El lanzamiento del Falcon Heavy es la culminación de más de una década de trabajo, pero también el inicio de una nueva era aeroespacial.

El primer lanzamiento del Falcon Heavy fue un éxito. Elon Musk consiguió así demostrarle a todo el mundo que SpaceX tiene el cohete más poderos, y de paso ponerse a la cabeza de esta nueva carrera espacial.

Pero más allá del ego de Musk y de su lujoso auto que ahora deambula en el espacio, este primer ensayo del Falcon Heavy representa la culminación de muchos años de trabajo y, al mismo tiempo, el inicio de una nueva era para la industria aeroespacial.

Un Falcon Heavy en la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral. (Foto: Spacex)

El tamaño sí importa

Desde hace casi una década, SpaceX ha utilizado sus cohetes Falcon 9 para poner satélites en órbita o llevar cargamentos a la Estación Espacial Internacional. Y aunque los Falcon 9 son bólidos formidables, Elon Musk siempre supo que su potencia no era suficiente para misiones más ambiciosas y de mayor alcance.

Fue así que SpaceX comenzó a desarrollar un nuevo y poderoso cohete, que les permitiría transportar cargamentos mucho más grandes e incluso realizar viajes al espacio profundo.

Comparación de la capacidad de carga del Falcon Heavy con otros cohetes. (Imagen: SpaceX)

El resultado fue una bestia llamada Falcon Heavy: un cohete formado por tres núcleos Falcon 9, cada uno impulsado por nueve motores Merlin 1D. Mide 70 metros de altura, genera 22,819 kilonewtons de empuje en el despegue y tiene una capacidad de carga de hasta 63 toneladas.

Se trata de un cohete de dos etapas: en la primera, los dos propulsores laterales se separan para luego volver en un descenso controlado; en la segunda parte, el núcleo central continúa su trayectoria hasta la separación de la carga útil, momento en el que también emprende su regreso a la Tierra. Es decir, al final de la misión los tres cohetes regresan a tierra firme.

Una proeza de ingeniería

Y es que no todo es tamaño y potencia en el Falcon Heavy. La idea de Elon Musk no es sólo la de tener un cohete capaz de llegar más lejos, sino también de hacerlo por menos dinero.

Es por eso que SpaceX lleva años perfeccionando su sistema de aterrizaje controlado, el mismo que ya le ha permitido reutilizar varios de sus Falcon 9, incluso en misiones de la propia NASA. Gracias a este “reciclaje” de cohetes, la compañía de Musk ha logrado reducir los costos sustancialmente

Según la compañía de Elon Musk, el lanzamiento de un Falcon Heavy costaría alrededor de unos 90 millones de dólares, una cifra muy por debajo de los 350 millones de dólares que cuesta lanzar un Delta IV Heavy de United Launch Alliance. En otras palabras, esto es el doble de capacidad por un tercio del precio.

A la Luna y más allá

El éxito de este primer lanzamiento seguramente le servirá a SpaceX para cerrar varios contratos. Pero más allá del plan de negocio que tiene la compañía, Elon Musk espera que su cohete sirva para realizar misiones tripuladas a la Luna, e incluso en un futuro no tan lejano llevar a los primeros humanos a Marte.

Es un plan ambicioso y todavía hay un largo camino por recorrer. Pero lo cierto es que, poco a poco, Musk nos ha devuelto la ilusión de ver a alguien llegar más allá de nuestra pequeña canica color azul. Un paso a la vez.

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