Retro Reseña: Triología Spider-Man de Sam Raimi – La adaptación más fiel a las raíces del personaje hasta la fecha

| 10 de diciembre de 2021
Porque con todo y sus defectos, con estas tres películas se nota que Sam Raimi (y todo el equipo de producción) realizaron el mejor trabajo que entonces se podía hacer.

Hacia 1989, Batman de Tim Burton había demostrado que el cine de superhéroes podía existir y ofrecer no solo verdadero entretenimiento de calidad, sino que también podía ser rentable en taquilla, y a pesar de la mala recepción que en años posteriores causarían Batman Eternamente y Batman y Robin, en el año 2000 FOX reivindicaría el género de los superhumanos con una película de los X-Men bastante apegada al material original.

La antorcha de las buenas películas de superhéroes sería retomada ese mismo año por Sam Raimi, un director que en aquel entonces ya era considerado como “de culto” gracias a la emblemática trilogía de horror y fantasía The Evil Dead. De esta manera, basándose en la época dorada del Hombre Araña (aquella que podemos identificar en Marvel Comics entre los años 1962 y 1973), Raimi, junto con el guionista David Koepp, elaboraría el primero de tres relatos que asentarían de manera definitiva el imaginario de Spider-Man en la cultura popular.

Raimi trató de adaptar en la pantalla el verdadero espíritu del personaje | Imagen: Sony Pictures

Spider-Man: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

A diferencia de las posteriores películas de el Hombre Araña dirigidas por Marc Webb o las de Jon Watts, los filmes de Sam Raimi jamás pretendieron entregarnos una obra realista. Así lo pudimos advertir desde los primeros minutos de Spider-Man, tras los créditos acompañados del épico tema musical de Danny Elfman, cuando Peter Parker (Tobey Maguire), con una voz en off, advierte al espectador la naturaleza de este relato: una historia que “no está hecha para los miedosos”.

De esta manera se establece el primer paralelismo entre la película y los cómics de la época dorada de Spidey, los cuales se caracterizaron por ofrecer a los jóvenes lectores de la década de los sesenta historias emotivas no exentas de dramatismo, un tono que, si ponemos un poco de atención, nunca se abandonará en las películas del arácnido de Sam Raimi.

Una telenovela al mero estilo de Stan Lee | Imagen: Sony Pictures

En poco menos de quince minutos Spider-Man ha desplegado a todos los personajes importantes en su trama, y con la muerte del tío Ben, logra definir por completo al superhéroe que, a pesar de que se seguirá desarrollando en producciones posteriores, ha fijado con esta cinta su brújula moral gracias a la icónica frase del tío Ben: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Aforismo que originalmente no salió de la boca de este personaje, sino que fue la sentencia con la que Stan Lee concluyó ese legendario número de Amazing Fantasy #15.

Así, a lo largo de casi dos horas llenas de acción, chistes infantiles y drama (muchísimo drama), Sam Raimi logró entregarnos al que es probablemente el mejor villano del Trepa Muros hasta la actualidad, el Duende Verde de Willem Dafoe, el cual, al igual que Spider-Man, también ha obtenido inmensos poderes, pero a diferencia de este, al no tratar con responsabilidad su nueva naturaleza, sucumbe ante sus propias fuerzas, siendo asesinado por mano propia.

Spider-Man y el Duende Verde son las caras opuestas de una misma moneda | Imagen: Sony Pictures

Spider-Man 2: Hasta los monstruos son capaces de redimirse

Tras haber conocido el origen del héroe, dos años después de la primera película del personaje, Sam Raimi, junto con Tobey Maguire y Alfred Molina, volvió a arremeter con una nueva cinta de el Hombre Araña bastante superior a su predecesora.

El tono ciertamente era el mismo (la inspiración en los cómics de Lee, Ditko, Romita, Buscena y Kane sigue estando presente), no obstante, las aspiraciones del director se elevaron enormemente al tratar de destruir al personaje no solo del protagonista, sino también del antagonista, el Doctor Octopus, solo para volverlo a construir. Su intención, en esta ocasión, era la de demostrar que a pesar de que al hombre le rodeara la mayor oscuridad, siempre hay una luz en su interior que le puede permitir enfrentar cualquier dificultad con valentía.

Destruyendo a los personajes solo para volverlos a construir | Imagen: Sony Pictures

Para lograr este efecto de sentido, Spider-Man perdería sus poderes (una clara alusión al arco Spider-Man: No more! de Stan Lee y John Romita Sr.), Peter Parker perdería al amor de toda su vida, y Otto Octavius perdería su humanidad. Dejando esta puesta en escena, Peter Parker lucharía en contra de Spider-Man, Spidey en contra del Doctor Octopus, y el villano en contra de sí mismo.

¿El resultado? Parker asumiría nuevamente la responsabilidad, no la de los poderes de Spider-Man, sino de sí mismo: aquellos que le permiten influir sobre su propia realidad a través de la voluntad. Mientras que Otto Octavius, a diferencia del Duende Verde, asumiría su responsabilidad en el desastre provocado por su propio experimento, sacrificándose con tal de salvar a su enemigo y a toda la ciudad que en algún momento llegó a burlarse de él.

Al final, el viaje de protagonista consolidaría al héroe, y entrecruzándolo con el del villano, nos demostraría que nuestras decisiones, por más pequeñas que parezcan, tienen un peso fundamental en nuestro destino. Con este escenario, tendríamos que prepararnos para el amargo final que resultó ser Spider-Man 3.

La redención de un monstruo | Imagen: Sony Pictures

Spider-Man 3: La oscuridad terminó haciendo sucumbir a la franquicia

El principal problema con Spider-Man 3 es que trató de abarcar demasiadas historias en una sola película, lo que no fue culpa de Sam Raimi, sino de Sony Pictures, que obligó al director a incluir a Venom en la cinta. Por ello desde un principio esta película se siente forzada, y a pesar de que el creador de The Evil Dead es un excelente sastre, Raimi apenas pudo remedar las costuras abiertas de este costal lleno hasta el hartazgo.

Pero vamos por partes. En primer lugar, la producción se aleja de la época dorada de Spider-Man en los cómics que Sam Raimi quería retratar, y la personalidad que Peter Parker obtuvo fue influenciada por el simbionte. Esa identidad siniestra y oscura que el héroe adoptó en la mítica Saga del Traje Alienígena, se convertiría en la de un berrinchudo y patético personaje.

Peter Parker se convirtió en una caricatura de sí mismo | Imagen: Sony Pictures

Por otro lado, tenemos al resto de personajes que hacen aparición. Venom es uno de los villanos favoritos del Trepa Muros, y en esta cinta el simbionte no se parecía en absoluto a Venom, en parte porque Topher Grace fue una pésima elección para interpretar a Eddie Brock, y también porque el maligno extraterrestre jamás tuvo un desarrollo en su historia, solo fungió como un traje poderoso que después se convirtió en chapopote con dientes.

A diferencia de Venom, con Harry Osborn, Raimi logró trasladar el trágico espíritu del personaje que apreciamos en los cómics de J. M. DeMatteis (los cuales influenciaron esta cinta), culminando el conflicto entre Peter y Harry que había surgido prácticamente desde el final de la primera parte. Lamentablemente, a la mayoría de los espectadores el villano les pareció insípido debido a su nulo atractivo visual, por lo que fue condenado al olvido.

El único villano en el que debió centrarse la película | Imagen: Sony Pictures

Finalmente, Sandman fue bien retratado en un principio, revelando las profundas motivaciones que le llevaron a convertirse en un villano, no obstante, conforme fue avanzado la cinta, su importancia se fue relegando en el caótico mar de historias que trató de abarcar la cinta. Con respecto a los secundarios de Spider-Man, los hay algunos muy olvidables, como Gwen Stacy, aunque personajes como J. J. Jameson o Mary Jane lograron brillar con luz propia.

Lo cierto es que esta película no es tan mala como muchos creen, y se nota que Sam Raimi trató de rescatar su propia versión de Spidey. Esto es bastante revelador, pues una cuarta película del Hombre Araña se había proyectado hacia mediados del 2011, pero tras serios desacuerdos entre el director con Sony Pictures, Raimi prefirió no sacrificar su visión y el amor por el personaje con tal de llevarse algunos cientos de miles de dólares en el bolsillo.

Como el protagonista de sus películas, el director de esta trilogía aprendió que un gran poder debe de ser manejado con responsabilidad, pues de lo contrario, este podría proyectarse en su contra. Y así fue como esta saga de Spider-Man llegó a su final.

Sam Raimi siempre amó profundamente al personaje de Spider-Man | Imagen: Sony Pictures

Lo bueno
  • Hacernos creer que es del tío Ben la frase de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”
  • Una banda sonora consistentemente magistral, obra de Danny Elfman
  • Sam Raimi introduciendo pequeños guiños al cine de horror (te vemos a ti, Spider-Man 2)
Lo malo
  • Algunos trajes de los villanos, pues podían pasar de ser regulares a francamente malos
  • Spider-Man 3: la película que ha sobrevivido en el imaginario colectivo gracias a los memes
Veredicto

El superhéroe que definió una era | Imagen: Sony Pictures

La primera trilogía de el Hombre Araña quedará grabada en la memoria de aquellos que la vieron cuando eran niños por toda la existencia. Puede que hoy en día, tanto en el apartado de los efectos especiales, como en el cargado dramatismo que caracterizó a todas estas películas, la trilogía de Sam Raimi no resulte precisamente atractiva para las nuevas generaciones.

Pero no hay duda de que quien se acerque a este universo superheroico (sin prejuicios), y con la mera intención de pasar un buen rato, hallará en las tres primeras películas de Spider-Man la magia que abordó a los espectadores más veteranos desde hace más de 20 años.

Spider-Man es un héroe imperfecto, lo que le vuelve extremadamente humano, y tal como pasa con el Trepa Muros, estas cintas, con todos sus errores y virtudes, nos recuerdan la maravillosa épica que puede aguardar en un relato construido por seres humanos comunes y corrientes.

 

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