El horario de verano ha existido desde hace mucho tiempo, pero su implementación en México tiene poco menos de un cuarto de siglo.

Todo empezó en 1784 con Benjamin Franklin. En aquel tiempo Benjamin era embajador de Estados Unidos en Francia y decidió enviar una carta al diario Le Journal de París donde exponía algunas medidas para el ahorro de energía.

Según National Geographic y el libro Seize the Daylight: The Curious and Contentious Story of Daylight Saving Time de David Prearu, Franklin notó que se había despertado en varias ocasiones a las 6 de la mañana y había descubierto que el sol iluminaba la ciudad antes de lo acostumbrado. Así, el célebre político estadounidense consideró que era posible ahorrar una cantidad considerable del aceite usado en las lámparas, si las personas se levantaban más temprano y aprovechaban la luz natural para realizar sus tareas.

Tal vez, la propuesta de Benjamin Franklin puede parecer una locura, pero era el siglo XVIII y todavía faltaban muchos años para que la luz eléctrica fuera una cosa común en los hogares de todo el mundo. Entre las medidas que Franklin había propuesto se encontraban:

  1. Imponer impuestos a las personas cuyos postigos (contraventanas) impidieran la entrada de luz solar en las habitaciones.
  2. Regular el consumo de cera y velas.
  3. Hacer repicar las campanas de la iglesia al amanecer para que todo el mundo se levantase a la misma hora.

Al principio, todos pensaron que Benjamin no sabía lo que estaba diciendo. Pero se olvidaban que años atrás él mismo había elevado una cometa en medio de una tormenta para descubrir así la conducción eléctrica. Y es que el apodado “The First American” también era un prolífico científico, cuyo mayor trabajo tiene por nombre Experimentos y observaciones sobre la electricidad… lo que debería darnos ya una idea de todo el asunto.

Benjamin Franklin y su famoso experimento.

Al final, con el paso del tiempo, la sociedad empezó a implementar las propuestas de Franklin sobre la economía energética, hasta que se llegó a la conclusión de que lo más conveniente era cambiar la hora durante el verano, que es cuando los días son más largos debido a la inclinación de la Tierra.

Pero fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando el cambio de horario alcanzó proporciones considerables. Por ejemplo, Alemania fue el primer país en aprobar el cambio de hora para disminuir las horas de luz artificial con la finalidad de ahorrar el carbón que podía utilizarse para la guerra. Al poco tiempo, países aliados y enemigos comenzaron a integrar la misma medida.

Al finalizar la guerra  en 1918, Estados Unidos dio por concluido el horario de verano, pero durante la Segunda Guerra Mundial el país norteamericano obligó a todos los estados a utilizar el horario de verano para el ahorro de energía y, nuevamente, economizar recursos para usarlos en el campo de batalla.

La utilización del horario de verano fue fundamental durante la Segunda Guerra Mundial, ya que la energía ahorrada se destinaba a la creación de armamento. (Foto: Getty Images)

Así, el horario de verano era un recurso que los países utilizaban cada vez que lo sentían conveniente. Y Estados Unidos lo volvió a utilizar durante la crisis del petróleo provocada por el embargo árabe en 1973 y 1974.

Tuvieron que pasar 30 años para que, finalmente, en 2005 el país del norte promulgara una ley política energética que obligaba a extender el horario de verano a partir de 2007. Hoy en día son más de 75 países los que aplican el horario de verano.

México y el horario de verano

Corría el año de 1988 cuando el horario de verano se aplicó por primera vez en varios estados de México. Eran los últimos días de Miguel de la Madrid como presidente, cuando el sistema electoral se cayó repentinamente para reactivarse poco después con Carlos Salinas de Gortari encabezando las votaciones. Durante ese agitado año electoral, los estados de Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas aplicaron el cambio de horario a modo de prueba, para derogarlo un año después. Pero otros estados como Baja California ya lo aplicaban de forma continua desde 1976 y Yucatán desde 1981.

Fue hasta 1996 cuando, durante el mandato de Ernesto Zedillo Ponce de León, el horario de verano se extendió a toda la República Mexicana. Y desde entonces ha tenido algunas variantes. Por ejemplo, en el 2001 se intento experimentar con un horario de verano de cinco meses que comprendía desde el primer domingo de mayo hasta el último domingo de septiembre, pero en 2002 se retomó el horario de verano de siete meses que abarca desde el primer domingo de abril hasta el último domingo de octubre.

¿Realmente funciona?

Algunos estudios recientes sugieren que durante el horario de verano no se ahorra energía y que incluso se pueden provocar pérdidas. Y es que si bien hay un ahorro durante la noche, la energía se gasta durante la mañana en las horas de oscuridad antes de que amanezca. Sin embargo, todo parece indicar que los ahorros de energía son más o menos significativos dependiendo la zona. Por ejemplo, en los lugares calurosos, si bien la gente consigue llegar con luz de día a su casa, prenden el aire acondicionado debido a que sigue haciendo calor.

En el caso de México, los números del FIDE (Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica) revelaron que con la aplicación del horario de verano en 2017 se alcanzó un ahorro estimado de 899.754 GigaWatts-hora en el consumo de energía eléctrica, lo que representa –aproximadamente– el abastecimiento de 563 mil casas habitación durante todo el año, suponiendo que consuman 266 kilowatts-hora bimestralmente. Además, se evitó la emisión de 408 mil toneladas de bióxido de carbono.

Curiosamente, la Cámara de Diputados tiene una lista de los beneficios y las desventajas del horario de verano:

Ventajas

  • Aprovechamiento de la luz natural.
  • Ahorro de energía en el consumo de energía eléctrica.
  • Reducción en la emisión de contaminantes en las zonas de generación de energía eléctrica.

Desventajas

  • Afectaciones negativas en la salud.
  • Afectaciones negativas en las actividades escolares.
  • Impacto negativo en las actividades económicas.
  • Incremento de la inseguridad pública por las mañanas.
  • Ahorro económico no percibido en la factura eléctrica de los usuarios.

Luego de leer la lista de ventajas y desventajas resulta difícil entender por qué seguimos manteniendo este horario si “nuestros representantes” consideran que tiene más repercusiones que beneficios. Desafortunadamente, nos guste o no, por ahora tendremos que continuar adelantando y atrasando nuestros relojes cada año.

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