Campus Party México 2017 pizza guadalajara

Una crónica sobre las tradiciones de Campus Party México y el negocio de Little Caesars.

“¡Crucifíquenlo, crucifíquenlo!”, gritan al unísono las masas y fariseos que se amontonan alrededor de la figura de un nazareno entre filas de mesas blancas y espacios bien iluminados de la Expo Guadalajara. Invadido por el jolgorio, me abro paso entre la muchedumbre para llegar al centro de la acción; mi objetivo no es “salvar” al que con harapos va vestido, más bien quiero aventarlo mientras grito “¡Camina Nazareno!”, pero es imposible. El tropel está bien organizado en el caos y penetrar más allá de las filas exteriores es imposible.

De pronto, aparece una botarga de T-Rex quien sabe de dónde y se abalanza contra la multitud, todos jubilosos se abren a su paso y penetra al centro, detrás de ella tres vaquitas de Alpura la persiguen y comienzan a luchar mientras el grupo de jóvenes ruega por un sacrificio. La lucha comienza, las vaquitas tiran al dinosaurio al suelo y se lanzan sobre él. Lo patean. La gente grita a coro “¡Sacrificio, sacrificio!” mientras las botargas siguen peleando.

¡Ay, el caos! Así como el rey poeta Nezahualcóyotl amaba el canto del cenzontle, yo amo el caos. Es mi parte favorita de todo el universo (la segunda es la cerveza fría en los días calientes). Lo amo tanto que ante la duda siempre elijo el desmadre y que el Edgar del futuro se encargue de los problemas. Amo estar aquí, en este momento festivo. Porque una partecita de caos está naciendo y es hermoso verlo.

El nazareno detiene la pelea y dice algo que no alcanzo a escuchar. Debe ser algo muy sabio, porque todos vitorearon y comenzaron a correr a otro punto del enorme salón, donde comienzan a repetir toda la escena. Así es pues el poder del nazareno. Solo que este nazareno no fue enviado por un ente imaginario superior, es hijo de hombres y se hace llamar Yisus Campusero.

Así se vivió Campus Party México 2017
Yisus Campusero es toda una figura en Campus Party.

De hecho, su nombre es Roberto y desde que vio Jesucristo Superestrella gusta de vestirse como el salvador. “En aquel tiempo tenía el cabello largo y la barba larga y me dije ¿por qué no? Meses después vine a mi primer Campus, que fue el 6, y funcionó muy bien. Me llevé un buen sabor de boca de todos los campuseros, el año pasado igual. Y ahorita porque traigo peluca y casi no traigo barba, pero me ha ido muy bien”, me contó el día que me lo encontré en los pasillos del Campus Party en Guadalajara, Jalisco.

Yisus Campusero no es una mascota del evento ¡Que blasfemia! Su actuar es más parecida al de un maestro de ceremonias que preside el sacramento de una incipiente religión arduina. Es común encontrarlo en varios stands dirigiendo rifas, concursos, torneos y desmadres varios entre los jóvenes cargados de azúcares y carbohidratos que los sobrestimulan, y las largas filas de cibernautas que aprovechan la banda ancha del Campus para bajar la mayor cantidad de torrents posibles.

Pero, ¿cómo podemos hablar de una nueva religión si no consideramos la proporción divina sobre la cual debe guiarse? El tres veces grande Hermes Trismegisto lo sabía y nosotros lo sabemos. Antes de hablar injurias pensemos en que todo esto puede ser real y puede hacernos salvos a todos. Internet es nuestro dios, el caos de los hombres (representado por los seguidores de Yisus Campusero)… ¿y el espíritu?

No lo duden. Existe y es la representación de la armonía, la divinidad y la proporción. El espíritu tiene forma de triángulo y está custodiado por un papa, venido de Roma con escala en New York. Su mirada es altiva, su túnica perfecta; en su mano derecha sostiene una pica y su sien es coronada por olivos. El espíritu de estos jóvenes es la pizza de Little Caesars.

El espíritu del César

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En esta tierra de emprendedores que buscan la fortuna, ese pequeño romano abanderado con su pizza se ha vuelto maestro del bisne, del hacer su “agosto en junio”. Tiene a todo el mundo, literalmente, comiendo de su mano. Frente a las instalaciones en las que reside durante 5 días Campus Party se encuentra un local de Little Caesars: la tercera cadena de pizzas más grande en Estados Unidos y la primera de esta zona de la capital jalisciense. Su éxito se debe, a mi parecer, a varios factores.

El primero es que su principal competencia es Don Tortas, un restaurante de tortas ahogadas que está a un lado, y un OXXO que está a un par de cuadras. La segunda es que los negocios de comida están muy lejos del lugar o son muy caros. La tercera, y quizá la más importante, es que en Guadalajara son muy malos para hacer tacos al pastor (no se enojen, no es su culpa).

Desde las 10:30 de la mañana, hasta las 11 de la noche que cierra sus puertas, la fila del Little Caesars no disminuye. A veces se estira hacia un lado, a veces hacia el otro, pero siempre es larga.

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La fila del Little Caesars frente a Expo Guadalajara es larga a todas horas.

Así que sí, la pizza es el alma y estandarte de Campus. Negarlo es hipócrita, porque las pruebas están por todos lados. Una, dos, cinco, diez, y muchas más cajas naranjas se acumulan cual montañas por encima de mesas blancas, llenas de cables, placas, LEDs y microcontroladores. Igual que la gente se siente parte de marcas registradas como el “Guadalajara, Guadalajara” o el infame “CDMX” (que se pronuncia Sedemex), de esa forma es que los campuseros se sienten unidos por la pizza.

“Sí, representa el espíritu de Campus Party”, me comenta Zairam Gutiérrez. Él es de aquí, de Guadalajara, y ha venido a Campus Party porque considera que es una buena plataforma para que vean su trabajo de ilustrador y también para ver qué “están haciendo los demás”. Zairam está cambiando “calcas por likes” para su proyecto Rocketleaf, y entre las que ha creado en estos días se encuentra San Cesarín, Patrono Campusero, una versión libre del famoso romano que sirve de mascota a Little Caesars.

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Zairam Gutiérrez le rinde tributo al espíritu de Campus con calcomanias.

“Porque creemos que Little Caesars ya se volvió un icono de Campus Party. Es lo primero que uno reconoce al pasar (para llegar al evento)”, dice Zairam y como él muchos otros también lo piensan. Uno de ellos es Daniel Ochoa, un diseñador industrial de la Ciudad de México que también está muy metido en la ilustración. “Cada año que he venido me he dado cuenta que es como la tradición, Little Caesars hace su agosto con todos los campuseros. ¡Te atascas de pizza diario! ¡Pizzas y Maruchan!”, comenta.

Daniel piensa –como la gran mayoría– que en secreto la pizzería patrocina el evento. Este rumor al pasar de los años se ha convertido en un chiste local y por ello este 2017 decidió crear su propio concepto “I feel the pizza”, una versión diferente a la de Zairam sobre el logo comercial. “Siento que es una representación del evento. Que cualquier campusero de corazón que vea el ‘I feel the pizza’ se ríe un poco porque dice: ‘es cierto’. Cualquier campusero que vaya a venir ya está predestinado a que va a comer pizza todos los días”.

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El ícono de Little Caesars también adorna camisetas en Campus Party.

“Acá todo mundo compra en Little Caesars y ya es como una tradición –me cuenta Edson Israel saliendo de la pizzería. Yo pienso que la gente empezó a venir, para empezar porque es la primera que estaba a la vista ¿no?, luego, es una pizza muy rica”. Él y su amigo Alan García hicieron fila por 15 minutos para comparar su comida y parecen muy felices, no como yo, que nunca he sido fan de estas pizzas, pero ellos que viajaron 3 horas desde Lagos de Moreno para venir al Campus y quedarse todas las noches piensan diferente porque “en Lagos de Moreno no hay Little Caesars”, afirman al unísono.

Ay, cómo me gustaría estar comiendo en Lagos de Moreno. Seguro allá venden unos tacos de suadero bien sabrosos y hasta me puedo encontrar a Carmelo Reyes “Cien Caras” o a sus hermanos luchadores. Pero no estamos allá, estamos acá en Guadalajara y aquí lo que se come es Pizza. De dos días que lleva el evento, Edson y Alan han comido dos veces en Little Caesars. “Porque es la típica de Campus y porque está muy rica”, dice Alan.

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En Campus hay lugar para todos

Evidentemente existen otras opciones para comer y no tener que caminar, gracias a las aplicaciones. Afuera de la Expo Guadalajara los conductores de Rappi, Uber Eats y negocios locales esperan ansiosos como preparatorianos que anda con una chava de secundaria. Los ojos les brillan, la frente les suda.

Hablé con varios para saber cómo andaba el negocio (era sábado a las 3 de la tarde) y aunque todos me dijeron que habían tenido muchos pedidos, ninguno quiso darme una entrevista formal. Todos menos uno, Ernesto Castañón, un entusiasta trabajador de Rappi y Uber Eats. Sí, trabaja para las dos.

Normalmente, Ernesto reparte comida en la zona de Providencia, pero como no había mucho movimiento decidió venir a la mera mata de los pedidos. “La verdad es que están cayendo muchísimos. Lo que más están pidiendo son hamburguesas de Burger King”, me explica sin bajarse de su bici. El Burger King más cercano está frente al monumento de la Minerva, a tres kilómetros del Centro de Convenciones. Para la hora en la que le hago la entrevista, él llevaba ya 19 viajes, todos al Burger King.

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Afuera de la Expo Guadalajara los conductores de Rappi, Uber Eats y negocios locales esperan ansiosos a los campuseros.

El repartidor se ve cansado y no es para menos. Si hacemos la cuenta de 19 viajes de 3 kilómetros cada uno y le sumamos el regreso, también estaríamos cansados (son 114 kilómetros). “Digamos que en un buen día hago como unos 13 o 14 (pedidos) en Providencia, y en esta zona se hacen unos 10 a lo mucho en todo el día”, me explica el repartidor, que está feliz porque hoy lleva el doble de pedidos en la mitad de una jornada laboral. “Le voy a parar como a las 8 (de la noche), más o menos. Ósea, todavía me falta, pero es que ahorita está muy bien el trabajo aquí. Están dando muy buena propina y todo”.

La gente que pide comida por aplicación es porque no pretende hacer la fila del Little Caesars y no quiere arriesgarse a comer en los tres puestos de chucherías que están en la acera de enfrente al Campus (dulces, fruta y un carrito de tortas ahogadas), o con los oportunistas (las pizzerías locales). Por 80 pesos puedes llevarte en tus manos una pizza proveniente de alguno de los restaurantes locales sin hacer filas, y con una sonrisa mucho más amplia que la que te pueden ofrecer en Little Caesars.

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Tratando de hacer más redonda esta historia, pensé que sería buena idea entrevistar al gerente de Little Caesars, pero no pude pasar ni de la puerta. La cosa fue más o menos así: Llegue al local tomando algunas fotos de la fila para que vieran que era reportero, me acerqué a la puerta, tenían una empleada chaparrita y enojona (como casi todos los chaparros que conozco). “Hola, oye vengo de Código Espagueti y me gustaría hablar con el gerente sobre la popularidad de sus pizzas”,“¿Qué?”, respondió ella, “¿Que vengo de…?”,“A ver, déjame ver si te puede atender”, me dijo muy seca y se fue rápido. Entró por una puerta y 15 segundos después –los conté– salió y me dijo: “Está muy ocupado, no te puede atender”. Le pregunté si sabían como cuántas pizzas estaban vendiendo diariamente y me respondió “Estoy muy ocupada, ahorita no te puedo atender”, y remató con un “Ven cuando cerremos”. Y eso fue todo.

El llamado de la torre

De todas las conferencias, invitados, talleres, pláticas y demás actividades que hay en Campus Party es quizás la torre de pizzas la más esperada por todos los campuseros, aquellos que han pagado su derecho a permanecer las 24 horas del día dentro de las instalaciones. Muchos son los que se adjudican su creación, pero no hay un registro real de alguien que diga “yo la inicié” y otro que sostenga esa afirmación.

La explicación más lógica es que el evento nació por generación espontánea, como una evolución natural que se da de la unión entre el caos y la pizza. “Al final como todos compraban pizzas sobraban muchas cajas y a alguien se le ocurrió apilar cajas y así nació la famosa torre de cajas de pizza en la noche”, me dijo uno de los chicos de Lagos de Moreno que topé en la fila del Little Caesars.

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La torre de pizzas es una de las actividades más esperadas por todos los campuseros.

En la construcción de la torre de caja de pizzas participa todo el mundo que quiera pertenecer a la comunidad. El evento consiste en que todos van guardando las cajas de pizza que se comen y al final las apilan una sobre otra en perfecto orden. La torre se alza y llega tan alto como el equilibrio y la cantidad de cajas que se agreguen lo permite, mientras un torbellino de adolescentes corre alrededor de ella.

Daniel Ochoa me contó que “regularmente la torre de pizza la hacen el viernes y el sábado” que es cuando se acumulan más cajas.” Este año la hicieron el viernes y fue más pequeña porque no había tantas cajas”.

¿Compras muchas pizzas en Little Caesars? “¡Vas a creer que sí! –modismo de Guadalajara que significa ‘sí’–, pero no pensaba hacer tanta fila, pero como el hambre es caraja”, responde Oscar Sierra, quien hizo una fila de 15 minutos para obtener su pizza y viene por primera vez al Campus, invitado por su hermano. “Compré porque todos lo hacen ¿no?, porque todos hacen la dinámica en las noches que hacen la torre y porque la caja esta bonita”. Él nunca ha visto la torre, porque no tiene camping (o sea, no puede quedarse toda la noche) pero ha visto videos en Facebook. La palabra está difundiéndose.

Campus de Noche

Desgraciadamente me perdí la torre del viernes, así que el sábado decidí no irme hasta que hicieran una. A las 11 de la noche, Campus Party tiene más vida que en el día. Por aquí y por allá, entre los pasillos, sobre las mesas y debajo de ellas se organizan torneos Jedi, concursos de karaoke, de baile, de cantar el himno nacional, transmisiones en vivo, carreras al estilo Naruto, muestras de cine clandestinas, venta de mercancía, rifas, albures y trueques. No siempre son legales, pero siempre son con la mejor intención. “Aquí nos quedamos toda la noche. He visto cosas que no se pueden explicar. Ayer ví una carrera de tacones ¡No sé por qué! A veces se ponen a cantar o a bailar”, cuenta con risa nerviosa Zairam.

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Ya entrada la noche, las actividades en Campus son organizadas por los propios campuseros.

En la noche, cuando el hambre más aprieta la comunidad se siente más sólida, pues aquél que tiene más, siempre apoya al que tiene menos a través del trueque. En las noches de Campus Party, la moneda oficial es el sticker. A cambio de una calca chida o de cumplir algún reto algunos grupos ofrecen comida –normalmente una sopa Maruchan, galletas o más pizza– a los que ya no traen mucho dinero para seguir sobreviviendo en el Campus. Después de todo es lo que hace la comunidad.

“La noche es lo mejor que puedes pasar en Campus. Es no dormir, sí. ¡Pero pues tienes todo el resto del año para dormir! Porque esos días son para desvelarte. Es algo que no te imaginas y que dices ‘¡Vaya! ¿De dónde sacan tarta energía?’ y pon tú un día, ¿pero cuatro?”, me cuenta un exaltado David Flores. Él es de Toluca y estudia Sistemas en el Instituto Tecnológico de esa ciudad. Allí conoció a sus amigos Luis Enrique Fernández y Jesús Rosas, de Veracruz y la Ciudad de México respectivamente.

Este trío llegó a instalarse al Campus Party desde el primer día e hicieron suya la zona que habitan. Me cuentan que de viernes para sábado durmieron solo 4 horas y el domingo ya se acerca y no se ve que tengan mucho sueño. Solo el chilango cabecea un poco. “La verdad es que si terminas bien agotado, pero vale la pena”, dice Jesús y el cansancio se le refleja en las ojeras. Sus otros dos compañeros lo bulean porque ya se quiere dormir y para ellos la vida acaba de comenzar de nuevo. “Ahora nos llaman La Horda Campusera”, afirma Luis Enrique.

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En su mesa pusieron una cajita para pedir recursos, pero como acá el dinero no se mueve mucho terminó siendo un altar en el que les han puesto stickers, condones y dulces. “Una chava llegó y puso todas las fotos de sus ex novios que traía en la cartera”, cuenta el trío, quienes esperan que pase La Horda Campusera para seguirla.

La torre con cajas de pizza nunca llegó mientras la esperaba el sábado, y tampoco llegó el domingo. El equipo de vigilancia del Centro de Convenciones lleva días nervioso, por las actividades de la Horda Campusera y han decidido confiscar todas las cajas de pizza que encontraron.

Ni modo. Me lo perdí este año, porque de una cosa estoy muy seguro: Pueden confiscar el cartón, pero no las tradiciones y el año que entra la torre volverá y será más grande. ¡TORRE DE CAJAS DE PIZZA POR SIEMPRE PRRRRO!

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