Este fin de semana se estrenó la película de Alfonso Cuarón, Gravity, y nosotros quisimos aprovechar el pretexto para hablar de la “gravedad” en los tiempos anteriores a Newton, o al menos a lo que se entendía más o menos como gravedad.

Antes de Newton, ya existían varias ideas en torno a la gravedad, aunque era vista de maneras muy diversas. Es decir, no necesariamente lo entendían como una “fuerza”, y frecuentemente la relacionaban con otros elementos como la música o el amor. Es decir, la idea de “atracción” ya era una interrogante para los pensadores antiguos, y las soluciones que trataban de aportar un conocimiento más global del fenómeno.

La música de las esferas

Para Pitágoras, pensador griego que vivió entre 580 y 495 a.C., el movimiento de los cuerpos celestes se debía a un ritmo cósmico especial. En otras palabras, los planetas están regidos por cierta música divina que marca el compás y permite que se muevan todos en conjunto sin colisionar ni variar el rumbo.
 

Pitágoras (580 a.C.-495 a.C.)
Pitágoras (580 a.C.-495 a.C.)

A esta forma de ver el movimiento del universo se le llamó “la música de las esferas” y también tiene una importante repercusión en la Tierra. Supuestamente, Pitágoras creía que los ciclos naturales, el crecimiento y los movimientos de la vida estaban también regidos por esta música celestial. En otras palabras, este pensador supuso que debía de existir “algo” que coordinara al universo, algo que le diera su ritmo y su armonía. Después de todo, se decía, ¿cómo es que todo funciona tan bien en el universo, cómo es que todo está coordinado? En lugar de pensar en una fuerza que atraía, rechazaba y mantenía en movimiento a los cuerpos celestes, Pitágoras creía que todo pasaba por influencia de un ritmo cósmico.

Entre otras muchas cosas, se le atribuye a Pitágoras la conceptualización de la inmortalidad del alma, la cual también estaba relacionada con la música de las esferas. En suma, las almas también tienen un ciclo y una armonía (como los planetas, como el agua…) y cumplen su camino gracias a la música del universo.

Galaxia

A Pitágoras también se le atribuye la invención de un instrumento musical, una especie de “lira” de cinco cuerdas. Cada cuerda correspondía a uno de los planetas conocidos en ese entonces. De manera que el uso de este instrumento trataba de corresponderse con la música celestial e influir en ella. Para él, la música era un medio de conocimiento.

Las ideas de este pensador eran tan poderosas que se fundó una religión en torno a él. Todavía en la antigua Roma se le alababa como un iluminado que había desentrañado los secretos sobre el universo, y durante muchos siglos más las ideas de Pitágoras pasaron de generación en generación como conocimiento secreto.

El amor

Otra de las teorías antiguas que abarcan cierta descripción de la gravedad es la de los neoplatónicos renacentistas, en especial Marsilio Ficino. Este escritor florentino del siglo XIII, retomó las ideas del griego Platón, sobre todo las plasmadas en su diálogo titulado El banquete.

En este diálogo, Platón discurre sobre la importancia del amor. Ficino retoma sus ideas y les da un giro cristiano, de forma que afirma que el amor es un tipo de fuerza de atracción que mantiene y perpetúa la especie. Cuando el enamoramiento nos posee, entramos en un estado alterado de conciencia en el que literalmente “orbitamos” en torno al objeto de nuestro amor. La atracción que ejerce sobre nosotros no nos permite alejarnos de él o de ella.
 

Marsilio Ficino (1433-1499)
Marsilio Ficino (1433-1499)

Ficino no se detiene ahí. Para él, la fuerza que dio lugar al universo es el amor. De alguna manera, los planetas están “enamorados” del Sol, y los satélites “enamorados” de los planetas. De esta forma funciona el movimiento astronómico. Al igual que Pitágoras, Ficino estaba convencido de que la fuerza que mueve al universo es la misma que mueve a la naturaleza. Los conejos se “enamoran” y procrean más conejos, las estrellas se “enamoran” y mantienen en orden al universo.

De la misma manera, los seres humanos nos enamoramos y somos capaces de crear belleza, lo cual, a su vez, también es un motor que mueve al universo. El amor, el arte, la belleza y la gravedad estaban entremezclados en el concepto de Ficino. No podemos caer en el error de considerar su pensamiento como una teoría del amor o un simple tratado para los enamorados; su postura va mucho más allá. Más que un gesto romántico, él ve en el amor un “principio” que sostiene y mueve al universo.

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Isaac Newton y ley de gravitación universal terminó con las especulaciones en torno a una sola “energía” capaz de explicar el comportamiento de los seres humanos, de la naturaleza y los planetas al mismo tiempo. A pesar de ser “universal”, esta teoría se circunscribe a un terreno teórico y físico, y nos hace sentir menos relacionados con el cosmos.

Antes que la imposición de la verdad sobre la mentira, la revolución newtonana implicó un cambio en la forma de pensar y ver el mundo. El amor o la música han sido desterrados como forma de conocimiento, al menos en lo que se refiere a los estratos cultos de nuestra sociedad. En cambio, se enseña con avidez la teoría de Newton.

No nos malinterpreten, no queremos decir que debamos imponer al amor o a la música como sustitutos de la gravedad; la idea es considerar que podemos ver al mundo de distintas maneras sin que nuestras ideas se descarten o caduquen. El escritor norteamericano Scott Fitzgerald decía: “La señal de una inteligencia de primer orden es la capacidad de tener dos ideas opuestas presentes en el espíritu al mismo tiempo y, a pesar de ello, no dejar de funcionar”.
 

Gravity fotograma
Fotograma de Gravity, película de Alfonso Cuarón

Al final del día, Albert Einstein demostró que Newton estaba equivocado, la gravedad no es una “fuerza” sino una ilusión de la geometría causada por el efecto de la materia en el espacio-tiempo. Y sin embargo, en las escuelas seguimos aprendiendo la ley de gravitación universal de Newton, ¿no es así? Así es la inteligencia moderna.

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