Una avispa deposita huevecillos en arañas y cuando nacen las crías, las larvas toman el control de la araña para construir otro tipo de telarañana y protegerse.

La avispa ichneumonoidea es un insecto que se reproduce de una manera sorprendente, pues deposita huevecillos en otros insectos. Éstos nacen y empiezan a controlar (o “esclavizar”) al portador.

Esto no es tan extraño como parece. Existen alrededor de 80,000 especies conocidas que hacen lo mismo. Sin embargo, los investigadores de la Universidad Kobe están fascinados con un nuevo hallazgo de la naturaleza: lo que hace la larva de la avispa ichneumonoidea con las arañas araneidas.

¿Qué hace la larva parásita? Cuando las crías nacen, éstas toman control de la araña, “zombificándola”. Le quitan la voluntad a la araña y–esto es lo que fascina a los investigadores– hacen que comience a construir una telaraña. Pero no es la espiral, pegajosa que todos conocemos (usada para capturar presas), sino que cambian la construcción de la red a una de “descanso” para proteger a la larva.

Este tipo de telarañas las suelen construir para mudar el exoesqueleto. Consisten en que, además de que los rayos en las redes son escasos, el sedoso hilo refleja luz ultravioleta que aleja a insectos más grandes y aves predadoras.

El Dr. Takasuka de la Universidad Kobe señala que esto es impresionante porque la larva se apodera del trabajo de la araña, haciendo que construya un tipo de telaraña que instintivamente no necesita. Es decir, transforma en un nivel químico a la conducta de las arañas.

La pesadilla para la pobre araña acaba cuando termina la telaraña: la larva le agradece el favor devorándola y después construye su propio capullo. Pero no se sientan mal por las arañas, el Dr. Takasuka señala que no es común que este tipo de situaciones ocurran, pues sólo una vez al año este tipo de parásitos se aparecen.

fuente New York Times

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