El amor al Pump it up entra por los ojos y sale por los pies

Y recuérdalo siempre, no es un simple videojuego.
(Foto: Edgar Olivares)

Si miraras a un bailarín experto en Pump it up mecerse suavemente sobre una máquina de videojuegos podrían suceder dos cosas: que sufras una confusión visual extrema (o sea, un mareo) o que termines enamorándote del juego. En mi caso, terminé mareadísimo.

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Cuando me ofrecieron asistir a un concurso de Pump it up, en primer lugar, no sabía qué rayos era. Me dijeron que se trataba de un concurso de baile (‘¿en serio?’, pensé) que se llevaría a cabo en la Frikiplaza de República de Uruguay, y simplemente dije, sin quejarme: “ok, voy”, o algo así. Soy un completo ignorante, así que, más tarde, tuvieron que explicarme que el Pump it up es el simulador de baile al que los jóvenes (y no tan jóvenes) se suben para que, a niveles exagerados de velocidad, muevan sus piernas para acertar a las flechas que se desplazan al ritmo de música coreana. Tontamente, recordé que ya sabía de qué se trataba e, incluso, me trajo a la memoria la vez que, de niño, mis padres me habían comprado un tapete similar para PlayStation que terminó, como todas las cosas que un día amamos, arrumbado. Lastimosamente, nunca aprendería a bailar. Pero descubrí que el Pump it up es más que un simple juego, y que, en cambio, es un amor que perdura por años. Es (casi) como un arte marcial que equilibra la mente y el cuerpo. También leí por ahí que ha ayudado a que algunas personas pierdan pierdan peso. Es una máquina revitalizadora.

(Foto: Edgar Olivares)

Los orígenes del Pump it up se remontan a hace un par de décadas, cuando, en 1999 en Corea del Sur, el fabricante de videojuegos Andamiro (posiblemente inspirado en el éxito de Dance Dance Revolution de Konami de 1998) creó su primer arcade de baile. A ese momento, se le denominó el renacimiento de las arcades en Corea del Sur, según explica Giant Bomb, que más tarde, terminaría invadiendo a Latinoamérica. En México, un par de años después, cuando aún YouTube no existía, unos fanáticos del Pump it up en Veracruz crearon una página web llamada Pump Warrior, en donde comenzaron a subir videos que pumpers coreanos enviaban desde su país y así. Todo esto me lo cuenta “El Toques” (que acaba de bañarse en sudor después de hacer un extraño performance que no terminé por entender). Así fue como una generación de mexicanos, incluyendo a “El Toques”, se enamoró del Pump it up: por el puro placer de ver videos de un legendario bailarín de Pump it up apodado “La Bestia”, que observaban desde el monitor de su computadora.

“El Toques” parece un niño, en parte porque no para de sonreír y emocionarse, pero en realidad tiene 31 años. Lleva una camiseta gris con dibujos de anime impresos y un pantalón deportivo, pero, hasta hace unos minutos, su atuendo era distinto. Arriba del escenario, en la máquina de Pump it up, unas veinte personas (la mayoría de ellos pumpers) lo observan preparase para su segunda actuación. Le aplauden porque, más que ser un rival más a vencer, es su amigo. Está concentrado y veo que lleva consigo un libro de superación personal de Eckhart Tolle, El Poder del ahora; elige para su performance bailar “Boong Boong (feat. Sik-K)” del rapero coreano Haon. Mientras baila, arroja al suelo la obra de Tolle, se desprende de su ropa y hace una serie de piruetas sin voltear a ver la pantalla del PIU acertando a un buen número de flechas. Mientras me pregunto cómo logra hacer eso, Haon dice en su idioma Floto “boong” como globo/Incluso si caigo, hay un cojín debajo/O un océano al que me soplan los vientos. La máquina lo califica mal, le da una D (que es tan solo un 4% de la calificación general), pero al menos ya logró emocionar a una buena parte del reducido público de la Frikiplaza, incluyéndome.

“El Toques” (Foto: Edgar Olivares)

“El Toques” tuvo que aprenderse su rutina de baile una noche antes, durante la madrugada. Las reglas del torneo exigieron a los competidores elegir canciones que solo formaran parte de la más reciente Pump It Up XX 20th Anniversary Edition y que, en nuestro país, fue lanzada apenas el 26 de enero. Aprendo que ser pumper también requiere de una gran disciplina que ha llevado al “Toques” a desarrollar su propia rutina de entrenamiento, que se divide en cuatro fases. La explicación suena más simple de lo que en realidad es: la primera fase, consiste en elegir una canción que se complemente con tu estilo de baile; la segunda, en la memorización de las flechas; la tercera, en idear una rutina de baile y complementarlos con power moves y, finalmente, continuar practicando hasta que tus movimientos sean perfectos.

Cuando baja del escenario y le pregunto por qué se le ocurrió iniciar su baile con un libro de superación personal, en ese momento entiendo que el Pump it up también es, al menos para él, una inusual forma de encontrar equilibrio en la vida. Y  al escuchar de nuevo la grabación de nuestra plática, pienso (y lo reimaginó) como un sensei, al estilo del Señor Miyagi, que en la vida real sueña con ser escritor y publicar su primer libro. “Esta canción que jugué fue como una sátira del jugador pumper actual”, me dice. Quién sabe cuántas personas vayan cuestionándose de qué forma pueden encontrar un balance en su vida que los haga mantenerse vivos. O bueno, con las suficientes ganas de vivir. Unos podrían hacerse esa pregunta al final de su existencia cuando ya nada tiene sentido, pero “El Toques” lo descubrió (para su fortuna) muy joven.

(Foto: Edgar Olivares)

Y entonces él, quien también cada que busca un nuevo empleo presume en su currículo que es un pumper, comienza a darme clases de amor propio, creo. Porque la vida se trata de eso, ¿no?, de equilibrio.

“Siempre he visto que la parte en tu vida deber de ser lo que es lo social, lo laboral, lo familiar y lo espiritual”, explica.

“El Toques” no ganó y mis náuseas ya han desaparecido, pero dudo que le importe no ser el primer, segundo o tercer lugar, que recibieron una triste cantidad de dinero por su participación (de mil, 300 y 200 pesos, respectivamente), pero él, quien ahora juega cada vez menos al Pump it up, cree que podría llegar a su vejez bailando si es que sus articulaciones se lo permiten.

Cada vez hay menos jugadores de Pump it up de estilo libre tan apasionados como los que acabo de ver y, en parte, se debe a que no es una actividad simple. Los pumpers podrán decir que cualquiera, con mucha práctica, podría convertirse en uno, pero llego a la conclusión de que si el Pump it up no logró entrarte por los ojos y enamorarte en un primer instante, es imposible que tus pies sean capaces de mecerse como una pluma perdida en el cielo.