Su nombre es Richard George y es un técnico retirado que trabajaba para la NSA. En una entrevista contó que la configuración del smartphone del presidente fue un trabajo duro. También recuerda sus épocas como técnico en los días de la Guerra Fría y el teléfono rojo.

Cuando llegó Obama a la presidencia le hizo un encargo especial a la NSA. Y no nos referimos a un espionaje específico (hasta donde sabemos), sino que solicitó poder usar de forma segura su BlackBerry consentido. Como sabrán, uno de los tres clientes que le quedan a BlackBerry en el mundo es precisamente Barack Obama, quien desde su primera campaña presidencial no ha soltado su smartphone favorito.

Cuando llegó a la Casa Blanca, Obama aseguró que no querría aprender a usar otro aparato si su BlackBerry funcionaba perfectamente. Así que los técnicos de la NSA se dedicaron a modificarlo hasta lograr la seguridad deseada. Obama es el primer presidente en usar correo electrónico y un smartphone, lo más parecido a eso que pudieron usar sus antecesores George W. Bush y Bill Clinton era un teléfono-ladrillo secreto.

Según Richard George, acondicionar el BlackBerry no era nada sencillo:

“Intentas deshacerte de cualquier funcionalidad que no sea realmente necesaria. Cada pieza de la funcionalidad es una oportunidad para el adversario”

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Así que el teléfono del presidente no sirve para jugar Angry Birds, ni para tuitear, ni para publicar una selfie en Facebook. Se sabe que sólo puede comunicarse con 10 números de contacto, porque es necesario que sus interlocutores tengan instalado el mismo decodificador. También se sospecha que puede usar e-mails y mensajes SMS, pero no hay nada seguro al respecto. Con una funcionalidad tan limitada, no es raro que el presidente se quedara con BlackBerry. De hecho, hace algunos meses aseguró que no podía usar un iPhone “por motivos de seguridad”. Algo sabrá el presidente que nosotros no.

En la misma entrevista, el veterano George contó que ya estaba en la agencia cuando se instaló el famoso “teléfono rojo” (que en realidad no es rojo), el cual sirve para enlazar directamente al dirigente de EEUU con el de Rusia. Según él, el problema con este teléfono es que no podían usar sus mejores algoritmos de seguridad, porque al final del día se los iban a dar a los rusos. Así que tenían que diseñar un dispositivo de muy alta seguridad, pero no tanto. Esto sin duda fue más difícil que el BlackBerry de Obama.

“Ahí está tu verdadero problema. ¿Qué pasa si toma ese teléfono y no funciona? No me preocupa si toma un teléfono móvil y no funciona, nos gritarían. Pero si toma la línea directa y no funciona…”

Quizá la moraleja de esta historia, es que la NSA le quita lo divertido hasta al smartphone del presidente. ¿Serán los malos más malos de la película? El tiempo lo dirá.

vía CNN

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