La ciencia y la publicidad jugaron un rol preponderante en el consumo de tabaco durante gran parte del siglo XX.

El escritor peruano Julio Ramón Rybeiro decía: “a partir de cierto momento mi historia se confunde con la historia de mis cigarrillos”. Y es que uno suele dividir a la sociedad de muchas maneras y así como existen los que creen en OVNIS y los que no, también existen los que fuman y los que no. Científicamente sabemos que fumar cigarrillos es muy, pero muy dañino, causa diferentes tipos de cáncer, produce enfisema pulmonar y un sinfín de inconvenientes que han hecho a millones de fumadores abandonar el hábito y otras personas a no probar el tabaco nunca.

Ciencia y tabaco: Cuando los doctores te recomendaban fumar

Pero esto no siempre fue así. Hubo una época en la que los doctores recomendaban fumar. Entre 1920 y 1950 (aproximadamente), los médicos, aunque cueste trabajo creerlo, recomendaban el cigarro y la industria tabacalera aprovechó este momento para crecer.

Ciencia y tabaco: Cuando los doctores te recomendaban fumar

La publicidad y la ciencia: grandes aliados

Antes, no se habían comprobado los perjuicios que fumar tabaco provoca, algunos médicos lo recomendaban para adelgazar, aliviar el estrés o, incluso, para curar la tos. Fue en esa época donde las grandes tabacaleras tomaron el mando y, en conjunto con los médicos, promocionaban el cigarrillo a diestra y siniestra. Por ejemplo, Lucky Strike creó una propaganda que rezaba: “la protección para tu garganta contra la irritación y la tos” o aquel de Camel que decía: “De acuerdo con una encuesta reciente: más doctores fuman Camel que cualquier otro cigarro”.

Ciencia y tabaco: cuando los doctores te recomendaban fumar

El cigarro y las tabacaleras vivían un boom y un auge creciente gracias a que la publicidad también empezó a definirse como tal, eran los años dorados para las grandes firmas publicitarias. La prosperidad económica de una nación creciente que, tan sólo unos años atrás, había terminado con los nazis, el desarrollo del capitalismo, el crecimiento de la clase media y, desde luego, la evolución de los medios de comunicación, permitieron que personajes clave como David Ogilvy, Leo Burnett o Bill Bernbach, crearan estrategias novedosas y modelos comunicativos encargados de atraer al consumidor. Y las agencias publicitarias y las compañías de tabaco aprovecharon este auge para crear anuncios que hoy nos puedes parecen una locura.

Tal vez todo esto te suena familiar gracias al primer capítulo de la serie Mad Men, donde a través de la vida de Donald Draper, asistimos a la historia de estos años dorados de la publicidad. En el capítulo vemos a Don haciendo uso de su ingenio para vender Lucky Strikes y diferenciarlos de la competencia, cuando los primeros estudios sobre los riesgos del tabaco salían a la luz. Desde luego, la publicidad viajaba más rápido que la divulgación científica y no fue sino hasta los años 60 que se empezó a reparar en los verdaderos riesgos del tabaquismo.

Ciencia y tabaco: Cuando los doctores te recomendaban fumar

“20,679 doctores aseguran que Lucky Strike es menos irritante”. Decía otro anuncio y, desde luego, no todos los anuncios de este tipo venían en las revistas, el boom de la televisión permitió que también se transmitieran algunos comerciales que aseguraban que la ciencia recomendaba el tabaco.

Y era tal la penetración del tabaquismo en la población que hasta los Picapiedra fumaban.

Incluso se decía que el tabaco podría quitar la sinusitis. Es decir que al contrario de lo que sucede ahora, el tabaco se asociaba científicamente a la sanación.

El sueño de humo se dispersa

Desde luego, las muertes relacionadas con enfermedades pulmonares, especialmente el cáncer, empezaron a aumentar considerablemente. Para 1948 el gobierno inglés había alertado al Merdical Research Concuil (MRC) sobre el incremento de estas muertes. Por lo que un epidemiólogo llamado Richard Doll, junto con Austin Bradford Hill, se dieron a la tarea de estudiar estos casos. Al igual que la mayoría de los médicos del mundo, en un principio pensaban que el hábito de fumar no tenía nada que ver en esto y consideraban que las enfermedades pulmonares estaban relacionadas con la contaminación.

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Richard Doll

Entonces, perturbados, realizaron una encuesta a 650 hombres que se encontraban internados en los hospitales de Londres y de los cuales se sospechaba que padecían cáncer de pulmón, hígado o intestino. Al final, los resultados de la muestra fueron contundentes. Aquellos pacientes que fumaban eran quienes padecían cáncer de pulmón. Este fue el inicio del fin de las buenas relaciones entre la ciencia y la industria tabacalera.

El estudio de Don y Hill se llevó a cabo en otras ciudades de Inglaterra y, posteriormente, en Estados Unidos se realizó un estudio similar apoyado por la American Cancer Society, ahí los resultados fueron aún más contundentes, pues se relacionó al tabaquismo con enfermedades pulmonares y cardiovasculares.

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Austin Bradford Hill

Cuatro años después de que estos estudios se llevaran a cabo, la cifra de muertes por cáncer de pulmón ascendía a 200. Don y Hill comenzaron a publicar sus resultados hasta 1954 y a pesar de que la industria tabacalera trataba de demostrar que los estudios no eran concluyentes, poco a poco, los doctores dejaron de creer que fumar era bueno. Posteriormente, poco a poco se prohibieron los comerciales relacionados con el tabaco. En México por ejemplo, hasta 2002 se emprendieron medidas serias para evitar la publicidad que promocionara el acto de fumar. 

Al día de hoy la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera que el tabaco mata cada año a más de 7 millones de personas, de las cuales 6 millones fuman.

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