Vivir en esta época de modernidad tecnológica tiene sus ventajas, aunque también sus puntos negativos. Todo los que trabajamos detrás de una computadora conocemos los dos lados de la moneda.

¿Quién no ha recibido un correo “urgente” después de la hora de la salida? Este tipo de situaciones son cada vez más comunes, gracias a que los smartphones permiten que los trabajadores puedan “cargar” con su oficina en el bolsillo. Como consecuencia, las jornadas laborales han comenzado a extenderse más allá de las paredes de la oficina.

Sin embargo, en Francia esto está a punto de cambiar. Y es que según un reporte de The Guardian, los sindicatos franceses han llegado a un acuerdo con las empresas tecnológicas en ese país, con el objetivo de que los empleados ya no tengan que responder e-mails fuera de su horario de trabajo.

Según el documento, los trabajadores franceses están obligados a “desconectarse” para asegurar su descanso más allá de las 35 horas semanas de trabajo que se contemplan en la ley. En otras palabras, tendrán que dejar de responder correos desde sus computadoras y dispositivos móviles, una vez que hayan salido de la oficina. Además, también se le prohíbe a los empleadores a ejercer cualquier tipo de presión sobre sus subordinados para que atiendan sus mensajes después de la jornada.

El convenio ha sido firmado por los sindicatos CFDT y CGC, así como por la las federaciones Syntec y Cinov, los cuales representan el 56% de los trabajadores del sector tecnológico francés. Esto incluye a las filiales en Francia de empresas como Facebook, Google, Deloitte y PwC.

Aunque quizás todo esto suene a un problema exclusivo del mundo Godínez, lo cierto es que además del tema de legislación laboral, también se debe tomar en cuenta el de salud, pues existen varios estudios sobre cómo la adicción al trabajo disminuye las capacidades físicas y mentales.

De esta forma, Francia ha dado el primer paso hacia un cambio legal en este aspecto. Así que au revoir a los correos después de las 6 de la tarde.

*Foto de portada: Håkan Dahlström

fuente The Guardian

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