1975: el peor accidente en la historia del metro de la CDMX

En 1975 ocurrió una de las tragedias más grandes del Metro de la Ciudad de México y algunos dicen que fue producto del sabotaje.

El lunes 20 de octubre de 1975, pasando las 9: 30 de la mañana, ocurrió en la estación Viaducto de la Línea 2 del Sistema de Transporte Colectivo Metro uno de los accidentes más aparatosos y trágicos de los que se ha tenido registro en la capital. Dejando como saldo (oficial) 31 personas muertas y 70 heridas, algunas de gravedad.

Así informaba La Prensa sobre la tragedia en Viaducto, 1975 (La Prensa)

¿Qué fue lo qué pasó? La línea 2 (o línea azul) tenía 5 años en operación y la red del Metro, que sólo tenía dos líneas en ese entonces, 6 años en total, por ese entonces aun no contaba con el sistema de pilotaje automático, sólo un sistema de frenado de emergencia.

Cuatro minutos antes de la hora y fecha referidas, el conductor del tren número 10, modelo MP-68 (Matériel roulant sur Pneumatiques 1968, que fue el primer modelo de tren de rodadura neumática del Metro capitalino), Carlos Fernández Sánchez, salió de la estación Chabacano con dirección a Viaducto. En la estación estaba estacionado el tren número 8.

(Foto: El Universal)

Fernández no alcanzó a frenar y se estampo de llenó contra el tren 8 a 70 kilómetros por hora. En cada tren viajaban entre 130 y 140 personas. Los coches motores de los trenes terminaron destruidos, el resto se averió y, aunque los repararon, no volvieron a entrar en servicio (hasta donde se sabe).

Carlos Fernández Sánchez, el conductor, sufrió un politraumatismo y aun así fue trasladado a la entonces penitenciaria de Lecumberri.

El peritaje duró 5 días. En ese tiempo las autoridades determinaron que Fernández Sánchez:

  • Dejó inhabilitado el sistema de paro automático.
  • No activó el sistema de frenos.
  • No prestó atención a su trabajo.
  • No respetó las señales de alto, entre otras causas.

Tras un juicio de dos años, el operador fue sentenciado a 14 años de prisión y pagar una multa de 12 millones 800 mil pesos. Nunca se reportó el pago de indemnizaciones a los afectados por el choque. Años más tarde, el señor Fernández salió de prisión por buena conducta del Reclusorio Oriente.

“Ya no hablo de esto, no me gusta: tengo bien grabada en la mente la imagen de un hombre que quedó atrapado entre los fierros retorcidos, pero se veía sólo de la cintura para abajo, no tenía pantalones, estaba en trusa, ensangrentado. Muchas noches me quedaba despierto pensando cómo pudo haber perdido el pantalón”, declaró Alberto Mercado Morales, uno de los sobrevivientes del accidente a El Universal en 2008. Afirmaba que no volvió a subirse al metro porque su sonido lo “espantaba”.

¡Sabotaje!

Esa fue la historia oficial pero, en 2008, una investigación de El Universal reveló que los archivos del juicio contra Fernández desaparecieron del Tribunal Superior de Justicia.

Manuel Zavala Bucio, quien en 1975 trabajaba dentro del sindicato del Metro como secretario de Prensa y Propaganda, reveló que el accidente fue producto de un sabotaje orquestado entre el entonces regente del Departamento del Distrito Federal, Octavio Sentíes, y Jorge Espinoza Ulloa, director del Metro.

El plan, según la investigación, era que el choque fuera muy leve y su objetivo era llamar la atención del presidente Echeverría, para que colocara un sistema de autopilotaje en los trenes del metro capitalino (lo que al final sí pasó), pero algo salió mal y terminó en tragedia.

“Desde el momento que se robaron la caja negra, la cinta de la caja, la téloc (cronotacógrafo), lo detectamos (el sabotaje). Nunca apareció la cinta, ahí estaba la clave del accidente”, dijo Zavala Bucio en 2008.

Los autores del sabotaje no fueron encontrados culpables, de acuerdo a esta declaración, por que ellos mismos fueron los designados por el presidente Echeverría para investigar el accidente. Tampoco fue condenado el responsable del Puesto de Control de la Línea 2, Carlos Fernández Sánchez, quien vio claramente como se acercaba el tren 10 a su inminente choque y no avisó.

Interior del vagón accidentado (El Universal)

Esta declaración no fue ni la primera, ni la última, en la que se hablaba del sabotaje. En 1984 circuló entre los trabajadores sindicalizados un panfleto titulado Cónica de un Silencio, en el que se narraba todo el plan y como es que a raíz de eso el sindicato del metro recibió muchas prestaciones y privilegios.