Recientemente me quedé pensando en la evolución que ha tenido el concepto de emprendimiento en los últimos cinco años en el mundo. Hace unos años, emprender era algo exclusivo de los forasteros, de los atrevidos, de los inconformes  y sobre todo, de los diferentes. Hoy parece ser que la historia está cambiando y muchos individuos aspiran a serlo.

Recuerdo que cuando entré a la universidad para estudiar Administración en 2002 mi intención era tener una compañía algún día. En aquel entonces, en las clases de emprendimiento, los profesores tendían a hacer la pregunta: “¿Quién quiere emprender?”. Y éramos pocas manos las que se levantaban, tal vez unas cinco o seis en un aula con treinta y tantos alumnos. Hoy en día, cuando voy a dar conferencias frente a alumnos de diversas universidades y hago esta pregunta, cinco o seis son las manos que permanecen abajo.

Esto no es algo que nos debiera sorprender, hoy en día, todo lo relacionado con desarrollo económico, innovación e incremento de la competitividad de los países apunta a un solo lugar: el emprendimiento. Ahora todos los países del mundo están desarrollando programas, políticas y mecanismos enfocados a desarrollar el talento local por medio de diferentes programas que generen más emprendedores. La hipótesis es “entre más emprendedores haya, más compañías se fundarán, más oportunidades de empleo habrán y con ello, el crecimiento económico llegará”. Sin embargo, enfocarse únicamente en incrementar el número de personas que deciden comenzar una startup, una PYME o un negocio, no es el camino más asertivo. No me lo malinterpreten, mi trabajo diario consiste en ayudar a la creación de comunidades de emprendimiento alrededor de Latinoamérica, y éstas están fundamentalmente constituidas por individuos que embonan en la descripción específica de este arquetipo del que hablo en estas líneas. Lo que es un hecho, es que no deberíamos perder de vista que éste es sólo el primer paso para algo más grande.

El impacto económico no proviene del número de personas que deciden comenzar una compañía, en realidad proviene de las compañías que pasan de ser pequeños negocios y se integran en la economía por medio de la activación de indicadores que desplazan la aguja de la competitividad de un país: son las que contratan talento, las que compran insumos o contratan servicios de otras empresas y específicamente, las que venden productos y servicios. Se emprendedor es sólo el primer paso. Se trata de ser empresarios que construyen empresas de valor para sus inversionistas, sus empleados, sus clientes, sus inversionistas, sus proveedores, su comunidad, su país. Ser emprendedor es sólo la entrada a un compromiso más grande que uno mismo. Ser emprendedor significa asumir la responsabilidad de evolucionar y convertirse en una persona que hace negocios y los desarrolla.

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Ser emprendedor es sólo el primer paso para algo más grande (foto: Oscar Rethwill)

Ahora bien, esto no significa que un emprendedor está destinado a serlo sólo una vez. Aceptar la generalidad de la regla implica considerar la excepción de la misma. Por un lado, es sabido que un iniciador de negocios promedio en Estados Unidos —o específicamente en Silicon Valley— crea hasta siete proyectos antes de ser exitoso. Por otro lado, existe un perfil muy particular que me gusta mucho: el denominado emprendedor serial. Personas que tienen talento para iniciar algo, construirlo desde cero, ejecutar sus primeros acercamientos hacia una solución viable, deseable y ejecutable, reunir un equipo de trabajo talentoso y posteriormente, involucrar a otros mejor calificados para liderar y dar continuidad a los planteamientos estratégicos que permitan el crecimiento y consolidación de estas compañías. Podría adentrarme en este perfil específico y detallar con más minuciosidad sus características, pero divergiría del enfoque particular de este artículo.

El eje fundamental de estas líneas es resaltar que ser emprendedor es sólo una etapa en el proceso evolutivo de los individuos de negocios; iniciar una compañía no debería ser visto como un fin en sí, sino como un paso en el camino del cambio dentro una compañía. Ser emprendedor es simplemente el primer escalón del desarrollo empresarial. Interiorizar este hecho y asumirlo conscientemente, garantizará que aquellos que decidan seguir ese camino, puedan evolucionar y constituirse como personas de negocio que tienen a su cargo una empresa, no una startup o proyecto. Es simplemente asumir el compromiso de largo plazo que viene junto con la creación de una empresa y la responsabilidad inherente frente a los involucrados en ese proyecto.

A los emprendedores en general, los invito a que comiencen a identificar la etapa en la que se encuentran y asuman su identidad con base en la fase en la que se encuentra su compañía. Dejar de ser emprendedor y ser una persona de negocios o empresario, es como dejar de ser un adolescente y asumir la adultez con madurez.

UP-Latam

* Por: Gustavo Álvarez Moreno (@gusdetavo). Director de UP Latam, entusiasta del emprendimiento y el comportamiento humano. Estudió Administración en México hace algunos años. Fundó una compañía de entretenimiento y organizaba conciertos. Después inició Fondeadora, la primera plataforma de crowdfunding en México. Ahora, trabaja en UP Latam y se divierte ayudando a que los emprendedores sean mejores emprendedores.

** Foto de portada: Tableatny

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