No abandones One Piece, sí se pone interesante después de un tiempo

Si estás empezando a ver One Piece y te sientes abrumado, este texto te ayudará a seguir en el viaje.
Luffy y la tripulación del Thousand Sunny le dan vida a One Piece | Imagen: Toei Animation

Todos hemos pasado por esto: comienzas a ver One Piece, ves los primeros capítulos, avanzas hasta que Luffy se adentra en el Grand Line… y después ves que enfrente de ti hay más de 900 capítulos más por ver. Para cualquiera esto es desanimante, pero tranquila, pequeña saltamontes; no abandones este barco, porque este viaje sí es verdad que se pone bueno conforme avanza.

Primero hay que dejar claro lo abrumadora que es la historia de One Piece, sobre todo si lo que quieres es ver el anime. Considerando su extensión, 985 capítulos al momento de publicación de este texto, te tomaría 377 horas de tu vida ponerte al corriente si comienzas ahora mismo. Es decir, si vieras un capítulo diario te tomaría casi tres años completarlo.

Desde este momento, la recomendación, si lo que quieres es ir rápido, es que lo hagas a través del One Pace, un proyecto que reduce el tiempo de visualización eliminando el relleno, o directamente leer el manga. Pero volvamos al mismo punto: One Piece se pone mucho mejor, así que entra sin ningún miedo al Grand Line y a la búsqueda del tesoro de Gol D. Roger.

One Piece comenzó la travesía de Luffy con el arco del East Blue | Fuente: Toei Animation

Lo que hace grandioso a One Piece

Hablar de One Piece es hablar de personajes los personajes de One Piece, aquellos con grandes poderes, enemigos vistosos, peleas emocionantes, piratas, robos, asalto, bebidas, comida y tesoros; pero desde entonces y hasta ahora, Eiichiro Oda escribe su manga mucho más allá de sencillamente esto.

Como un iceberg, la punta de One Piece es todo esto, todo aquello que puede interesar desde a un niño de tan solo 5 años buscando dibujos animados, hasta el fan más intenso del anime y el manga que ya se leyó todo Naoki Urasawa y se vio todo Shinichiro Watanabe.

El primer nivel subterráneo de este iceberg lo encontramos en el Grand Line, un mar intenso y complejo que esconde todos los secretos del mundo. En él está reproducida una pequeña muestra del mundo que vivimos todos nosotros; un lugar organizado en donde el salvajismo y la violencia son la moneda de cambio. Entre piratas la única manera de intercambiar es sencillamente despedazar al otro.

El Grand Line es una simulación de un mundo real en el que las tragedias están encadenadas por los campos magnéticos de cada isla, en los que no se puede hacer otra cosa que avanzar, porque retroceder significa perderse. Este ambiente hostil e imperdonable se levanta entre piratas que aprendieron a recluirse y a convertirse en los zombis de un sueño que Gol D. Roger despertó.

En los inicios de One Piece, Eiichiro Oda configuró su obra para retar todo el tiempo a la construcción de su mundo. La forma en que funciona el Grand Line, la Marina y todos los grupos de piratas, están contradichos por Luffy, un niño que quiere ser el Rey de los Piratas sencillamente por… pues porque sí. Luffy no tiene realmente un motivo, solo ve en los piratas una forma de viajar y emular a Shanks, su héroe y modelo a seguir.

Esta misma construcción de protagonista fue la que Akira Toriyama trajo cuando nos presentó a Goku, un niño alienígena, ajeno a la moral humana, que contradice a todos sus pares al no entender sus perversiones como perversiones, o sus virtudes como virtudes.

Goku logra subir a la nube voladora no porque sea “puro” sino porque no entiende el concepto de maldad | Fuente: Shonen Jump

Eiichiro Oda en Luffy encontró el equilibrio que muchas obras no han sabido encontrar, pues al mismo tiempo que consigue una historia sencilla, en la que las peleas y los poderes se lucen, el mundo que gira alrededor de Luffy; la tripulación del Going Merry o el Thousand Sunny es completamente diferente de ellos y esa es la razón por la que suceden las peleas.

Asimismo, Luffy tiene la característica de ser un eje y un hilo conductor, que no opaca en ningún momento a ninguno de sus acompañantes (cof cof Naruto cof cof Goku cof cof), sino que les alienta y permite que narren sus historias, sus motivaciones y expliquen cómo es que el mismo océano los ha orillado a ser como son.

La sutileza de Eiichiro Oda

Eiichiro Oda es un mangaka sumamente inteligente y no lo digo como un cliché, sino como un elogio que, guardando sus distancias, lo pone en un nivel que bien podría estar al lado de Inio Asano (Oyasumi Punpun, Soranin, Sekai no Owari to Yoakemaeo de Kentaro Miura (Berserk).

La fórmula de Oda es simple pero no por eso menos compleja, estructurada y, sobre todo, interesante. Para él lo más importante es el personaje y no tiene miedo de crear todo un arco para explicar las implicaciones de un solo personaje, como los más de 100 capítulos que tratan sobre la princesa Vivi y Arabasta (no hay muchos detalles en ninguna parte de este texto para evitar spoilers, una disculpa por adelantado, querido o querida lectora).

Su escritura, al mismo tiempo, se basa y descansa todo el tiempo en la complejidad de su mundo, que se extiende y se proyecta sin dejarte ni un solo descanso, pues cada detalle que aparece puede regresar en cualquier momento a ser parte importante del desarrollo futuro.

Y esto es especialmente importante, porque como hablamos, el siguiente nivel del iceberg es el Grand Line, pero el que le sigue es aún más intenso: las relaciones políticas de un mundo violento. Será imposible desacoplar a One Piece de las interpretaciones políticas de Eiichiro Oda, porque como ya dijimos, estas existen en su propia naturaleza en este mundo, pero son criticadas a través de Luffy y los sombreros de paja.

Estas no solo son concretas sino que son a todas luces contextuales. En One Piece incluso los buenos son malos, pero aquellos malos que alzan la sombra del mal encima de quienes no pueden defenderse son los que tienen que caer. Luffy y los sombreros de paja, en su búsqueda del tesoro de Gol D. Roger se ensucian las manos para limpiar a los piratas de los piratas y no es un recurso moralino simple que se alce con un discurso sentimental y dogmático, sino que se muestra honesto respecto de sus propios prejuicios.

Eiichiro Oda es uno de los mangakas con más longevidad en la industria | Fuente: Shueisha

La historia es de los que la escriben y en One Piece la escribirá el que domine este mundo violento con la muestra más efectiva de violencia, pero no tiene derecho de triunfar ni de levantar su voz aquellos que han postrado su fuerza para servirse de otros.

Aquí tenemos siempre villanos que encarnan personalidades de la derecha más conservadora del mundo, ya sea de aquella que buscó dominar el mundo hace más de 70 años, aquella que durante los años 90 buscó preservar un status quo en desuso, o la que ahora mismo sigue buscando restringir la vida y los sueños de los que existen alrededor de Luffy, que no son otros que los mismos lectores de Eiichiro Oda.

¿Entonces cuándo se pone bueno One Piece?

Si hablamos del anime, el arco de Alabasta se pone bueno rumbo al final y lo mismo con todos los demás. Es un anime pesado de ver por su extensión y por su adaptación llena de relleno, propio de la antigua forma de producir animes, algo de lo que no puede escapar Eiichiro Oda al haber comenzado esta obra a finales del Siglo XXI.

Si hablamos de One Piece como historia, esta toma ritmo luego luego. A penas entendemos y conocemos las historias de Nami y Zoro, Eiichiro Oda comienza a amarrarnos con esa forma tan sutil y divertida de contar las cosas, construyendo un mundo que es fácilmente igual de extenso que el de Berserk y con subtextos que son casi tan ricos como los de Shuho Sato.

Para disfrutar de One Piece sencillamente hay que leerlo o verlo y avanzar poco a poco por este mundo (sin importar cuántos capítulos tiene One Piece) antes de que te pongas al corriente y termines en la desesperación de esperar cada semana un capítulo nuevo.

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