededor de accidentes de coches. Esta película, junto a Dead Ringers (1988) y A Dangerous Method (2011), forma parte de las vivencias sexuales y realistas de Cronenberg. Aquí no hay elementos de ciencia ficción y el horror funciona más como extrañeza que como construcciones ominosas. En ese sentido, Crash muestra una faceta diferente de Cronenberg, una faceta de exploración del fetiche a través del cuerpo desnudo, mediado por aparatos quirúrgicos, sin las transformaciones grotescas de lo inhumano. Crash nos da al mismo Cronenberg obsesivo, pero mediado por la idea cyborg, más que por las excreciones pútridas y el crecimiento cancerígeno. Perturbadora, divisiva, sensual, única, Crash es un enorme recuerdo de la irreverencia eterna de este director.

9- Stereo (1969)

Incluimos a Stereo en nuestra lista porque es, a pesar de sus pretensiones desplazadas, una película encantadora. Filmada por un muy joven Cronenberg hace cincuenta años, Stereo es un ensayo torpe, estudiantil y limitado de las enormes posibilidades de un cineasta lleno de ideas. Sexualidad, futurismo, drogas y la capacidad telepática de afectar el cuerpo, en esta pequeña cinta de una hora está todo el cine futuro de Cronenberg. Y entre las líneas frías de una arquitectura indiferente, el cineasta logra colocarnos como los parásitos de otros cuerpos enormes, sociales, hechos de cemento… o de reglas opresivas.

8- Shivers (1975) / Rabid (1977)

Estas dos películas de la época canadiense de Cronenberg son el salto definitivo entre un cine mucho más experimental y cerebral a películas camp de indie extremo. Estas dos cintas no nada más son muchísimo más divertidas que las solemnes Stereo y Crimes of the Future, sino que muestran una liberación particular del director: a partir de aquí, el cuerpo abierto, mancillado, penetrado y transformado será el pilar que guiará su creación. Además, estas dos cintas forman el binomio de la infección de Cronenberg y se podría decir que son sus dos únicos acercamientos reales al cine de zombies.

En la maravillosa Shivers, un extraño parásito transforma a hombres, mujeres y niños (sí, es bastante perturbador), en zombies sexuales. Incontrolables de deseo, estos autómatas penetran y buscan ser penetrados para propagar una infección imparable. Junto a Black Hole de Charles Burns, tal vez ésta sea una de las más interesantes reflexiones pop sobre nuestra cultura sobresexualizada: aquí las enfermedades venéreas son, como la comunicación masiva, el intercambio corporal necesario del deseo furibundo, desprovisto de placer.

En Rabid, protagonizada por la famosísima actriz porno Marilyn Chambers, Cronenberg explora la dicotomía entre los órganos sexuales femeninos y masculinos. La protagonista de la cinta, después de un accidente y una serie de injertos experimentales desarrolla un nuevo orificio en su axila del cual brota un falo que chupa sangre. Con él, Rose se alimenta de pasantes desprevenidos y empieza a esparcir una temible infección zombie en Montreal. Su hambre insaciable la vuelve incapaz de reflexionar sobre sus penetraciones aleatorias y peligrosas… y, en un giro absolutamente pesimista, nadie podrá entender las razones de su mórbido apetito.

Entendiendo estos dos argumentos, ¿quién podría debatir que Cronenberg entendió, antes y mejor que nadie en la vasta cultura pop americana, los estragos que produciría el SIDA? Dos joyas totalmente dementes, reflexivas y profundamente divertidas.

7- Scanners (1981)

Scanners muestra perfectamente la obsesión de Cronenberg por traducir, físicamente, los poderes de la mente. A través de un score cuidado y del enorme talento de sus actores principales (sobre todo el del genial Michael Ironside), el director traduce el intangible poder de los “scanners”: seres humanos dotados con capacidades telequinéticas que pueden someter voluntades, desquiciar mentes y explotar, literalmente, cráneos. Toda la idea de esta cinta está en la perversidad de grandes compañías farmacéuticas y las posibilidades benévolas o perversas de cualquier avance científico. En esta cinta, Cronenberg libera a la mente y al cuerpo de la división cartesiana que los configuraba como dos espacios distintos para mostrar las conexiones que se tejen, junto al software y al hardware, entre lo tangible y lo abstracto. Una cinta mucho más compleja de lo que su trama parece admitir y que se juega como el duelo de dos cuerpos que se hablan sin mover los labios dentro de una cabeza gigante y hueca.

6- The Brood (1979)

The Brood es una película ejemplar, con una hermosa paleta de colores chillones y una construcción única de lo ominoso. Sólo Cronenberg puede lograr que una escena absolutamente normal de un patio de kinder con niños vestidos de impermeables se convierta en algo casi insoportable de ver. Aquí, los mínimos detalles irrumpen en la normalidad y convierten lo normal en peligroso y lo familiar en violento. Como una traducción genial de esta idea, The Brood habla de las materializaciones físicas de pulsiones psíquicas, de estados mentales, de miedos reales. Y es una de las más geniales demostraciones de los miedos analíticos de Cronenberg y su obsesión por la terapia. Una joya extraña de un horror ominoso único en su tipo.

5- Videodrome (1983)

Videodrome es una de las películas más filosóficamente comprometidas de Cronenberg. La cinta habla de una propagación infecciosa de imágenes, de la televisión tomando el lugar de la realidad, de los hombres trascendiendo un cuerpo endeble para convertirse en pura imágen. Como bien dijo Scott Bukatman, esta cinta es una anticipación de ciertos pensamientos de Baudrillard, una continuación hasta el ridículo de las especulaciones de Debord, una lectura obsesiva de Mcluhan. En todo esto, lo que vemos es el miedo de Cronenberg frente a las posibilidades infinitas de la imagen en su propagación constante por tantas y tantas pantallas. Y eran los ochenta y hablaba solamente de la televisión… En esta proliferación insostenible de imágenes, los peores sueños fascistas pueden encontrar un núcleo adoctrinador, una violencia única y el humano, también, podría encontrar su salvación. El camino es incierto porque, como le gustaba tanto hacer, Cronenberg nos deja un final incompleto, lleno de dudas, en una pantalla que ya no podemos ver, negra o luminosa, con la misma confianza pasiva.

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4- A History of Violence (2005)

Basada en la novela gráfica noventera de John Wagner y Vince Locke, A History of Violence es la única película de la nueva era ultrarrealista de Cronenberg que citaremos en esta lista. Y lo hacemos no nada más porque es una maravillosa adaptación de un cómic, sino porque es una de las mejores películas que ha hecho este director. Encabezada por las enormes actuaciones de Viggo Mortensen, Ed Harris y William Hurt, la cinta cuenta la historia de un hombre ejemplar, en un pequeño pueblo que, de pronto, despierta un pasado violento. Una cinta sobre las verdades ocultas, la supervivencia darwiniana y las fuerzas indomables de destrucción en los hombres. Increíblemente lúcida, con una violencia gráfica sin manierismos, sin coreografías y que muestra, como pocas veces en Hollywood, los horrores comunes de nuestra podrida humanidad.

3- The Dead Zone (1983)

The Dead Zone es una de las mejores adaptaciones de Stephen King que jamás se hayan hecho. Una película de increíble manufactura, efectos especiales impresionantes y actuaciones estelares de los míticos Christopher Walken y Martin Sheen. Una cinta preocupante en un mundo en el que, treinta años después, surgirán grandes líderes conservadores populistas que harían lo que sea para mantener el poder. Una cinta que, también, pone en juego la paradoja del asesinato de Hitler bebé con uno de los juegos más hermosos de viaje en el tiempo psíquico que jamás se hayan filmado. Profundamente ominosa, inquietante y políticamente profética, The Dead Zone es una cinta esencial de la filmografía de Cronenberg; una cinta que, hoy, más que nunca, debemos escuchar con detenimiento.

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2- The Fly (1986)

No hay mayor logro de body horror que la versión de The Fly de David Cronenberg. Terriblemente tierna, devastadora, repugnante, aterradora y genial, esta cinta expresa la paranoia del cuerpo en la exposición a los peligros tecnológicos. El hombre regresa a un estado primitivo en su deseo de trascender sus limitaciones espaciales. Y el cuerpo de un genial Jeff Goldblum se convierte en el escenario irreverente de nuestros miedos: ¿somos acaso más que insectos coprofágicos, voraces, parasitarios? Cronenberg, con todo su voraz darwinismo, seriamente, nos lo pregunta.

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1- Spider (2002)

Spider es una película de manufactura perfecta. Las actuaciones, el enorme guión que adaptó Patrick McGrath de su novela homónima, la dirección fría y brutal de Cronenberg, el diseño de producción brillante… Todo en esta cinta funciona, todo encaja, todo oprime y molesta. Spider es una experiencia dolorosa, desencantada, que muestra aspectos profundamente inquietantes del trauma, la enfermedad mental y la violencia. La historia interna de un asesino que teje, entre sus recuerdos la red para atrapar una mosca, o varias, o ninguna. La cinta más extraña de Cronenberg es, también, su más sombrío logro y, para nosotros, lo más álgido y bajo en su filmografía.

Mención aparte: Naked Lunch (1991)

No podíamos terminar una lista sobre Cronenberg sin citar una de sus más importantes e influyentes obras. Naked Lunch no es, simplemente, una adaptación de la obra maestra de William Burroughs, es una carta de amor a Burroughs, a su escritura paranoica, a su vida convulsa (que sí incluye el asesinato de una mujer en una imitación ebria de Guillermo Tell), a todas las relaciones íntimas que tiene el pensamiento del insigne junkie con el director canadiense. Naked Lunch es una de las más acertadas adaptaciones literarias al cine de la historia; y Cronenberg la hizo con un estilo propio y único que evitaba el morbo de las drogas para reemplazarlo con un amor sincero y sensible por la escritura de un maestro paria de la prosa norteamericana. Naked Lunch es una obra irrepetible que se cataloga aparte como un manifiesto tardío del pensamiento de Cronenberg. Un pensamiento que, aquí más que nunca, resulta fascinante y aterrador.

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