Recientemente una investigación interdisciplinaria de la Universidad de Durham en el Reino Unido tradujo el tratado De Lucem del obispo Robert Grosseteste, escrito en el siglo XII. Los cálculos modernos sugieren que el sabio medieval tenía una cierta noción de los multiversos, la cual puede cambiar nuestra perspectiva sobre lo que se pensaba en la Edad Media.

El término “multiverso” parece demasiado moderno, incluso demasiado posmoderno, como para ser aplicado a especulaciones tan antiguas como la de Grosseteste. Para entender exactamente lo que este obispo medieval trataba de decir tenemos que resistirnos a la tentación de traducir todo su pensamiento a un lenguaje moderno, pero aun así no deja de ser impresionante su noción del cosmos en comparación a la nuestra.

"La imagen del mundo" de Goussin de Metz (1242)
“La imagen del mundo” de Goussin de Metz (1242)

Primero que nada, ¿qué es un multiverso?

La idea de que existen múltiples universos además del nuestro no pertenece a una sola teoría ni tiene una formulación única. Más bien se trata de una concepción que navega en la física moderna y que adopta figuraciones particulares. Existen varias razones para creer que los multiversos existen, pero para acercarnos al tema hablaremos solamente de dos de ellas.

No se puede saber con certeza cuál es la forma del universo, pero para muchos científicos lo más probable es que tenga forma plana y se alargue infinitamente. Si aceptamos que el universo puede estirarse infinitamente entonces tenemos que aceptar la noción de multiverso. Dado que las partículas tienen posibilidades finitas de ordenamiento, es plausible pensar que en cierto punto el universo comenzaría a repetirse. En ese remoto punto es posible que haya alguien exactamente como tú leyendo esto, pero con distintos zapatos; o alguien como tú que ha elegido una carrera completamente distinta o vive en la playa.

Por otra parte, la mecánica cuántica, que se ocupa del mundo de las partículas subatómicas, define su campo no en términos de “resultados”, sino de “posibilidades”. Es decir, una partícula puede tener, potencialmente, la posibilidad de comportarse de varias maneras, y teóricamente lo hace en universos separados. Imagina que te encuentras en un cruce de caminos, en ese momento potencialmente podrías ir hacia adelante, a la derecha o a la izquierda; en universos separados tomarías decisiones distintas y eso te conduciría a caminos y destinos diferentes. A grandes rasgos eso es lo que ocurre con las partículas subatómicas según la mecánica cuántica.

Multiverso. Shutterstock/Sandy MacKenzie
Multiverso. Shutterstock/Sandy MacKenzie

Multiversos medievales

La palabra “multiverso” realmente nunca aparece en el tratado De Lucem (que podría traducirse como “De la luz”, “Sobre la luz” o “Acerca de la luz”), pero existe una noción levemente semejante. Para entender lo que el obispo Grosseteste trataba de decir, primero hay que considerar que la idea de universo en la Edad Media era muy diferente a la que tenemos hoy en día.

Entre los siglos XII y XIII los textos de Aristóteles comentados por árabes y judíos se tradujeron al latín, lo cual implicó toda una revolución en el pensamiento europeo en general. En la época de Grosseteste justamente se creía en la formulación del cosmos de Aristóteles, la cual estaba basada en las observaciones que hasta ese momento eran posibles. De forma que el obispo (y todo el ambiente cultural de su época) asumía que el cosmos estaba dividido en nueve esferas (lo que ahora llamaríamos “planetas” más la Luna y el Sol), en cuyo centro estaría la Tierra.

La especialización de discursos en realidad es un fenómeno bastante reciente y en parte provocado por la revolución de la ciencia. Actualmente podemos hablar de arte, filosofía, ciencia y religión de manera independiente, y podemos darnos a entender aunque cuando hablemos de una disciplina contradigamos a la otra. En la Edad Media, por su parte, se pretendía abarcar un conocimiento “general” y coherente en su totalidad. La filosofía, la poesía y la teología tenían que funcionar bajo la misma lógica.

De ahí que la noción de cosmos se encontrara fuertemente imbricada con la religión y la moral. Para los pensadores medievales, la Tierra estaba en el centro del universo porque era parte de un sistema de pensamiento complejo que iba más allá de lo que hoy podríamos llamar ciencia. Las esferas que se suponía rodeaban nuestro planeta representaban un estado de “perfección” mayor que el nuestro, hasta llegar a la perfección moral, intelectual y física del “firmamento” (la última de las esferas).

En su tratado sobre la luz, el obispo inglés presenta un esquema de cómo pudo haber nacido el universo. Según él, la luz y la materia se encontraban contenidas en un sólo punto (algo parecido a la moderna teoría del Big Bang). Ese punto explotó y comenzó a expandirse, hasta que la luz  se cristalizó y formó la primera esfera con el más alto grado de perfección. Esta esfera comenzó a irradiar cierto tipo de luz (que Grosseteste llamó lumen) y que eventualmente cristalizó de nuevo y formó la segunda esfera. Y así sucesivamente hasta llegar a la formación de la imperfecta Tierra, la novena esfera en formarse.

Para sostener su postura, Grosseteste realizó ciertos cálculos matemáticos que fueron traducidos a ecuaciones modernas y se construyeron modelos computacionales a través de ellos, gracias a las investigaciones de la Universidad de Durkham. Sorprendentemente, los cálculos del obispo sostienen su visión del cosmos de una manera increíble para un hombre de su época, con una excepción. Para que sus cálculos sean correctos, Grosseteste tuvo que “agregar” una esfera (una suerte de “Tierra 2” imperfecta), de la misma manera en que los físicos modernos agregan dimensiones para sostener sus teorías. Este “agregado” es lo que se ha dado en llamar “multiverso medieval”.

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¿Realmente es un multiverso?

En el blog del proyecto de la Universidad de Durkham sobre la lectura de Grosseteste, recientemente se publicó una entrada en la que se critica duramente a varias publicaciones científicas reconocidas, como Nature o The Conversation, por sostener que el obispo medieval había construido una noción de “multiverso”.

La razón de esta crítica es que lo que conocemos como “multiverso” en la física moderna es diametralmente distinto a la idea de Grosseteste. Habría que saltarnos toda la concepción del cosmos que se tenía en la Edad Media para siquiera comparar ambas nociones. Como se explica más arriba, se “tradujo” a lenguaje matemático moderno los cálculos del sabio para interpretarlos de cierta manera. Lo cual quiere decir que se le impuso una lectura del siglo XXI a un texto del siglo XII.

Es decir, no es que la investigación sea fútil, por el contrario, nos enseña mucho sobre la cultura medieval y nos ayuda a darle una justa dimensión al pensamiento de aquella época; pero aseverar a la ligera que Grosseteste ya “conocía” los multiversos es demasiado aventurado. Si tuviéramos que actualizar la visión medieval de la “décima esfera” en los cálculos del obispo, podríamos efectivamente decir “dimensión” o “multiverso”; pero para nada podríamos sugerir siquiera que son lo mismo. En otras palabras, a lo más estaríamos hablando de una traducción imperfecta, pues no hay término moderno que se acerque más a lo que dice el tratado De Lucem que la palabra “multiverso”, pero no por eso podemos considerarlo equivalente.

En fin, el tema es interesante porque nos permite saber más sobre el pensamiento de la Edad Media, pero sin una perspectiva histórica corremos el riesgo de considerar términos modernos como si hubieran existido siempre. Sin duda que considerar a la ciencia como el centro del universo en todo momento y lugar es equivalente a creer la cultura siempre ha sido igual. Como sea, el tema ha removido el mundo de la ciencia como nunca lo había hecho un tratado medieval.

Robert Grosseteste (c.1175-1253)
Robert Grosseteste (c.1175-1253)

vía Live Science

fuente Arvix

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