Unos armatostes de metal muestran que son más hábiles que Molotov, y más carismáticos que Mana.

El futuro es de los robots, y no sólo porque cada año, cada mes, cada día, descubrimos nuevas noticias que muestran cómo los armatostes de metal han ido, uno a uno, superando a sus creadores en tareas que, hasta hace muy poco, parecían exclusivas del género humano. Si bien, es cierto que muchas veces los robots necesitan de un humano, que cual Judas, les enseñe como superarnos, eso no hace más fácil ver sus sorprendentes habilidades, que indudablemente muestran que nuestra caducidad esta próxima.

Tal es el caso de Nigel Stanford, un compositor musical que, emulando a los científicos locos de la ficción, en lugar de buscar compañeros para su nueva banda, decidió programarlos. Stanford pasó cerca de un mes en su garaje enseñando a brazos mecánicos robóticos KR Agilu-diseñados originalmente para trabajo industrial- a concentrarse en crear música y ha dejar de lado las rudas tareas del mundo obrero. Niegel logró enseñar a los ex-robots asalariados -sí, del mismo modelo que intentó humillar al campeón de ping pong mundial– a tocar un piano, sacar sonidos machacantes a guitarra y bajos, así como a presionar pedales de batería y golpear con ritmo los discos.

Los robots músicos de Stanford grabaron un disco, Automatica, que mostrará sus progresos en el campo de la música. Para ir calentando motores, lanzaron un video que se burla de la percepción general que se tiene en contra de los robots. La verdad, por lo menos, suenan mejor que Mana.

fuente Automatica

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