Un estudio reciente apoya la hipótesis de que cuando los bebés son expuestos a animales, bacterias caceras y gérmenes, crecen con menos posibilidades de tener asma o alergias. Ya se había especulado al respecto, pero los resultados de este nuevo estudio parecen más conclusivos.

La sabiduría de las abuelas no es infalible, pero tampoco se equivoca siempre. Si tienes hijos o sobrinos pequeños, habrás escuchado que no hay que cuidarlos demasiado, pues si no se les expone a las bacterias desde bebés estarán menos equipados para enfrentar las enfermedades cuando sean grandes. Esto es cierto al menos para el asma y las alergias.

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Los niños que están en contacto con animales desarrollan una resistencia temprana a las alergias (foto: Katy Warner)

Estudios anteriores habían demostrado que los infantes que crecen en el campo, cerca de animales y otros factores alergénicos, suelen tener mayor resistencia a ciertas enfermedades respiratorias que aquellos que crecen en la ciudad en un ambiente ultra higiénico. Sin embargo, estas apreciaciones no habían sido conclusivas, pues algunos niños de las ciudades resultaron más proclives a adquirir alergias si se les exponía a alergénicos de cucarachas y ratones.

El Urban Enviroment and Chilhood Asthma Study hizo un seguimiento cauteloso a alrededor de 500 niños con riesgo de tener asma en Nueva York, Baltimore, Boston y San Luis. Básicamente se midió su exposición a polvo casero, desechos de cucarachas y parásitos de ratas y gatos. En general, se comprobó que los niños expuestos en su primer año a estos ambientes suelen desarrollar un mejor sistema inmunológico y son capaces de resistirse al asma y las alergias.

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En suma, el 80% de los niños que no desarrollaron estas dos enfermedades fueron expuestos al polvo, parásitos y desechos; mientras que sólo el 8% de los expuestos se enfermaron. La clave de todo es una exposición temprana. En una declaración reciente, los doctores Robert Wood y John Hopkins del Children’s Center, aseguraron:

“No sólo muchas de nuestras respuestas inmunes se desarrollan en el primer año de vida, sino que varias bacterias y alergénicos juegan un importante rol en la estimulación y el entrenamiento del sistema inmunológico, con el fin de que se comporte de determinada manera”

Así que ya lo saben. No se trata de aventar a los bebés a nidos de ratas, pero el cuidado excesivo en términos inmunológicos puede hacer que nuestros pequeños crezcan con problemas que pudieron ser prevenidos.

* Foto de portada: Wikimedia Commons

vía IFL Science

fuente The Journal of Allergy and Clinical Immunology

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