La nueva película apocalíptica de Christopher Nolan se ocupa de los viajes espaciales y la búsqueda de nuevos planetas habitables para la humanidad. En ese camino, la producción se topó con la necesidad de crear un “hoyo negro” para proyectar en las salas de cine. El reto no es sencillo, hasta el momento, no sabemos realmente cómo podrían lucir estos fenómenos naturales.

Hace algunos años Jonathan Nolan trabajó en un guión para una película que supuestamente dirigiría Steven Spielberg. El director abandonó el proyecto y tiempo después el hermano de “Jonah” lo retomó. Así nació la idea de que Christopher Nolan realizara Interstellar, la cinta que aparecerá en cines el próximo 6 de noviembre.

0En pocas palabras, la película aborda un colapso en la agricultura del planeta causada por el calentamiento global. Para ese punto, el maíz es lo único que puede cosecharse y la humanidad parece enfrentar una terrible hambruna que podría erradicar la especie de una vez y para siempre. Un astronauta veterano (Matthew McConaughey) es llamado de nuevo al servicio para dirigir una misión urgente para buscar otro planeta habitable.

Interstellar

El asunto es que otras estrellas y otros planetas parecidos a la Tierra están realmente lejos. Es decir, una misión tripulada tardaría décadas para llegar hasta allá; sin ir más lejos, la sonda Voyager 1 salió del Sistema Solar en 2012 y fue lanzada en 1977. Para resolver este asunto tomaron el ejemplo de Carl Sagan y su novela Contact, de 1985. En ese entonces el astrofísico Kip Thorne le recomendó a Sagan que usará los agujeros de gusano para resolver el problema de los viajes interestelares.

Un agujero de gusano es una deformación hipotética del espacio-tiempo que actuaría como una especie de “puente” entre dos puntos remotos del universo. La idea parecía aplicable para la película de los hermanos Nolan, por lo que buscaron al mismo Kip Thorne para que los orientara a este respecto. El astrofísico retirado ha sentido siempre un especial interés en divulgar complicados conceptos de la ciencia al público en general, incluso él mismo había pensado en una película que abordara estos conceptos; por lo que se tomó el trabajo muy en serio.

Matthew-McConaughey
Matthew McConaughey en Interstellar

Cuando Chris Nolan y la producción le hablaron de Interstellar inmediatamente propuso que pusieran en pantalla un agujero negro. Parece una propuesta sencilla, pero no lo es. El asunto es que nadie nunca ha visto un fenómeno como éste, y aunque existen ciertas teorías de cómo luciría, no tenemos al momento nada concluyente. Básicamente, la cuestión era: ¿cómo pondremos en las salas de cine un fenómeno que nadie ha visto de manera realista?

Afortunadamente para ellos, Thorne se propuso enfrentar el reto de la manera más precisa posible. Paul Franklin, uno de los directores de Double Negative, el estudio de efectos especiales ganador del Óscar, se presentó en la casa de Thorne y le pidió que escribiera algunas ecuaciones que le ayudarían a generar el software necesario para recrear un agujero de gusano.

Después de un informe con decenas de páginas y un enredado mundo de ecuaciones, Franklin y su equipo lograron crear un modelo esférico bastante complejo que ilustra más o menos cómo se vería uno de estos agujeros en el espacio. Motivados por este éxito, se lanzaron a construir el mayor reto de todos: un hoyo negro. Dada la naturaleza de este tipo de fenómenos, se tuvo que diseñar un software prácticamente desde cero. Las herramientas que utilizaban para este tipo de trabajos funcionaban bajo el supuesto de que la luz se movía en patrones rectos. Sin embargo, los hoyos negros no funcionan así.

Según la teoría de la relatividad general de Einstein, los hoyos negros son masas concentradas con una gravedad inimaginable. Con esos niveles de gravedad, no sólo la luz sería absorbida, sino que el espacio y el tiempo se deformarían alrededor. De manera que la visualización de este fenómeno plantea diversos retos, tanto para los guionistas, como para el estudio de efectos especiales.

El trabajo de Double Negative se centró en la creación de un software especializado que siguiera de cerca las ecuaciones de Kip Thorne. La luz alrededor del hoyo negro debía verse de forma esférica, según las peticiones de Nolan, por lo que el estudio se dio a la tarea de crear un disco de luz para hacer correr el software. Algunos de los frames tardaron más de 100 horas en renderizarse bajo las indicaciones del director y el astrofísico. Una vez terminado, corrieron el programa y el resultado fue sorprendente. En lugar de ver una esfera oscura y un disco que la rodea (algo parecido a Saturno), el hoyo negro formó un halo de luz.

A pesar de la belleza de la imagen, Franklin y su equipo no estaban seguros de que todo hubiera salido bien, hasta que el mismo Thorne les aseguró que su software había seguido con exactitud las ecuaciones que les había mandado. De pronto, cineastas, artistas y Thorne mismo estuvieron ante la representación más exacta hasta el momento de cómo podría lucir un hoyo negro. Con más de 800 terabytes de datos invertidos en esta película y en la secuencia del hoyo negro, el resultado es impresionante.

Anne-Hathaway
Anne Hathaway en Interstellar

No sólo podremos disfrutar de una imagen única para la humanidad, el mismo Kip Thorne está seguro de que esta visualización de los datos que envió al equipo de Double Negative podría consolidar algunos avances en nuestro conocimiento de los hoyos negros. Incluso se propuso publicar al menos dos artículos relacionados con lo que se puede ver ahí. Algunos verán en este hoyo negro un portento de exactitud, otros de belleza; como quiera que sea, los efectos de esta película parecen haber dado un paso más para construir la consciencia que todos tenemos de nuestros universo.

Para terminar, te dejamos un video que la producción entregó a Wired de cómo trabajaron con el hoyo negro para Interstellar:

fuente Wired

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