La comida al servicio de la ciencia.

Un equipo del departamento de nanobiónica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) han encontrado un nuevo uso a las espinacas, la famosa amarantácea que tanto ayudó a Popeye en las viejas tiras cómicas de los años 20 (y en sus subsiguientes adaptaciones a otros medios).

Los científicos del MIT han insertado unos nanotubos de carbono en las espinacas, logrando convertirlas en biosensores capaces de detectar la presencia de explosivos y enviar esa información a un dispositivo electrónico con el que se enlazan. De acuerdo con los especialistas esta es una de las primeras muestras de “la nanobiónica de las plantas”, un nuevo campo de estudio que busca integrar sistemas electrónicos en plantas. La idea detrás de “la nanobiónica de las plantas” es conseguir modificar con sistemas electrónicos a las plantas para darles nuevas capacidades y usos.

“Las plantas son muy buenas como sensores porque captan mucha información del entorno. Son estupendos laboratorios de análisis. Tienen una extensa red de raíces en el suelo, constantemente toman muestras del agua, y transportan este agua hacia las hojas. Saben que va a haber una sequía mucho antes que nosotros. Pueden detectar pequeños cambios en las propiedades del suelo. Por eso, si conseguimos aprovechar estas rutas químicas, podemos tener acceso a un gran tesoro de información”, señaló Michael Strano, investigador del MIT.

En el caso de las nuevas espinacas del MIT, los investigadores desarrollaron unos nanotubos de carbono especiales que brillan con un color fluorescente cuando captan la presencia de algunos compuestos que forman parte de algunos explosivos y minas. Posteriormente injertaron los nanotubos en las hojas de las espinacas. Los investigadores se apoyaron de una cámara detectora de infrarrojos para localizar la fluorescencia de las espinacas y así usarlas para colocar signos de advertencia de la presencia de explosivos ocultos.

El departamento de nanobiónica del MIT actualmente sigue desarrollando diferentes nanotubos fluorescentes que podrían ayudar a las plantas y a los seres humanos en otras tareas.

fuente Nature

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