La adaptación del juego de Rovio plantea una pregunta que podría parecer inocente pero que tiene todo el peso del más básico sentido común: ¿por qué tratar de darle un significado que no tiene a algo que no lo busca?

Créanme, no fui a ver Angry Birds con prejuicios. Nunca entendí muy bien cómo iban a desarrollar una trama a partir de la locura colorida del famoso videojuego. Digo, trama hay pero es más delgada que una pluma: unos cerdos maliciosos con piel color lagartija se roban los huevos de unos pajarillos kamikazes que buscan recuperarlos derribando las frágiles estructuras que protegen a sus enemigos. ¿Cómo hacer un largometraje con eso? ¿Cómo ampliar el carisma de los personajes del juego más allá del adictivo gameplay? ¿Cómo lograr una traducción a un medio tan difícil como el del cine? ¿Cómo hacerle frente, finalmente, a las enormes producciones animadas de Disney, Pixar y Dreamworks?

No podría darles una respuesta convincente a estas preguntas… Y no es mi trabajo. Lo que sí les puedo decir es que, a pesar de no haber ido con prejuicios, ésta ha sido una de las experiencias más desagradables que he pasado viendo una película animada en el cine. Y he visto cantidad de porquerías. Pero lo que me molesta sobremanera de esta cinta es la terrible falta de originalidad en un intento que muestra el sinsentido derivado de la prisa por vender: aquí no hay pasión, inventividad, o, lo que es peor para el caso, no hay el más mínimo dejo de simpatía. Y claro, vi la película en español –cosa que empeoró terriblemente la vulgaridad de la cinta (ahora les explico por qué)– y no puedo hablarles del trabajo del genial Danny McBride y del horriblemente soso Josh Gad. Muchas veces, en estos casos, me gusta ver las películas en el idioma original y en el doblaje. Sin embargo, para esta ocasión mejor me disculpo: no puedo someterme otra vez a esta porquería. Y en realidad les recomiendo ahorrarse el dinero del boleto, evitarse, siquiera, la primera vista y mejor, ver pájaros, sin particular enojo, en algún parque. Si queda algo aquí para la historia cultural es que lo de Rovio nunca fue la imaginación creativa, la originalidad o algo más que la efectividad mercadotécnica. Esta cinta es la viva prueba de las propias limitaciones de una compañía finlandesa que le pegó a los millones y se acostó felizmente, para no volver a hacer nada, sobre sus inmerecidos laureles.

Una trama absurda y un mensaje vulgar

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¿De qué trata entonces esta cinta? ¿Qué trama se sacaron de la manga para vender algo más de los pájaros rabiosos? Pues la idea va un poco así: un joven pájaro (Red) que siempre ha estado marginado por ser huérfano y tener cejas grandes tiene también problemas de ira. Después de un desplante irreparable, lo condenan a un curso de manejo de enojo en donde conoce a Terence, Bomb y al hiperactivo Chuck. En medio de todo esto desembarcan, en su remota isla, unos cerdos que les parecen carismáticos a los alegres pájaros –quién sabe por qué– y que los engañan con fiestas y bailes eróticos –sí, no miento– para robarse a sus crías (que son todavía huevos). Después de una especie de viaje místico para encontrar al águila fundadora de la comunidad de los pájaros que no vuelan (porque el águila es el ave que puede volar o algo así), Red, Chuck y Bomb se unen a los demás plumíferos –ahora enojados– para atacar y destruir la ciudad de los cerdos que está llena de extraños aparatos voladores y coches y que está construida sobre unos prudentes cimientos de TNT.

Si este resumen de la trama les pareció confuso y sin sentido es porque lo es. Lo que hicieron en Rovio fue tomar el esquema básico del juego y trasladarlo casi idéntico a la pantalla grande. Los elementos que metieron, además de los personajes y las situaciones básicas de la famosa aplicación, fue la idea de una comunidad regida por un búho con complejos de inferioridad y que castiga con todo el peso inepto de la ley cualquier desplante de ira que irrumpa en la armonía feliz de la isla pájaro; un águila que fue majestuosa en días pasado y que ahora vive en la decadencia de su antigua gloria; y una instructora de manejo de ira que saca fuego rosa –o polvos mágicos o algo así– del trasero. Como pueden ver, nada del otro mundo. Todos estos personajes nuevos son formuláicos y pesados, juegan con viejos clichés narrativos básicos: el dirigente petulante que se arrepiente frente al héroe, el salvador caído en desgracia que se cree todavía genial, el extraño interés amoroso de un excéntrico personaje femenino que sirve como alivio cómico…

Y todo se acumula para hacer una película sin mucho sentido. ¿Acaso el mensaje final de la cinta es que la ira no está mal si está dirigida a un enemigo externo que ataca a nuestros hijos? ¿O que la bondad hacia lo diverso es peligrosa? ¿O que las distracciones de las fiestas y los bailes, de la diversión y el relajo, nos hacen descuidar la seguridad que tenemos que brindar a nuestras familias? ¿O que si un enemigo ataca a nuestra comunidad hay que responder con la destrucción total de su pueblo con bombardeos? Y no me malentiendan, sé que muchas caricaturas son maniqueas y hablan de la destrucción de los “buenos” por los “malos”. Sé muy bien que la moral de las películas animadas está cargada, como todo, de sesgos ideológicos. Pero no me digan que el mensaje mucho más inteligente y amplio de Wall-E sobre la ecología, de Up sobre la vejez, de Inside-Out sobre la pérdida de la niñez, de Finding Nemo sobre la sobreprotección paterna, de Shrek sobre los esquemas fantásticos de cuentos de hadas, de How to Train Your Dragon? sobre la relación con lo desconocido, o de Kung Fu Panda sobre la capacidad individual, no son cuestiones más intrigantes que este soso mensaje bélico que fue pensado en quince minutos sobre el esquema básico de una aplicación para celulares. Y aquí nada más cito algunas cintas de grandes estudios en Hollywood, porque si nos vamos con Ghibli la cosa se pone aún más seria.

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Esta trama no nada más no tiene sentido sino que el poco sentido que se le encuentra está en un mensaje bastante burdo, violento y francamente retrógrada.

Lo que digo es que esta trama no nada más no tiene sentido sino que el poco sentido que se le encuentra está en un mensaje bastante burdo, violento y francamente retrógrada. Por demás, todas las películas que citamos antes han propuesto un cambio en la animación hollywoodense que va más allá de los avances técnicos. Tanto Pixar como Dreamworks, en todo su mainstream millonario, han buscado crear historias animadas para niños sin insultar la inteligencia de su público. Todas estas cintas son tan disfrutables para los chamacos como para los adultos y muchos de sus mensajes representan poderosas reflexiones que van más allá de lo infantil en un género familiar –como dijo Pete Dockter– que se puede internar en cuestiones mucho más complejas e inteligentes. En Angry Birds, y ahí radica su más tremenda vulgaridad, vemos que los guionistas y directores pensaron en un público amplio dividiendo sus intenciones en chistes para adultos y chistes para niños. Así, podemos ver cómo todo está pensado para el colorido estrafalario y las relaciones maniqueas que se proponen estereotípicamente para las cintas de niños con un subtexto sexual bastante explícito para divertir, de lado, a los adultos que llevan a sus hijos al cine. Y no estoy aquí echando una advertencia puritana sobre los límites de la sexualidad que hay que mostrar a un público joven –porque eso sería un debate mucho más complejo y puntiagudo– sino que quiero mostrar la bajeza vulgar y barata de los chistes que aquí observamos.

Demos algunos ejemplos. El personaje de Chuck, que es un hiperactivo calcado de los pájaros amarillos triangulares que se aceleran a medio vuelo en el juego, muestra, primero, una peculiar estética homosexual en las fantasías que elabora: de pronto ve la estatua del águila conquistadora y se imagina al héroe bailando con pantalones entallados y músculos sobre músculos de bamboleo sensual; de pronto se dibuja a sí mismo con ropa mínima y cuerpo escultórico; de pronto proyecta su deseo mal emplazado en sus compañeros de aventura. Y luego se explaya en cosas desconcertantes como cuando se están discutiendo planes para recuperar los huevos y él propone algo así como “pues vamos a fabricarlos: alas a la obra pollitas” dirigiéndose a las aves femeninas de la aldea mientras mueve, insinuante, las caderas. Lo que nos muestra, entonces, aquí este extraño subtexto sexual es la calentura poco disimulada de un personaje hiperactivo. Así se observa la configuración del personaje: un pájaro hiperactivo que está caliente y que quiere montarse a todo mundo, incluyendo a una estatua, una réplica fabricada con cocos de sí mismo, las aves femeninas de la aldea o a sus amigos. Y no es que esté mal, en sí, esta caracterización. Poco importa. Lo que en verdad sorprende es ¿qué hace esto en una película de Angry Birds? ¿Es este subtexto algo que pueda entender el público infantil al que va dirigida la película? Y si esto fue sólo un mensaje para divertir a los adultos que van a verla ¿es en verdad divertido? ¿Hay algo interesante en toda esta mezcla rápida y aterradora de la hiperactividad sexual en un pájaro amarillo de caricaturas?

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El humor “adulto” podría llegar a ser divertido, si siquiera fuera original, en otro tipo de parodia, en otro tipo de caricaturas para adultos con otros subtextos y otras intenciones.

Digo, todo esto es como ver a Abelardo masturbándose frenéticamente: puede ser divertido en una parodia estilo Peter Jackson de los muppets pero no es algo que quieras ver en Plaza Sésamo después de aprender a sumar con el conde Drácula de las matemáticas. Y hay más ejemplos en la decadente sexualidad del águila (que baila, sensual, cada vez que puede al ritmo de alguna choteada canción de disco o nostalgia ochentera); o en la invasión de los cerdos que seducen, literalmente, a las aves haciendo un baile de striptease con motivos vaqueros: hay encuadres centrados en los traseros desnudos de los cerdos que se asoman en los pantalones vaqueros abiertos, guiños de ojo, bamboleos insinuantes y, finalmente, los cerdos que se quitan los pantalones para aventarlos a la tribuna. O, por dar un último ejemplo, cuando los tres personajes principales encuentran al águila majestuosa hay una larga escena que se extiende por cinco minutos en donde los tres pájaros ven, de frente, mear a su héroe. Las caras confundidas y traumadas de las inocentes aves se refiere, al mismo tiempo, a que acaban de bañarse en los meados de su héroe y a que, evidentemente, le están viendo el pene. Y digo, esto es nada más confuso y terriblemente perturbador en una cinta que no nada más es infantil sino que busca infantilizar a su público. De nuevo, esto podría llegar a ser divertido, si siquiera fuera original, en otro tipo de parodia, en otro tipo de caricaturas para adultos con otros subtextos y otras intenciones; pero ¿qué es lo que hace como argumento central de la película de Angry Birds?

Y es aquí en donde el doblaje lo empeora todo con el gastadísimo y francamente soso juego de palabras que quemaron los Huevocartoons entre los testículos humanos y lo que ponen las gallinas. Porque los que hicieron el doblaje intentan, una y otra vez, jugar con este doble sentido que no puede existir en el guión original (eggs está lejos en proximidad metafórica a los testículos en inglés). Y aquí tenemos, repetidas hasta el cansancio, frases como “protejan los huevos”, o momentos chistosillos espantosos tipo “escondan los huevos”, “¿dónde están los huevos?” o, lo que es todavía más grotesco, una horda de cerditos verdes cantando en coro “¡coman huevos! ¡Coman huevos! ¡Coman huevos!”. Además, para acabar de enmarcar estos momentos grotescos, vemos en una extrañísima secuencia que va más allá de la traducción. En esa escena se intenta explicar, con un corte a la proyección fantasiosa en la imaginación del rey cerdo, el amor que tienen los invasores por los huevos de estas aves. Así, el rey cerdo ve un huevo –caracterizado aquí como un niño de kínder al que le leen cuentos y que espera salir a conocer a sus padres– y se imagina rodando con él en una pradera amorosamente mientras suena Close to You de los Carpenters y se proyecta en las nubes una imagen del cerdo comiéndoselo. Entiendo que con esto quisieron mostrar que los cerdos tienen hambre y consideran estos huevos un manjar. Pero mostrar a los huevos como infantes y luego ver al perverso rey cerdo teniendo una fantasía romántica sobre cómo va a degustar el huevo es francamente perturbador. ¿Si quiera se habrán dado cuenta del horrible sustrato de las imágenes que crearon?

La falta insultante de originalidad

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Claro, pueden ver además, perfectamente, que utilizar un montaje de proyección romántica con Close to You, fuera de la perversidad extraña de la secuencia, es de lo más choteado. Es casi el equivalente a hacer un montaje de entrenamiento con Eye of the Tiger o con la canción original de Rocky: se puede hacer, claro, pero es aceptar que te dio flojera pensar en otra cosa. La falta terrible de originalidad de esta cinta no está nada más, entonces, en  que tomaron línea por línea la mínima trama del juego para convertirla en película, sino que, además, hicieron una cinta llena de clichés, chistes gastados, personajes acartonados, relaciones construidas y propósitos evidentes. Todos sabemos a qué va a llegar la trama cuando, sin ninguna razón, los cerdos les regalan una resortera gigante a los pájaros. Grandioso giro argumental. Y todos sabemos qué va a pasar cuando nadie cree en las advertencias de un héroe cínico y malhumorado; y todos sabemos que este héroe se va a reivindicar, a través de su heroísmo, para encontrar amigos y dejar atrás su amargura; y todos sabemos que el interés amoroso de algunos se cumplirá y que los deseos de orden de otros se restablecerán; y todo es exactamente previsible y esquemático desde los primeros cinco minutos.

Y luego está el espantoso soundtrack: panorámicas felices de una comunidad que se eleva hasta el cielo con On top of the World de Imagine Dragons, check; escena de sensualidad extrañísima con baile mientras suena Wild Thing de Tone Loc, check; escena de enfrentamiento a la autoridad con un policía enojado sobre el que un pájaro, literalmente, se caga, con Sound of da Police de KRS-One, check; las canciones más choteadas del mundo para rellenar otras secuencias evidentes como Never Gonna Give You Up o Rock You Like a Hurricane, check; baile final de todos los personajes con I Will Survive, check. Aquí parece, entonces, que la música sirve para indicarte las choteadas sensaciones a las que debes entregarte: algo así como la casi inmediata programación neurológica que uno tiene al oír los ruidos de Tom and Jerry o los Looney Toons; podemos distinguir lo alegre, lo ominoso, lo terrorífico, con unos cuantos acordes arreglados. Y aquí es lo mismo: con absoluta falta de imaginación las canciones van rellenando las pautas emocionales de un guión que falla en hacerte sentir cualquier tipo de empatía por cualquier personaje, cualquier emoción por cualquier situación, cualquier tristeza, alegría, angustia o alivio.

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La falta terrible de originalidad de esta cinta no está nada más, entonces, en que tomaron línea por línea la mínima trama del juego para convertirla en película, sino que, además, hicieron una cinta llena de clichés, chistes gastados, personajes acartonados, relaciones construidas y propósitos evidentes.

Y bueno, le podemos añadir algunas cosas más a la flagrante falta de originalidad de la cinta. ¿Recuerdan la increíble escena de Over the Hedge en donde el hiperactivo animalillo que interpreta Steve Carell toma una bebida energética y todo el mundo parece detenerse por la rapidez de sus movimientos? ¿Recuerdan a Quicksilver haciendo de las suyas en el escape de prisión de Magneto en Days of Future Past? Pues bien, no sabiendo qué más podían hacer, aquí utilizan exactamente el mismo recurso en el enfrentamiento final con los cerdos: el pájaro que se acelera –sí, ese que quiere tener relaciones sexuales con toda la isla–, desarma a los guardias desacelerando relativamente el tiempo con su velocidad. Y ver de nuevo este mecanismo no nada más produce molestia por el flagrante robo sino que aburre y vuelve, aún más insoportable, una película llena de estos detalles trillados. Además de dejarte pensando sobre el pájaro criminal calenturiento que quiere montarse a toda la isla, que se caga en la autoridad y que puede hacer lo que quiera, por su velocidad, antes de que alguien lo detenga. Sí, es tan perturbadora y mal encauzada la película que no puedo más que imaginarme, en su absoluta falta de límites, que uno de sus personajes es un serio violador en potencia.  

Tal vez le estábamos pidiendo demasiado a Rovio. Digo, no es que la empresa finlandesa sea la más grande productora de contenido original. Su compañía, que llegó a estar valorada en 9 billones de dólares, ha vivido una y otra vez, del éxito repetido de Angry Birds. Y claro, a pesar de su colorido, facilidad y accesibilidad para los usuarios, no podemos negar que este juego es un robo brutal y explícito a Crush the Castle. Después del éxito de 2009 con los pájaros y los cerditos ¿Qué más ha hecho esta compañía? Un remake tras otro del mismo juego y una propuesta de spin-off con el divertido y original pero finalmente intrascendente Bad Piggies de 2012. Así que no podemos decir que estos creativos sean precisamente muy creativos. Son unos genios del marketing, eso se entiende. Han querido llevar su franquicia más allá de los dispositivos móviles hasta llegar a la fayuca de las loncheras de acuerdo. Ahora trataron de hacer esta película, y bueno… Todo esto nos muestra, simplemente, que, para cambiar de medios y expandir una marca Rovio nunca necesitó de gran creatividad o de alguna propuesta nueva en el contenido. Sin embargo, yo creo y espero, que en una era de espectadores cada vez más acostumbrados a la multimedialidad y a los universos expandidos (Marvel, Star Wars, Resident Evil…), este flagrante abandono de la originalidad por las ventas, del contenido por la forma y del respeto al público por el robo flagrante a sus carteras, va a terminar por costarle caro a la compañía finlandesa. Ojalá que así sea. Porque, ¿qué más puedo decir?, les deseo lo peor: tal vez soy un romántico pero ellos, con esta cinta, me acaban de escupir en la cara.

Lo bueno
  • Que Rovio está mostrando sus verdaderos y mediocres colores.
  • Que ya la vi y que nunca más tendré que volver a verla.
Lo malo
  • Que ni lavándome los ojos con lejía me voy a quitar la experiencia de verla.
  • Que actores como Dinklage, Penn y McBride se prestaron a esta basura.
  • Que escuché gente genuinamente feliz recomendándola (aunque, ninguno de ellos, evidentemente, fue un niño emocionado).
  • El mensaje, el trasfondo sexual mal emplazado, la vulgaridad general.
  • Que no nada más es un insulto a la inteligencia del público sino que, el simple hecho de verla, equivale a perder neuronas… De la forma más aburrida.
Veredicto

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No sé qué tanto tuvo que ver creativamente el equipo que hizo el juego en este bodrio espantoso de película. Lo que sí sé es que la traducción al cine de uno de los juegos más importantes del siglo XXI es un fracaso terrible e insultante que muestra la falta de originalidad básica detrás de todo el concepto: bonito colorido, imagen y empaquetado para puro aire y vacío de contenido. Además, se plantea una pregunta que podría parecer inocente pero que tiene todo el peso del más básico sentido común: ¿por qué tratar de darle un significado que no tiene a algo que no lo busca? No es como si Plants vs. Zombies tuviera una gran épica de potenciales fílmicos detrás del juego. Por supuesto, la lógica del juego tiene un sentido interno que se gesta muy bien en la época de internet. Como también lo tiene el Nyan Cat, Flappy Bird (que también se trataron de fusilar los de Rovio), Agar.io o, más estéticamente, Monument Valley. Pero eso no quiere decir que se pueda extraer este significado y trasladarlo directamente a un medio que no lo comprende. La lógica interna del humor de internet, los sinsentidos absurdamente geniales que se permite y la gratuidad de sus asociaciones no se combina bien con la linealidad solemne del cine de Hollywood. Y no tiene por qué combinarse.

Angry Birds ha funcionado perfectamente bien en su mundo digital y no requiere ninguna explicación más allá, como la saga de Candy Crush no exige que se haga una película en tres partes, ni FarmVille necesita de una serie de televisión. No es necesario sacar de su contexto estas producciones culturales para meterlas con calzador a una lógica que no les corresponde. Y, si se hace finalmente este innecesario traslado, se necesita más originalidad, creatividad y fineza que la de un grupo de mercadólogos recogiendo clichés para sacar cualquier bodrio vulgar, confuso y molesto que se les ocurra. Escribo estas páginas para desquitar mi enojo y por eso escribo tanto. Si alguien llegó hasta aquí en la lectura le ruego que se ahorre este horror y que se lo ahorre a sus hijos: ver una película de animación en un cine lleno de niños y no oír una sola de sus risas indica que algo está muy mal en el asunto. Su tiempo es valioso: no lo desperdicie en los cálculos monetarios de una compañía que demuestra con esta cinta, una vez más, que el público le importa tan poco como sus mediocres creaciones.

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Título: The Angry Birds Movie.

Duración: 97 min.

Director: Fergal Reilly, Clay Kaytis.

Elenco: Danny McBride, Sean Penn, Peter Dinklage, Josh Gad, Jason Sudeikis, Maya Rudolph, Bill Hader.

País: Estados Unidos, Finlandia.

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