El esqueleto perteneció a una mujer que vivió hace 13,000 años y sirve como prueba del vínculo entre los primeros habitantes de América y los asiáticos siberianos.

Hace 3 años un grupo de arqueólogos submarinos de varias partes del mundo, dirigidos por la investigadora mexicana Pilar Luna Erreguerena, descubrieron un esqueleto humano completo y genéticamente intacto en Hoyo Negro, Quintana Roo, un sitio arqueológico inundado durante la última glaciación. Después de varios años de estudios realizados en Estados Unidos y Canadá mediante ADN mitocondrial, Carbono 14 y Uranio/Torio,  se determinó que los huesos pertenecieron a una mujer de 15 años que vivió hace 13,000 o 12,000 años.

Se tratan de los restos humanos más antiguos de América que se han encontrado hasta ahora. Además, es el eslabón que faltaba encontrar para confirmar el vínculo que existe entre los primeros pobladores de América, provenientes de Asía, y los grupos indígenas actuales.

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Naia, como se le nombró al esqueleto, era una joven de origen asiático identificada con las migraciones que llegaron a América desde Siberia por el famoso estrecho de Bering. Además de los restos de la joven mujer, también se encontraron cráneos y huesos de 26 mamíferos que vivieron durante el Pleistoceno Tardío, incluyendo a gonfoterios, tigres dientes de sable, perezosos de tierra tipo Shasta, tapires gigantes, cerdos de monte, osos, pumas, linces, coyotes, coatís y murciélagos fruteros.

Este mes la revista Science publicó un artículo donde se dan detalles del descubrimiento, así como de su importancia en la explicación de la llegada de los seres humanos a América. En la publicación se menciona la importancia del sitio arqueológico mexicano para entender el pasado del continente:

“Hoyo Negro es una cápsula de tiempo que ha conservado la información sobre el clima y la vida humana, animal y vegetal que existían al final de la última era de hielo.”

Otro elemento a destacar es que para la investigación no se modificó el paisaje de Hoyo Negro, la mayoría de los estudios se hicieron con base en fotografías y videos para preservar lo más posible intacto el sitio.

vía The Verge

fuente INAH

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