Se cumplen 100 años del nacimiento de Will Eisner, el mejor artista de cómics de todos los tiempos.

A mediados de los años treinta, un joven dibujante se encontraba en un bar bohemio de Nueva York, lleno de artistas de lo más variado, desde pintores hasta músicos de jazz. Con su copa en mano, disfrutaba la música que tocaban, cuando, de improviso, lo abordó una guapa joven que buscaba divertirse. “¿Y tú qué haces?”, le preguntó la chica con un dejo de entusiasmo, interesada por la apariencia del muchacho, que tenía toda la pinta de ser uno más de esos curiosos bohemios. “Dibujo cómics”, respondió el joven, orgulloso de su profesión. Como era de esperarse, la chica solamente carraspeó un poco y, después de dedicarle una mirada de desprecio, se alejó de él sin despedirse. Se trataba de William Erwin Eisner, uno de los pocos dibujantes de cómics que no se avergonzaba de confesar su oficio durante el inicio de una industria que, en la actualidad, genera millones de dólares, cuenta con fans en todo el mundo y, finalmente, es vista con respeto. En buena parte, por lo menos esto último, se debe al genial Will Eisner.

Un espíritu creativo

Eisner contó parte de sus inicios en el medio del cómic en The Dreamer.

“A Will Eisner le gustaba discutir. No hay otra forma de describirlo: Se trataba de Nueva York, Se trataba de editar, y eso nos lleva a los judíos. Y a los judíos les encanta discutir. Hasta donde yo se, los judíos inventaron los cómics… él era el único autor de cómics judío que no cambió su nombre en la Era de Oro de los cómics”, Frank Miller sobre Will Eisner.

Will Eisner nació el 6 de marzo de 1917 en Brooklyn, Nueva York, hijo de padres judíos que emigraron a Estados Unidos para huir de la Primera Guerra Mundial. Shmuel Eisner, el padre de Will, era un fanático de la pintura, y de hecho intentó ser un artista en su natal Austria-Hungría. En Estados Unidos tuvo que conformarse con dibujar los escenarios de las obras de teatro de la comunidad judía, obteniendo de su trabajo un sueldo muy bajo. Él fue el responsable de inculcarle a su hijo el amor por el arte, ante los constantes reclamos de Fannie, la madre de Will, que pensaba que el arte no era una buena forma de ganarse la vida.

Will fue un entusiasta del dibujo desde su juventud, teniendo gran admiración por dos pintores mexicanos que tenían un estilo “cómico y exagerado”: Diego Rivera y José Clemente Orozco. A la par, se hizo fan de las revistas pulp y del cine, siendo un gran aficionado de las películas dadaístas de Man Ray.

“Un buen dibujo es tomar una cosa, sea un ser humano o algo que se mueve, y capturar los momentos de ese fluir constante de ese algo y seleccionar de ese fluir los elementos, los momentos, que cuenten la historia de ese todo”, Will Eisner.

Durante su paso por la DeWitt Clinton High School, donde se hizo amigo de Bob Kane (el co-creador de Batman), Eisner comenzó a dar muestras de su talento como dibujante, realizando cartones para el periódico escolar, la revista de literatura de la prepa y el anuario. Después de graduarse, estudió un año en la Art Students League of New York, donde perfeccionó su estilo, y logró tener varios contactos que le permitieron comenzar a dibujar profesionalmente en algunas revistas pulp.

En 1936, por sugerencia de su amigo Bob Kane, Eisner llevó muestras de su trabajo al editor de Jerry Iger, quien comenzó a publicarlo en la revista humorística Wow, What a Magazine! Eisner se volvió un habitual de la revista, que sólo duró 4 números, y posteriormente se asoció con Iger para realizar historias que luego revendían a otras editoriales y periódicos. Con esto, Eisner logró algo que antes le parecía imposible, vivir de lo que amaba: hacer cómics.

The Spirit

The Spirit es considerado como “el Ciudadano Kane” de los cómics.

“Para mí el personaje de Spirit nunca fue lo principal. Para mí la historia era lo principal. Con The Spirit fue la primera ocasión en mi carrera que tuve acceso a una audiencia adulta. Porque yo pensaba en ese entonces, casi religiosamente, que los cómics eran una forma de literatura, y que yo iba a dedicar mi vida a ellos”, Will Eisner sobre The Spirit.

Cuando el estudio de Iger y Eisner se consolidó como un éxito, atrajo a jóvenes aspirantes a dibujantes, incluyendo a Bob Kane y Jack Kirby, así como a unos jovencísimos Joe Shuster y Jerry Sigel, que intentaron venderle un personaje: Superman. Sin embargo, a Eisner le pareció una idea ridícula y rechazó la propuesta, algo que recordaría con mucho humor en los años por venir.

La creatividad de Eisner no se quedaba quieta realizando dibujos e historias infantiles. A finales de los años treinta, cuando Superman era la estrella del medio, Everett M. “Busy” Arnold, editor de Quality Comics, se acercó a Eisner solicitando un héroe similar a los que estaban de moda, que tendría como mayor atractivo salir semanalmente dentro de las páginas del diario Sunday Newspapers, que dedicaría 7 páginas a las historias del nuevo héroe.

Eisner se entusiasmó, debido a que finalmente llegaría a un periódico de gran demanda, algo que permitiría que su trabajo fuera apreciado por un público adulto. Por si fuera poco, exigió que, para firmar el contrato, todos los derechos del personaje fueran de su propiedad, algo casi insólito en el medio. De inmediato se puso manos a la obra para diseñar a The Spirit, el alias del detective Denny Colt, quien sorpresivamente muere en la tercera página de su primera aparición… o eso parece. Debido a que descubrimos que en realidad fingió su muerte, solo para convertirse en un justiciero que, enfundado en una gabardina y un sombrero azul, combate al crimen del bajo mundo neoyorkino. Busy Arnold puso como única condición para publicar a The Spirit que Eisner le pusiera una capucha, para acercarlo a los superhéroes de entonces. Después de una dura negociación, Eisner aceptó dibujarle un antifaz, dando forma al héroe que todos conocemos.

“La atmósfera y el entorno son tremendamente importantes a la hora de contar una historia. La única manera de llegar a tu lector es haciendo referencia a algo que él pueda sentir. Yo aprendí pronto que todos los lectores saben qué se siente cuando llueve. Todos saben qué es el calor, qué es el frío. Y todos los lectores saben que hay cositas que nos molestan, como las moscas. Y esas son herramientas que están a la mano de todo dibujante”, Will Eisner.

A diferencia de los superhéroes de la época, Spirit es un ser humano común, sin super poderes o gadgets fantásticos, ni una inteligencia por encima del promedio; era, en pocas palabras, sólo un tipo duro de Nueva York, al que su autor definía como “un luchador contra el crimen de la clase media”. Pero, más allá del personaje, lo más interesante son las historias en las que Eisner mete al personaje: aventuras llenas de comedia, romance, crítica social, pero, sobre todo, experimentos narrativos que le daban una frescura nunca antes vista en un cómic.

El éxito del cómic fue inmediato, en poco tiempo se publicaba en 20 diferentes periódicos de Estados Unidos, alcanzando a más de 5 millones de lectores. Lamentablemente la Segunda Guerra Mundial se interpuso entre Eisner y su personaje. En 1942 fue reclutado por el ejército de Estados Unidos, tuvo que abandonar la empresa que creó junto a Iger (vendiendo su parte a su socio por un precio ridículo) y dejar The Spirit a cargo de otros creativos. Al regreso de la guerra retomó a su personaje, realizando varias historias con él hasta 1952, cuando dejaron de publicarse las aventuras del bienhechor enmascarado. En ese entonces Eisner se retiró de los cómics comerciales, y se refugió en las publicaciones educativas durante dos décadas.

El padre de las novelas gráficas

Eisner es considerado el padre de la novela gráfica.

“Las historias que cuento están basadas en verdades que creo deben ser contadas. Supongo que hago la labor de un reportero que plantea una actitud diferente a la que muestran los demás cómics que se hacen. La mayoría de los argumentos de los cómics que se escriben hoy en día están basados en una idea muy simple: persecución y venganza, yo hago algo diferente.” Will Eisner.

Después de estar 25 años retirado del medio de los cómics, Eisner lanzó en 1978 A Contract with God, un libro en gran formato que narra trágicos episodios de la vida de 4 neoyorkinos durante la Gran Depresión. Se trata de un melodrama con un tono adulto, contado con dibujos de gran calidad que –sobre todo en los primeros planos– expresan por sí mismos los sentimientos de los personajes. Lo más interesante de la obra es que, Eisner la pensó desde un inicio como un cómic dirigido a un publico adulto. Por eso evitó publicar su obra en alguna editorial de cómics, y busco sellos editoriales que publicaban novelas.

La obra tuvo una enorme repercusión y se considera la primera novela gráfica de todos los tiempos (algo que se ha debatido, pero es innegable que marcó toda una tendencia en el cómic americano). A Contract with God mostró que el medio no era exclusivo de los adolescentes y los fanáticos de los superhéroes, sino que tenía características propias que podían ser atractivas para cualquier tipo de público, sin importar lo sofisticado que fuera. Además, influenció de enorme forma a autores hoy consagrados, como Frank Miller, Alan Moore o Neil Gaiman.

A Contract with God también marcó el trabajo de los años por venir de Eisner, que se dedicó a realizar profundas historias de la comunidad judía (incluyendo relatos semi-autobiográficos) y de diferentes grupos de inmigrantes que viven en Nueva York, en sus novelas gráficas posteriores. El mayor reconocimiento para Eisner se dio en 1988, cuando la comunidad de autores de historietas decidió nombrar en su honor al premio más importante de la industria del cómic anglosajón.

Eisner en México

Eisner en México al lado del gran Sixto Valencia, el dibujante de Memín Pinguín.

“Nunca he tenido la oportunidad de describirme a mi mismo, se que hablo de cosas que interesan a unos pocos. No soy tan consiente de lo que interesa a la gente de hoy… o puede que sí sea consiente de qué les interesa, pero no quiero hacer esas cosas”, Will Eisner.

Eisner siempre afirmó ser un enamorado de los cómics, y por eso pretendía contar historias serias y adultas usando los medios propios de la narrativa gráfica y el arte secuencial, como bautizó al medio intentando mostrar que era mucho más que un entretenimiento infantil. Por eso, en 1999, un Will Eisner de 82 años, se atrevió a sugerir al público reunido en el Centro Médico Siglo XXI de la Ciudad de México, durante la CONQUE, que los autores nacionales debían de dejar de pensar que los cómics solamente eran aventuras de superhéroes, y comenzar a ver las historias que ocurrían todo el tiempo a su alrededor.

“Están imitando a los artistas estadounidenses, el mundo no necesita un superhéroe mexicano, un superhéroe francés, en realidad ya no necesitamos superhéroes. Lo que necesitamos de los artistas y caricaturistas mexicanos, y lo digo en serio, es historias mexicanas, esas que rompan las cadenas de lo mexicano. Cuéntenme historias de estas mujeres que traen a sus hijos sobre las espaldas, o de los niños que limpian los parabrisas en cada alto de la ciudad. Tienen historias que contarme sobre México, cuéntenme esas historias, yo llevo años contando historias sobre Nueva York, ustedes tienen grandes historias en la Ciudad de México. Veo a tantos buenos artistas mexicanos atrapados en la idea de que deben de crear otro superhéroe. Entiendo la necesidad de vivir, de comer, de darle al editor lo que quiere, no hay ninguna vergüenza en hacer eso, pero deben de guardarse suficiente tiempo para romper con eso, para salir de eso”, dijo Eisner durante su visita en México.

El consejo de Eisner llegó cuando la mayoría de los autores nacionales se peleaban por lanzar a un héroe nacional, como el efectivo Ultrapato, el divertido Cerdotado o el penoso grupo de héroes Cinacros. Afortunadamente, a casi dos décadas de la visita de Eisner, el talento local finalmente está tomando en cuenta el consejo de Eisner. Actualmente los trabajos más propositivos, como la genial La Devoradora, surgen de las experiencias reales y locales de los autores, dejando de lado la imitación de los cómics mainstream de Estados Unidos.

El legado

En México, La Prensa y Novaro publicaron El Spirit.

Eisner recordaba que, cuando ingresó al medio del cómic, a la mayoría de los autores les daba pena confesar que trabajaban dibujando historietas; hoy, muchos de ellos son auténticos rockstars. A él siempre le dio orgullo trabajar en la industria, a la que siempre consideró un arte, y a los autores artistas por derecho propio. Por eso, aunque no era la mejor forma de conseguir pareja, nunca le dio pena presentarse como un dibujante de cómics, un medio que le permitió contar las historias que quería relatar, protagonizadas por hombres y mujeres comunes.

El mítico autor dedicó los últimos años de su vida intentando que el medio fuera respetado, lanzando libros donde exploraba “el arte secuencial”, y publicando una novela gráfica al año. De hecho, es casi indudable que las obras de autores como Art Spiegelman o Marjane Satrapi no habrían logrado tanta repercusión sin el impulso que realizó Eisner para lograr que los cómics fueran apreciadas por un público diferente al que normalmente lee historietas.

En ese sentido, él fue el mejor ejemplo de “héroe de la clase media”, como definía a The Spirit.

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