Un grupo de paleontólogos hizo un descubrimiento increíble en Myanmar. 

Imaginen que van caminando, alegremente, por un mercado de joyerías y se encuentran un dinosaurio. O bueno, no un dinosaurio, sino una cola de dinosaurio. Esta idea en apariencia descabellada fue exactamente lo que le sucedió al prominente paleontólogo chino Lida Xing de la universidad de Beijing. En su investigación, Xing ha rastreado, alrededor del mundo, restos bien preservados de dinosaurios.

Actualmente, este paleontólogo está explorando los yacimientos de ámbar en unas minas privadas de la inestable zona del norte de Myanmar. El valle Hukawng en la provincia de Kachin tiene la mayor cantidad de especímenes vegetales y animales preservados en ámbar del mundo. Sin embargo, la explotación de esta resina vegetal fosilizada es privada en esa zona. Así que, muchas veces, los paleontólogos tienen que pasearse por los mercados locales, en particular en el mercado de Myitkyina, para encontrar, al azar, fragmentos de dinosaurio y pistas de otras eras.

Hace poco, el equipo de Xing encontró dos pequeñísimos pedazos del ala de un dinosaurio. Así como lo leen. A pesar de saber, desde hace un par de décadas, que los dinosaurios muy probablemente tenían plumas y evolucionaron en los pájaros actuales, no se habían encontrado evidencias directas de sus plumajes –y mucho menos de una ala primitiva–. Teníamos huellas de plumas en fósiles, plumas aisladas, rastros aquí y allá, evidencia evolutiva y poco más. Pero lo que encontró Xing con su equipo no tenía precedentes: los dos diminutos fragmentos (que pesan entre 1.6 y 8.51 gramos) preservan estructuras óseas, piel, músculo, tejido blando y rastros de plumas. Estos principios de plumas corresponden, más o menos, con la configuración actual de los pájaros. El descubrimiento, no hay que decirlo, fue espectacular.

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Detalle de las diminutas plumas halladas en el fósil.

Pero, menos un año después, el mismo equipo de Xing, husmeando en los mismos mercados, hizo otro descubrimiento que opacó, por mucho, al anterior. Esta vez, el paleontólogo descubrió una roca tallada, que ya había sido trabajada por un maestro joyero y que contenía, intacto, un fragmento de cola de dinosaurio. El pequeño fragmento de ocho vértebras (de una cola que, probablemente, tenía más de treinta) es impactante. En él se puede apreciar, con precisión poco común, el plumaje que recubría las colas de ciertos animales en el cretáceo tardío.

Así, estamos hablando de un fragmento conservado de un animal que caminó sobre la Tierra hace casi 100 millones de años. Es una locura. Ésta es la primera vez en la historia que se encuentra una cola preservada de dinosaurio. Y, por si fuera poco, es la primera vez que se encuentran plumas completas conservadas en su disposición original, junto a tejido suave y huesos. Esta pequeña piedra, que no mide más del tamaño de un encendedor pequeño, puede servir para demostrar la evolución de las plumas primitivas de los dinosaurios hasta llegar a las que visten, hoy en día, a nuestras aves.

Basándose en el análisis de la estructura de la cola, los científicos determinaron que se trata de un celurosaurio, variedad amplia de dinosaurios que incluye al gigantesco Tiranosaurio y a los famosos Velociraptors. Se sabía que estos dinosaurios, muy probablemente, estaban emplumados, y este fragmento único confirma las sospechas de los científicos. Pero no se emocionen con sueños de raptores voladores: estas plumas primigenias no eran, muy probablemente para volar, sino que cumplían funciones de temperatura o señalamiento.

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Ilustración de un pequeño celurosaurio.

Finalmente, el hecho de que la piedra hubiera sido tallada por un maestro joyero terminó por ser una bendición. No nada más el ámbar es más transparente, sino que un corte en la muestra permitió a los científicos estudiar la composición química de la cola. Así, encontraron trazas de hierro, un producto de la descomposición de la hemoglobina en la sangre de los dinosaurios. La presencia de hierro da esperanza a los cientìficos para que un día podamos reconstruir el tipo de pigmentación de los dinosaurios y representarlos, literalmente, bajo el color correcto de sus estrafalarias vestimentas.

Mientras tanto, estos paleontólogos hiperactivos siguen manteniendo la ilusión viva de encontrar, un día, el cuerpo completo de un dinosaurio fosilizado en ámbar. Esperemos que los conflictos de independencia en la región y los intereses económicos no impidan la labor de estas valiosas investigaciones. Y sí, Dr. Grant, tenía usted razón: los Velociraptors eran, en efecto, unos letales y hermosos guajolotes gigantes. Si quieren saber más de esta investigación, vale la pena revisar la hermosa cobertura de Kristin Romey para National Geographic.

fuente National Geographic

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