En internet hemos sido testigos de innumerables éxitos, hazañas y momentos históricos, pero hay cosas que jamás van a suceder. Ryan Gosling se niega a comer cereal y punto. A  la adorable misántropa Tardar Sauce -mejor conocida como Grumpy Cat– nunca le vas a caer bien. La suerte de Bad Luck Brian está atada sin remedio a la Ley de Murphy. También ocurre lo impensable (horror de horrores, Ben Affleck sigue siendo Batman, ¿verdad? En fin.).

¿Entonces cuál ha sido el secreto de estos personajes para conquistar el corazón de millones de internautas? Apunta, forever alone, apunta.  El humor tiene mucho que ver y también la capacidad felina de dominar al mundo, pero el ingrediente más importante de esta replicación frenética es la simplicidad creativa aunada a la naturaleza humana de compartir.  Encerrado en esas dos sílabas primitivas -meme-, lo que estamos presenciando es uno de los fenómenos más básicos de transmisión cultural.

Aunque los memes encontraron en internet el terreno viral perfecto, se trata de un término acuñado hace casi 40 años para explicar cómo es que se transmite la información cultural de persona a persona.

El responsable es el zoólogo y teórico evolucionista Richard Dawkings, que en el libro El gen egoísta (The Selifsh Gene, 1976) plantea la existencia de dos tipos de replicadores: los genes que se transmiten hereditariamente por reproducción, y los memes que propagan a través de la cultura por enseñanza e imitación. Un meme puede ser una buena idea, una canción, un mantra, foto o poema infeccioso que brinca de cerebro a cerebro. La analogía apunta a que los memes se replican igual que los genes, que hay un proceso de selección natural relacionado a la supervivencia del más fuerte y que los memes están también sujetos a mutaciones.

Todo suena muy serio hasta aquí, pero después algo sucedió y pasamos del ámbito de la teoría evolucionista darwiniana a gatos, bebés y mujeres con cara de pato en Facebook. Entonces reapareció Richard Dawkins en 2013 para teorizar sobre esta nueva subcategoría: los memes en internet que, en vez de experimentar mutaciones aleatorias (como los genes), se basan en mutaciones intencionales producto de la creatividad humana.

¿El único requisito de supervivencia? Tiene que ser una buena idea, algo que nos prenda el foco de la socialización, que nos incite a crear y a compartir. Por favor, por “idea buena” no entendamos “idea útil”. No se trata de inventar la rueda, sino de rodar la bola. Es simplemente algo con un talento extraordinario para copiarse, en cierto sentido tan fútil como la replicación genética misma -aunque esto no quiere decir que no se pueda utilizar como herramienta para propagar cambios sociales positivos o, siendo más realistas, como estrategia para venderle más cosas a más personas.

Así que la metáfora perfecta de transmisión es un virus que pasa de blog a blog, que se esparce a través de redes sociales y se abre camino entre las bandejas de entrada. Contra el contagio de contenido viral no hay estornudo en la corva del brazo que proteja. No hay vacuna contra las buenas ideas. Larga vida a Grumpy Cat.

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