La red social más importante del momento tiene una relación más cercana con la filosofía de lo que crees. 

Cuando pensamos en Facebook pocas veces nos damos cuenta que detrás del desarrollo de la red social que más ha impactado al mundo se encuentra toda una teoría que le da sustento al crecimiento desmedido que ha tenido en su corta historia.

El placer del resentimiento

Desde su adolescencia nadie negaba que Mark Zuckerberg era un excelente programador, que coqueteaba con la genialidad. El joven Mark dedicaba la mayoría de su tiempo a hackear sistemas informáticos o a crear software divertido, como una versión digital del juego de mesa Risk, o una extensión para reproductores MP3 que “aprendía” los gustos de su usuario y creaba automáticamente listas de reproducción personalizadas. Sin embargo, todo su genio no le servía ni un milímetro a la hora de socializar.

De acuerdo con testimonios de la gente que lo conoció en sus primeros años en la Universidad de Harvard, Zuckerberg era asocial, muy tímido, nada popular e incluso era considerado un nerd entre los nerds de la carrera de programación. Su vida dio un vuelco cuando, encerrado en su cuarto ubicado en una de las residencias estudiantiles de Harvard, decidió realizar una travesura motivada por una gran pulsación: un resentimiento en contra de las chicas populares que lo despreciaban y, según confesó después, como lubricante unas cervezas que lo pusieron entonado.

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Zuckerberg en su época como estudiante de Harvard.

En una noche Mark programó Facemash, una página en internet donde colocó las fotos que había robado de los directorios (los Facebooks) de la universidad, eliminó todas las fotografías de los hombres, y subió a su página sólo las fotos y nombres de las mujeres de Harvard.

Inicialmente, la idea del joven programador era comparar a cada chica con animales de granja, para demostrar que muchas de ellas eran más feas que los cerdos. Pero en el transcurso de la noche decidió sólo mostrar “duelos” de belleza entre las estudiantes.

“¿Nos escogieron por nuestro aspecto? No. ¿Nos juzgarán por él? Sí”, era la sentencia que todos los que ingresaban a Face Mash podían ver antes de juzgar y calificar la belleza de las mujeres de Harvard.

La travesura de Zuckerberg, que estuvo a punto de costarle la expulsión de Harvard, sirvió de germen para el desarrollo de la plataforma pero con un enfoque ya no centrado en la crítica –aunque se mantuvo mucho de eso– sino en prolongar la experiencia social de la vida universitaria (el momento en el que la mayoría de la gente socializa más, en palabras de Eduardo Severin, uno de los fundadores de Facebook), permitiendo enterarse de las actividades de tus amigos, con fotografías, perfiles, y datos básicos como edad, escuela, estado civil, etcétera. Sin duda uno de los principales impulsores del cambio de enfoque de Zuckerberg, y que ayudó a explotar el potencial de la red social, fue un experto en ajedrez y filósofo especializado en la teoría de la reproducción mimética que se convirtió en mentor de Mark menos de un año después del lanzamiento de Facemash.

Facemash, el antecedente de Facebook
Facemash, el antecedente de Facebook

El alumno de René Girard

Peter Thiel se volvió sumamente popular en la segunda mitad de los años noventa cuando, junto con Elon Musk y Max Levchin, fundó PayPal. Después de vender sus acciones de PayPal a eBay, Thiel se dedicó a financiar empresas a través de fondos de capital de riesgo. Pero Thiel es bastante poco común dentro del mundo empresarial.

Thiel fue uno de los mejores jugadores de ajedrez de Estados Unidos durante su adolescencia, y ganó el título de maestro a los 21 años, además estudió la carrera de filosofía en la Universidad de Stanford donde tomó clases con el filósofo francés René Girard. Durante su paso por la universidad Thiel se volvió un ferviente seguidor de la obra de Girard, sobre todo del libro Des choses cachées depuis la fondation du monde (Acerca de las cosas ocultas desde la fundación del mundo). En el texto de Girard se explica cómo detrás de todo comportamiento humano subyace la imitación, como en cuanto un grupo desea apropiarse de un objeto, otro lo imita.

Peter Thel con Elon Musk antes de los injertos de pelo que luce actualmente el fundador de Tesla
Peter Thiel y Elon Musk, el segundo todavía no tenía injertos de pelo.

Thiel, descrito como un genio que habla a toda prisa, ha mencionado en múltiples ocasiones que la teoría del deseo mimético de Girard le cambió la vida y le ayudó mucho cuando decidió dedicarse de lleno a impulsar sus propias empresas y apoyar el desarrollo de otras startups. De acuerdo con la teoría de Girard, la mayor parte de las conductas humanas se basan en la imitación, la imitación de un modelo lleva en primer instancia a buscar seguir sus pasos, pero en un punto se llega a desear las mismas cosas (materiales, afectivas o imaginarias) que el modelo, y por ende se detona un conflicto al buscar arrebatarle sus posesiones.

Inicialmente Thiel basó esta idea para realizar sus negocios, volver sus productos atractivos para un potencial “modelo de imitación”, es decir una gran empresa que estuviera dispuesta a invertir o comprar su servicio. Si conseguía esto, en poco tiempo tenía a un sinnúmero de posibles accionistas rondando y ofertando por hacerse de sus productos, alcanzando cifras millonarias.

Así se veía thefacebook, la versión original de Facebook
Así se veía thefacebook, la versión original de Facebook.

Cuando en la segunda mitad del 2004, tan sólo 6 meses después del lanzamiento de thefacebook (el nombre original de la red social), Mark Zuckerberg conoció a Peter Thiel en una reunión organizada por Sean Parker, el creador de Napster y en ese entonces presidente de thefacebook. Los dos genios empatizaron de inmediato. Thiel, que ya estaba interesado en el potencial de las redes sociales, se dio cuenta de que el servicio de Zuckerberg era una plataforma perfecta para confirmar las teorías de René Girard.

La reunión de Thiel y Zuckerberg no sólo significó la primera gran inversión que recibió la naciente Facebook (500 mil dólares), a partir de ese día también se eliminó el “the” del nombre oficial del servicio y  también sumó de lleno a Thiel al proyecto, quien se convirtió desde ese momento en accionista de la empresa, miembro permanente de la junta directiva y, de facto, en el ideólogo de la compañía.

Además, poniendo en práctica las ideas de Girard, Thiel buscó a como diera lugar que Microsoft se interesara en comprar acciones de Facebook. Cuando el filósofo logró que la compañía de Bill Gates adquiriera menos del 2% de Facebook, comprobó el poder de la mímesis, debido a que todos los inversionistas que habían estado reacios a invertir en una compañía que no tenía ningún tipo de ganancias en ese momento se pelear por comprar acciones y por ende multiplicar el valor de la compañía en cuestión de meses.

La ideología Facebook

Cuando Thiel se sumó a Facebook la red social sólo era accesible para estudiantes de ciertas universidades de Estados Unidos, en ese entonces Sean Parker tenía pensado ampliar la cobertura del servicio a otras universidades del mundo, algo que Mark Zuckerberg ya había iniciado pero a escala reducida, sacando el servicio de Harvard y alcanzando a las universidades de la Ivy League. Thiel pensaba diferente, creía que la red podía ser abierta a todo el mundo y volverla un fenómeno mundial.

De acuerdo con Thiel, el concepto inicial de exclusividad de thefacebook, que confería a sus miembros un estatus imaginario inmediato, podía replicarse en cualquier tipo de persona. En ese momento la red social ya estaba posicionada entre universitarios, por tanto, basados en la idea del deseo mimético, era sólo cuestión de abrir la red a todo el mundo para que una horda de nuevos miembros del servicio se inscribiera buscando imitar a los universitarios, los hijos pródigos de la sociedad norteamericana, y estos nuevos usuarios atraer a sus redes sociales físicas dentro de un servicio que “estaba en boca de todos”.

Peter Thiel, el ideólogo de Facebook
Peter Thiel, el ideólogo de Facebook.

Según las ideas de Thiel, las personas cada vez relacionan más su valor, y por ende su estatus frente a la sociedad, con “las cosas imaginarias”, y una plataforma a través de la cual podrían dar rienda suelta a valorarse, así sea imaginariamente, en competencia directa con los demás a través de intentar ocupar el espacio de “modelo” o ver en directo a sus “modelos”, sería un espacio ideal para monetarizar el deseo de reconocimiento de la sociedad. Es decir, para Thiel el éxito de Facebook radicaba en poder convertir en dinero el deseo de reconocimiento que dan de manera inmediata los likes. Así lo dijo Thiel en una entrevista para Business Insider:

“Según Girard, la imitación es ineludible. Como regla general, los seres humanos hacemos lo que hacemos sólo porque otras personas lo están haciendo. Es por eso que todos terminan compitiendo por las mismas cosas: ir a las mismas escuelas, ocupar los mismos puestos de trabajo, invertir en los mismos mercados. […] Las personas competirán más ferozmente por las cosas que en realidad no tienen importancia, y una vez que comience el conflicto van a luchar más y más arduamente.”

Es decir, la idea que Thiel tenía de Facebook se alejaba mucho de la que tenía –por lo menos en público– Zuckerberg, que seguía viendo a su plataforma como una forma de socializar, de seguir en contacto con amigos y círculos sociales. Thiel veía en Facebook un espacio para la competencia, pero no de manera directa y franca, sino encubierta, un espacio para marcar tendencia y dirigir de cierta forma los deseos, mostrar, como en algún otro momento lo hizo la televisión, los símbolos de lo aspiracional.

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Además, Facebook es un espacio ideal para la confrontación ridícula, un espacio para mostrar vivamente el conflicto (sobre todo entre “amigos”) por cuestiones que carecen de importancia, o aun teniéndola las argumentaciones se hacen más con la visera que con la cabeza, con el puro afán de ganar más pequeños “pulgares arriba”. Prueba de lo anterior son los incontables post en los que “amigos de Facebook” pelean por discrepancias políticas, religiosas, o de estilos de vida que terminan por no llegar a nada más que mostrar su supuesta superioridad argumentativa en su propia cabeza o dentro del mercado de identidades que la red social ofrece, una competencia con las “vidas ajenas” que ahora nos son observables (la mayoría de las veces cargadas de mentiras) desde la comodidad de la pantalla de nuestro smartphone.

Es decir, Thiel se dio cuenta de que Facebook es sólo una prolongación, mucho más eficiente, de Facemash, una página que mostraba lo aspiracional y el conflicto de manera directa, y que justo por eso era poco eficiente para formar parte de la vida de las personas de manera continua. Facebook es un monstruo de la mímesis, que prolonga el apetito de reconocimiento y una ventana abierta para copiar la vida de los otros, es la pesadilla de Girard enloquecida.

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