México alcanzó la independencia gamer en 1973, cuando un ingeniero mexicano creó una versión nacional de un clásico eterno.

NESA PONG

(Foto: GILONOVOA)

Hablar de videojuegos en México es adentrarse a un mundo aparte, de inversiones, de miles de opciones, de dispositivos móviles y consolas; pero décadas antes de la vorágine ambiciosa en la que se ha convertido la industria, antes de las descargas, la piratería de PlayStation, de la Nintendomania y las maquinitas hubo un momento de independencia mexicana en el que un hombre aprovechó las grietas del sistema para crear la primera y única consola de videojuegos mexicana: NESA Pong.

Y antes de que se lo pregunten: No, la consola no tiene nada que ver con Nezahualcóyotl. Su nombre es la conjunción del famoso juego creado por Nolan Bushnell, PONG, y Novedades Electrónicas, S.A., la empresa que distribuyó por México y Latinoamérica esta consola diseñada por el ingeniero mexicano Morris Behar en 1973.

No se trata de piratería. Podríamos decir que NESA Pong fue creado a partir de una de las máximas de la anarquía: Copia lo bello. Pero para entender su importancia debemos hacer un poco de historia.

La década de los 60 había terminado y México se había sumido completamente en la “modernidad” y, como cualquier otro país que se acaba de sumar al futuro, deseó las cosas que tenían los países más avanzados tecnológicamente, sobre todo para conocer cómo se divierten. En nuestro caso vimos a Estados Unidos, como casi siempre.

La novedad de Magnavox Odyssey, primera consola de videojuegos de la historia, llegó a territorio nacional y las clases privilegiadas fueron las primeras en abrirle las puertas de su hogar. No había grandes graficas, sólo un punto electrónico zumbando en la pantalla del televisor, unas cuantas planillas transparentes y mucha imaginación.

En junio de 1972, Nolan Bushnell y Ted Dabney fundan Atari y lanzan su primer videojuego: PONG. Es una simulación de tenis de mesa en el que dos barras, colocadas a los bordes derecho e izquierdo de la pantalla, se lanzan un punto de luz, que sirve de bola. El jugador podía competir contra la computadora o contra otro ser humano.

Sobra decir que el juego es adictivo y fue todo un hit, sobre todo porque a diferencia del Odyssey un marcador digital y sonido.  Ahora suena hasta chistoso decirlo, pero el hecho que se “escuchara” el rebotar de la luz, como un bip, en la pantalla es un hecho sólo comparable con la primer película con sonido. Además, tenía colores.

PONG! llegó a México en las maletas de padres de traían la novedad a sus hijos tras un viaje en Estados Unidos. Comprarlo directamente en nuestro país era carísimo, pero como Atari no se había tomado la molestia de registrar las patentes de las versiones de arcadía y caseras de Pong, así que en todo el mundo comenzaron a crearse versiones locales del juego.

Como ya dijimos, la versión mexicana fue creada por el ingeniero Morris Behar y dado que era mucho más barato comprar una consola de NESA-Pong que una original, el éxito de la mexicana fue instantáneo. Todos los gambusinos de la electrónica querían jugar en su casa y lo lograron.

Tal fue su penetración en la cultura popular de esta consola que por muchos años después de su desaparición el juego PONG era conocido como “NESA-Pong” por los mexicanos y muchos centroamericanos, en donde se distribuyó el juego.

Las modalidades de juego de la consola eran muy similares a la original: Squash, Ping-Pong (tenis) y Futbolito. Morris Behar creó su propia placa y lamentablemente no hay imágenes disponibles para hacer un comparativo, pero se sabe que los hijos del ingeniero donaron los planos al museo del videojuego de Alemania.

NESA Pong le dio la posibilidad a los videojuegos de entrar a las casas de las familias mexicanas y arraigarse allí, sin que estas tuvieran que gastar mucho dinero.

Sin embargo, como muchos proyectos hechos en México, su existencia se debía más a buenas intenciones que a un plan de negocios concreto. La fama de la NESA-Pong corría de boca en boca, entre un nicho de gamers primigenios, y su creador no invirtió en publicidad real, en los medios de comunicación. Esto impidió que la consola lograra convertirse en un negocio rentable.

El golpe final a este sueño de independencia arcadia vino desde adentro de Novedades Electrónicas. Behar tenía un socio comercial que administraba las finanzas y se llevaba todo el dinero de la compañía, lo que eliminaba toda posibilidad de que continuasen las unidades o incluso los nuevos sistemas de NESA.

No volvimos a tener una consola hecha en México medianamente legal. Pudimos jugar en casa hasta 1980, cuando una distribuidora de carne quiso aprovechar los viajes de regreso de Estados Unidos de sus camiones vacíos llenándolos de la clásica Atari VSC 2600 y distribuyéndolos en exclusiva por Liverpool.

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