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El fin de semana falleció uno de los más grandes directores de terror a los 76 años: Wes Craven.

Responsable de películas icónicas en los años setenta y ochenta, Wes Craven nos dejó un memorable legado en el que se incluye la terriblemente violenta The Last House on the Left (1972), la inquietante The Hills Have Eyes (1977), el nacimiento de Freddy Krueger con A Nightmare on Elm Street (1984), la alucinante The Serpent and the Rainbow (1988), People Under the Stairs (1991) y, finalmente, ese logro generacional que fue Scream (1996). Para recordar su legado recuperamos una nota que curó en The Daily Beast en donde habló brevemente sobre sus diez películas favoritas de terror.

En esta increíble selección encontramos muchas de las obsesiones del director americano: la locura, el asesinato, la violencia explícita e implícita, la pérdida de la inocencia, la crueldad infantil, los miedos del inconsciente y la latente sexualidad colérica del ser humano. Sorpresivamente, Craven nació en una familia católica que le prohibía el cine por ser cosa del diablo. Y bueno, finalmente este hijo de hogar conservador creció para darle a la pantalla grande la máxima crueldad, la máxima maldad, más allá de satanás, con la violencia del hombre contra el hombre. Así que dejemos hablar al difunto Craven para que sus palabras, como sus creaciones, vivan por siempre:

“Escogí películas que son de una era en la que en verdad empecé a ver películas y me enamoré del cine. No veía muchas películas de niño porque mi familia pertenecía a una iglesia que no creía que las películas fueran una cosa buena –incluso pensaban que eran la obra del diablo– así que no vi muchas películas hasta que salí de la preparatoria. Había un cine de arte en el pueblo al norte del estado en Nueva York en donde empecé a dar clases y fui a todas las películas que se estrenaron ahí.”

Don’t Look Now (1978)

Esta enorme película sobre el dolor parental frente a la pérdida de un hijo está protagonizada por Donald Sutherland y Julie Christie en sus mejores épocas. La cinta fascinó a Wes Craven por la sencillez con que lograba cultivar el horror sin la necesidad de mostrar violencia gráfica. Y sí, mucho antes de que lo hiciera Shyamalan, esta película logró una constante sensación ominosa con el uso del color rojo, la repetición de motivos y una excelente edición de sonido. Así la describió Craven:

“Ésta fue una de esas películas que, al mismo tiempo, me intrigaron y me espantaron, además de que estaba viendo una cinta que es, en sí misma, una obra de arte completamente emotiva. Hay varias escenas en las que los padres ven de reojo a su pequeña hija desaparecida –usando el mismo impermeable que tenía puesto al momento de desaparecer– saliendo del fondo de un pasadizo oscuro en Venecia. La sensación de que la niña es un fantasma o de que está torturándolos con su presencia al desaparecer me parece un hermoso ejemplo (aunque no lo seguí) de cómo espantar sin mostrar nada de sangre.”

Blow-Up (1966)

Craven también tuvo palabras elogiosas para la obra maestra de Antonioni basada libremente en el intrigante cuento Las Babas del Diablo de Julio Cortázar. Esta película llena de suspenso, intriga y un desbordante erotismo cuenta la historia de un fotógrafo que piensa haber captado un asesinato, sin querer, con su cámara. Al agrandar la foto, comienza a rascar la superficie de la realidad y a hacer manifiesto el detalle ominoso que se esconde detrás de unos arbustos… Para Craven, ésta fue una inspiración directa para realizar uno de sus más grandes y recordados delirios fílmicos:

“Es una película construida con maestría, con una bellísima fotografía, una película prácticamente surrealista de amenaza y fatalidad –de nuevo, sin saber muy bien lo que pasó antes ni lo que va a pasar después–. Aunque no hice películas de corte tan artístico, éstas fueron las cintas que verdaderamente me inspiraron a tomarme la libertad de lo que hice, por ejemplo, en A Nightmare on Elm Street, en donde pude poner todas estas visiones macabras en una forma que sólo me permitía la naturaleza misma del cine.”

Psycho (1960)

La icónica película de Hitchcock representa, aún ahora, un hito para el cine de terror contemporáneo. La música estridente, las perfectas actuaciones y la edición oportuna hicieron que esta cinta lograra espantar tanto a la gente que se salían en tropel de las salas de cine. Como una adaptación visionaria por la que nadie daba un peso, Hitchcock creó, como apuesta monetaria que puso en riesgo su carrera y su reputación, una obra maestra del suspenso moderno. Y así lo creía también Craven:

“La escena que en verdad me espantó en esta película es en la que Martin Balsam, que hace el papel del detective, sube las escaleras y hay un plano picado, una especie de toma inclinada, en donde la madre –o lo que parece ser la madre– sale de una puerta con el cuchillo arriba de su cabeza, lo ataca, lo apuñala en el pecho, y él está tan sorprendido que no puede moverse. Hitchcock hizo algo completamente surreal cuando puso al actor en un elevador para que pudiera volar hacia atrás en medio del aire en cámara lenta de forma completamente surreal, onírica. Fue completamente terrorífico.”

The Virgin Spring (1960)

Esta joya de Ingmar Bergman adaptada de un cuento folklórico del siglo XIII, cuenta la historia de una niña virgen que, al ir a dejar unas velas al altar de María, atraviesa un bosque y es brutalmente violada y asesinada. La cinta, que dio básicamente el argumento para una de las películas más conocidas de Craven, es una excelente e inspiradora historia sobre la culpa familiar y la devoción. Pero el maestro del terror quedó impresionado, sobre todo, por el aspecto de la venganza y la violencia gráfica en la terrible secuencia protagonizada por Max Von Sydow:

“La premisa básica de esta película, que es una adaptación de un cuento medieval, fue la referencia para hacer The Last House on the Left. Dos niñas parten en un peregrinaje y mientras están en los bosques se encuentran con unos pastores que son casi bestiales, y que finalmente la violan y la matan. Eso es suficientemente espantoso, pero lo que me pareció más espeluznante fue que esos pastores se pierden en una tormenta y se refugian en una casa que resulta ser la casa de los padres de la niña que acaban de matar. Los padres descubren quiénes son al ver que traen la ropa de su niña desaparecida y hay una secuencia larguísima en donde los padres preparan el asesinato de estos hombres. El padre mata sistemáticamente a cada uno de los pastores y para mí, extrañamente, me pareció ésta la parte más terrorífica porque la venganza es extremadamente gráfica. Hay un niñito que sólo viajaba con estos pastores –y que es completamente inocente y lo acaban matando también–. Y me pareció completamente sorprendente que mostraran en una película lo que en cualquier cinta americana sería una venganza justificada, pero que al final se ve cómo la venganza se puede convertir en el asesinato de víctimas inocentes, cómo se puede pasar de ser personas normales a ser víctimas y, de ahí, a ser asesinos. Eso me pareció fascinante.”

Repulsion (1965)

La primera película de la llamada “trilogía del departamento” de Polanski (que también incluye esas joyas de Rosemary’s Baby y The Tenant), es una de sus más grandes y perturbadoras películas. La relación de Polanski con protagonistas femeninas atormentadas y tensión psicológica cargada de sexualidad fue una constante durante toda su carrera –incluso antes del brutal asesinato de su esposa embarazada por los súbditos de Manson–. Sin embargo, pocas películas lograron lo que hace Catherine Deneuve en esta espeluznante cinta sobre la caída en la locura de una mujer confinada en un departamento, sola y acompañada de insoportables traumas infantiles. Craven dijo, en varias ocasiones, que ésta era, tal vez, su película favorita:

“Repulsion de Polanski fue una de mis verdaderas inspiraciones para hacer varias cintas. Es una de esas películas que surgen de las telarañas y del éter. Una mujer se queda sola en su departamento y, poco a poco, empieza a perder la cordura hasta que el departamento se vuelve el símbolo literal de su psique. Hay un momento maravilloso en el que parece completamente acechada y atrapada en su departamento –aunque se puede salir cuando quiera– y una de las paredes simplemente se agrieta. Y esta grieta se expande por todos los muros del departamento como si el edificio mismo fuera a colapsarse.”

Beauty and the Beast (1946)

Esta pequeña joya de Jean Cocteau es una oda a la imaginación infantil. Y eso a Craven le parecía importantísimo: si algo le atrae en todas estas películas es la fina línea entre la inocencia infantil y la más grande crueldad humana; delgada frontera en dónde viven nuestras fantasías más oscuras y nuestras pesadillas más retorcidas. Desde las palabras que introducen esta bellísima y muy teatral cinta, comprendemos que Cocteau quiere regresarnos a ese momento de la infancia en que todo era fuente de asombro… y de espanto. Y así lo dijo el maestro del terror:

“Beauty and the Beast tiene nuevamente la idea de la casi-locura y de la realidad remplazada por cosas completamente surreales. Creo que fui muy influenciado por el surrealismo en general como una forma renegada de ver al mundo como algo medio loco, especialmente en esa escena en que el personaje está entrando por un pasillo y los candelabros del pasillo son manos, y empiezan a agarrarlo y a tratar de alcanzarlo y eso me pareció terrible, terriblemente espantoso. Creo que hay elementos de eso tanto en La gente detrás de las paredes y ciertamente en la experiencia alucinógena de The Serpent and the Rainbow en donde Bill Pulman está corriendo entre las celdas de una cárcel y esto brazos largos largos y unas manos intentan alcanzarlo.”

War of the Worlds (1953)

Este gran clásico de ciencia ficción fue la primera adaptación de la radionovela de H.G. Wells que puso en estado de pánico a todo el mundo allá por los años treinta en voz de Orson Welles. Esta primera adaptación contiene una de las escenas más icónicas y terroríficas del cine de invasión alienígena; escena –que después reproduciría Spielberg con Tom Cruise– en la que un ojo alienígena se introduce a una granja semiderruida para encontrar y exterminar a dos supervivientes humanos. Como buen niño susceptible al terror, Craven relata así su experiencia al ver esta terrible secuencia:

“Me escabullí a un teatro con mi hermano mayor para ver esta cinta. Trata de una invasión alienígena en la que los extraterrestres aterrizan en estos grandes platillos, y lo que me parecía aterrador de estos platillos era que sacaban unas cosas largas como… parecían como unas lámparas de cuello de ganso recubiertas en aluminio y que podía dar vueltas hacia todos lados, y estas cosas con una cabeza de serpiente muy viperinas, sólo veían para todos lados en el cuarto para sentir la presencia de humanos. Recuerdo que quedé completamente aterrorizado por eso.”

Frankenstein (1931)

La enorme película clásica que trajo fama y reconocimiento al legendario Boris Karloff, era también una de las favoritas de Wes Craven. Y, de nuevo, no fueron los aspectos más recordados de la cinta los que subrayó el maestro setentero del terror. No, Craven puso toda su atención en una terrible escena que muestra, nuevamente, el fin de la inocencia y cómo la sugestión en terror puede ser más poderosa que la violencia gráfica:

“Creo que la cosa que más me espantó de Frankenstein, después de superar cómo se veía Boris Karloff, fue la escena en dónde se escapa de sus perseguidores y está en un ambiente bucólico, y hay un pequeño lago y se encuentra con una niña pequeña, y se acerca y se hace su amigo. En su inocencia, ella no se voltea ni se escapa corriendo, y la siguiente vez que la observas en pantalla está muerta. Y es bastante claro que él la mató, y está este sentido de que una cinta puede mostrarte algo que no piensas que una película pueda mostrar. Obviamente, para los estándares de hoy en día, esto es algo bastante atenuado pero en el momento en que la vi estaba completamente sorprendido de que mostraran a un niño muerto, que esta criatura hubiera, de hecho, asesinado a un niño.”

Nosferatu (1922)

Tampoco pasó desapercibida para Craven la obra maestra de Murnau, la joya del expresionismo alemán, la más tremenda adaptación libre del Drácula de Bram Stoker, la interpretación más recordada de un vampiro con la terrorífica apariencia del excéntrico Max Schreck: Nosferatu, eine Symphonie des Graeuns. Fue tanto el impacto mítico de esta película que todavía rondaba por el gusto popular la leyenda de que el conde Orlock era en verdad un vampiro: podemos ver, incluso, cómo quedaron plasmadas estas hipótesis en Shadow of the Vampire del 2000. Y claro, algo de eso quedó también en la memoria de Craven:

“La manera en que se veía Nosferatu fue una inspiración para el casting de Michael Berryman en The Hills Have Eyes. Michael Berryman nació con una serie de defectos congénitos que hicieron que su cráneo se formara mal, y simplemente tenía una apariencia extraordinaria. Era un humano completamente normal por dentro, pero se veía muy muy terrorífico. Nosferatu para mí, solamente como personaje, tenía un aspecto tan espantoso, que me parecía imposible que hubiera un actor humano en ese papel. Tenía que ser esta especie de creatura monstruosa, vampírica…”

The Bad Seed (1956)

Esta peculiar cinta que levantó escándalo allá por los años cincuenta es la última entrada en la lista de películas favoritas de Wes Craven. Encontramos de nuevo las tramas de la pérdida de la inocencia, la muerte infantil y la recurrente locura que hemos visto en buena parte de esta lista. Con todo y que el final de The Bad Seed cambió para no herir las susceptibilidades del público, sigue siendo impresionante que, desde los años cincuenta, hubiera una tierna niñita convertida en asesina quemando a gente mientras duerme. Y eso fue, justamente, lo que fascinó a Craven –y, hay que decirlo, a Nick Cave–:

“Ahí está el disfrute del niño malvado, y creo que esta cinta es tan revolucionaria y tan anti-Americana, en un lugar en el que la niñita pequeña nunca puede ser mala. Creo que después, en La Profecía por ejemplo, tienes al niño maligno, pero en esta época, era muy sorprendente ver a una niña que, de forma muy consciente y nefasta, empieza a matar gente de manera a que ella siempre parece inocente. Creo que es una cinta escrita con extraordinaria inteligencia, y es una de las pocas cosas que vi como joven adulto que nunca volvió a hacerse. En realidad me impactó el hecho de que nunca le hicieran una versión moderna.”

Descanse en paz Wes Craven: ¡Y que tus pesadillas sigan, por mucho tiempo, atormentándonos!

fuente The Daily Beast

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