¿Qué significa el final de Evangelion?

¿Qué significa el final de Evangelion? Hoy, a 25 años de su estreno, exploramos las verdaderas intenciones de Hideaki Anno tras este anime

Durante años esta es la pregunta que más ronda todas las discusiones sobre Neon Geneisis Evangelion, pero es momento de verdaderamente tener esa conversación ¿qué significa realmente el final de Evangelion?

La obra de Hideaki Anno tiene dos finales, en sí, ambos conectados por un mismo evento: el Tercer Impacto. Sin embargo, la respuesta a esta pregunta no está precisamente en la película que juntó los puntos sueltos del final del anime, sino en las decisiones que motivaron a su autor a hacer un shonen mecha de esta forma.

Evangelion, un anime que nunca quiso serlo

La producción de Neon Genesis Evangelion está atravesada por dos situaciones muy concretas: el crecimiento de Hideaki Anno como guionista y animador (trabajando incluso en proyectos de Hayao Miyazaki) y sus crisis de depresión y ansiedad, que son finalmente las que le dan origen al drama de Shinji, como un aspecto personal, pero también lo que dota de tanta ambigüedad. (Vía: Polygon)

Por un lado, Hideaki Anno tenía en mente explorar un gran compendio de temas sobre salud mental y su propia experiencia en una obra (tal vez un manga, como lo hizo su esposa Moyoco Anno en casi toda su grandiosa obra), sin embargo esa obra terminó siendo Evangelion, un proyecto con un fondo religioso y un aura snob que pronto fue detenida por GAINAX, quien tenía en mente nada más que un anime para vender juguetes, como todos los mechas habidos y por haber hasta ese momento.

(Imagen: Estudio Gainax)

Entre negociaciones y lo encantados que estuvieron los ejecutivos de GAINAX con el diseño de los EVA y los ángeles, el proyecto se desarrolló con más libertad de la que casi cualquier guionista y animador podría aspirar (y que el día de hoy la industria se la debe, en gran parte, a Anno y a Masaaki Yuasa), combinado todo con un shonen bastante clásico que, queda claro, es y se mantiene hasta el episodio 13.

Tenemos un protagonista con problemas de identidad, un tanto patético, con poderes aparentemente naturales dentro de sí y, además, personajes femeninas que sirven de recursos narrativos, como encontraríamos en cualquier anime o manga de este tipo, con algunas cuestiones un tanto filosóficas nacidas del esnobismo que solo se puede encontrar en la cultura pop, como el dilema del erizo de Schopenhauer, o la insistente referencia bíblica con el fondo mítico y, por supuesto, no podemos ignorar el jazz de fondo.

A partir del episodio 13 Hideaki Anno tomó, deliberadamente o no, la decisión de tener tiempos de entrega muy cercanos al límite. Esto le permitió, sobre todo, cambiar los guiones y no tener que entregarlos para revisión y así hacer que NGE, completamente obra suya, desde el guion, hasta el dibujo y la dirección, fuera tal: una obra suya y no de un estudio que seguía interesado (y hasta la fecha sigue) en vender juguetes y figuras coleccionables.

Durante tres episodios el cambio fue, más bien, sutil pero con el episodio 16 la historia dio un giro extremo que sacó a la luz la verdadera intención de Hideaki Anno: destruir el shonen y el mecha; atacar a su propia audiencia, hacerla caer en sus propio clichés y en sus trampas, en sus vicios, y revertir, de raíz, lo que significa este tipo de anime y mostrar un nuevo páramo en el que, además, el buscaba expiar sus propios demonios.

Un asesinato fallido

La historia de Hideaki Anno en muchos sentidos es similar a la de Alan Moore con Watchmen. Aunque él no se desprendió de su obra ni la repudia con toda su alma, sí intentó de la misma forma destruir el género que representaba y con herramientas muy similares que, sobre todo, significaron una experiencia para su audiencia que, contrario a sus expectativas como creadores, llevaron esas mismas intenciones muy lejos del objetivo final.

Páginas 15 y 16. (Watchmen, DC Comics)

Watchmen es, por más que le enoje, la obra más grande e importante de Alan Moore. Su objetivo fue llevar a un terreno humano lo superhumanoAcercar a figuras como Superman, Batman, Spider-Man, Capitán América, o cualquier otro, al drama humano que viven sus creadores y, bajo la misma mirada, mostrar sus contradicciones y lo riesgoso que es implicar la superioridad moral en términos maniqueos como, hasta ese momento, la industria del cómic entendía en sus más grandes figuras.

Los superhéroes, como la economía estadounidense, se esconden tras la máscara de la confianza y Alan Moore buscó exponer esa misma contradicción en la sociedad norteamericana. Una que puede alabar al héroe que esté en el billete de un dólar solo porque está ahí; aquella que compra con más devoción que cabeza acciones de Stratton Oakmont o de Tesla. El único super de Watchmen termina aislado, perdiendo toda la fe en la humanidad, renegado de la suya propia, aceptando que no hay salvación para aquellos seres que prefieren ser salvados que conscientes de su propia fragilidad.

Por su parte, Neon Genesis Evangelion fue no solamente humanizar a su protagonista, sino dotarlo de una humanidad común, patética que no mejora con el tiempo, sino por el contrario se sume en su propia miseria y patetismo. Una que es compartida. Un drama humano expresado en el dilema del erizo, que conforme avanza el anime se vuelve más notorio y los robots son, finalmente, solo una extensión del dolor que Shinji experimenta al saber que no es especial; pero también en sus demás personajes, que caen poco a poco en su propia contradicción, en el eterno infierno que es no poder ser el otro, de solo suponer la existencia de los otros a través de la difusa individualidad.

GAINAX

Los robots y el protagonista se separan de la tradición del shonen y el mecha japoneses. Se convierten en su propio espejo, que regresa un reflejo fatídico en el que las ciudades de verdad se destruyen y la fuerza que impulsa a estas grandes máquinas de destrucción no es infinita. En donde su protagonista no tiene fe ciega ni en sí mismo ni en la tecnología; es consciente de los riesgos y las limitaciones y, además, las repudia. No está satisfecho ni consigo mismo ni con aquella responsabilidad que se le ha impuesto y que cubre porque está obligado, cuando lo que realmente querría es amar en tranquilidad, a quien finalmente termina matando, por cumplir esa misma responsabilidad. No hay heroísmo ciego, no hay moralidades polares. Solo hay un descenso profundo y cruel hacia el verdadero drama de existir y estar condenado a ello. El infierno son los otros porque el infierno soy yo mismo.

¿Qué fue lo que sucedió con estas premisas y estos intentio auctoris? Bueno, Alan Moore revivió a la industria del cómic de superhéroes y creó toda una nueva generación de historietas dedicadas al cliché heroico y al maniqueismo; Hideaki Anno terminó viendo aparadores con figuras coleccionables de Rei y Asuka en lencería o bikini y un nuevo boom de shonens y mechas que terminaron aprovechando todos los vicios que criticó para tener éxito (sí, estoy hablando de Naruto, más que nada).

Alan Moore se desprendió de su obra y ahora vive en nuestros corazones como el viejito amargado que es por, francamente, firmar papeles que no debería firmar (aunque claro que no tenía otra opción). Hideaki Anno, por su parte, vive criticando Evangelion y a sus fans, buscando rescatar su creación de las licencias que no puede negar porque pertenece, en gran medida, a GAINAX (y tampoco tiene de otra).

¿Qué significa entonces el final de Evangelion?

Si nos referimos al final de la película y la serie, este significa poco (más allá de las teorías de Reddit y los foros interminables de NGE en Internet). Tanto el final del anime como de la película nos lleva al punto en el que Shinji, consciente de su propio dilema, asume las riendas de su propio patetismo, acepta la tortura que es existir y decide vivir junto a otros, a pesar del dolor que eso conlleva. En TEoE junto a Asuka, en una película en dos partes que muestra con todo el impacto visual el Tercer Impacto, y que además cierra el círculo de iconografía bíblica que Hideaki Anno casi manejó como fetiche, además de que logra hacer más claros los últimos capítulos del anime, que fueron hechos básicamente sin guion, sin tiempo y sin presupuesto.

Si nos referimos a Evangelion, como unidad, como obra y como el proyecto personalísimo de Hideaki Anno, el final de NGE es una crítica dura y completa hacia la industria del anime y en particular a los títulos para adolescentes y adultos. Todo lo que vemos dentro de el anime está confrontando situaciones que existen en el anime desde hace décadas y que nadie había abordado con tanta violencia porque, por supuesto, venden y NGE es una prueba clarísima de ello.

Hablar de las almohadas y figuras con adolescentes en lencería no es solamente para evidenciar lo banal de la mercancía de anime, sino para evidenciar una de las principales formas en que la audiencia llevó lejos de sí mismo NGE, pues una de las principales apuestas de Hideaki Anno fue criticar esa misma sexualización hacia las personajes femeninas, y sobre todo ADOLESCENTES con la relación que existe entre Asuka y Rei con su entorno.

Lo mismo sucede con la relación entre Shinji y Kaworu, criticando las pretenciones de harem de los shonen que ponen a las mujeres de la historia como accesorios para el desarrollo del protagonista. Aquí, el protagonista no solamente termina explorando su sexualidad más allá de lo impuesto (Shinji siempre reniega todo aquello que se le ha impuesto y esto es clave, no es que sea un MC llorón, es que es un adolescente en búsqueda de su identidad), sino que aquellas que en un principio son tratadas como eso, un accesorio para el desarrollo de Shinji, terminan mostrando sus propias historias, sus propios dramas, conviviendo entre ellas, retratando con franqueza lo terrible que es la competencia entre mujeres en un mundo que las trata precisamente como eso, como las “señoritas perfectas” o las “muñecas sin vida” de la animación. Asuka le grita en tu cara a Rei que al menos actúe como un humano, abriendo una subtrama rica y densa de lo que representa la humanidad y la identidad.

Lo mismo con el mecha y el shonen como géneros. La crítica no es solo evidente, es hasta grotesca como para pasarla por alto, pero en las comunidades de Evangelion esto es de lo que menos se habla. En cambio, se busca siempre, con el esnobismo de los primeros capítulos, encontrar el fetiche accesorio de Anno en toda la trama y narrativa de NGE, ignorando el hecho de que están consolidando parte por parte aquello el autor ha recalcado que desprecia.

El final de Evangelion no es más que la consumación de todas las críticas de Hideaki Anno en una experiencia personal, propia de la terapia y de los tratamientos terapéuticos para el manejo de la depresión: la aceptación. Ello no quita jamás la crítica, solamente la potencia y hace evidente que el final feliz de todo anime es un placebo, como lo es también la terapia psicológica. El monstruo vive debajo de nuestra piel y está acechando detrás de los aplausos, detrás de cada paso adelante y detrás de cada sonrisa.

No son continuación, hagas lo que hagas

Hideaki Anno no se ha rendido todavía con el final de Evangelion y con su obra, es por eso que aún tenemos las películas de Rebuild, que por más que se insista en que son continuaciones, el autor ha dejado en claro que esto es una versión de NGE con la que él está contento lejos de las restricciones y limitaciones que tuvo con GAINAX, pero por fuerza de costumbre, su público está dispuesto a activamente ignorarlo con tal de satisfacer sus propios fetiches. (Vía: Sora News)

Los Rebuilds no solamente exploran los mismos tópicos y se enfrentan a la audiencia de la misma forma, sino que además lo hacen con mucha más soltura y, por supuesto, con mucho más presupuesto. No existe, al parecer, el aspecto tan críptico del anime, pero sigue estando ahí una crítica fuerte y constante a la industria japonesa de animación no solo de antes, también a la de ahora, que sigue jugándole la misma mala pasada a Hideaki Anno, que por supuesto se dio ya por vencido y cada vez parece más una versión suavizada de Alan Moore, que sigue apegado a su creación, pero es totalmente ajeno a su comunidad y a lo que tengan que decir de su obra.

El final de Evangelion es también el Rebuild de Evangelion. Es Hideaki Anno aferrándose a una idea vieja, personal pero también que cambió por completo la forma en que consumimos anime, así como Alan Moore cambió la forma en que consumimos el mito heroico; ambos, por supuesto, vencidos por la industria.