Hacer del mundo un lugar mejor no es tarea exclusiva de las aspirantes a Miss Universo que han deseado la paz mundial. Millones de personas, sitios, empresas, instituciones educativas y organizaciones buscan aportar a la causa. Para una en particular, la respuesta está en el conocimiento compartido.

TED, acrónimo de “tecnología, entretenimiento y diseño”, es una organización no lucrativa que creó un modelo de negocio de éxito exponencial. En 2012 obtuvo ingresos por 45.1 millones de dólares, en comparación a los 3 millones ganados en 2003. Para asistir a una de las conferencias principales, las personas pagan 7,500 dólares y las ganancias están orientadas a compartir el contenido en línea gratuitamente.

El concepto medular es que el poder de las ideas cambia al mundo y para eso crearon una plataforma de inoculación, de contagio de ideas con el potencial para hacer del mundo un lugar mejor. Pero dicen por ahí que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, y para muchos críticos las conferencias TED se han convertido en el arquitecto idiotizante de la sobresimplificación.

El sitio de TED se lanzó en abril de 2007 y hoy en día tiene más de 1,600 conferencias accesibles de forma gratuita. En 2012 alrededor de 33,000 de estas pláticas se habían traducido a 95 idiomas con la ayuda de más de 9,000 traductores voluntarios. Así que si de esparcir ideas se trata, no ha habido falla.

Dava-Newman
Conferencia de Dava Newman en TEDWomen 2013 (foto: Marla Aufmuth)

¿Qué es lo que hace que cada día se vean más de 2 millones de TED Talks alrededor del mundo? La estructura del contenido funciona como un meme: son cápsulas cortas de 18 minutos o menos diseñadas para facilitar su transmisión cultural. El eslogan: ideas worth spreading, ideas que vale la pena esparcir. El contagio es una noción central, al igual que el asombro, el humor, la admiración o el optimismo como vehículos emocionales de fijación mental (aunque sea de corto plazo).

Para las voces más críticas, las conferencias TED se han convertido en un factor detonante de la cultura de la epifanía superficial, en una pose intelectual que fortalece la debilidad de conocimiento a través de un modelo de atención reducida.

Martin Robbins, escritor e investigador científico, ataca con una bonita estocada a la aproximación “evangelizante” de las conferencias, que promueven una fascinación sin sentido hacia las ideas en vez de un pensamiento crítico que genere debate.

Kent Sepkowitz, escritor de artículos médicos y especialista en enfermedades infecciosas, parece creer que la epidemia aquí gira en torno a una veneración de lo “cool” propagada por pseudo-intelectualoides. Para Sepkowitz, las conferencias TED “no celebran el amor hacia personas inteligentes, sino hacia personas de ‘estilo inteligente’” y encajan a la perfección con el adorado esquema estadounidense del manual para “mejorar rápido”. Son, en pocas palabras, un atajo intelectual.

Quizá el cuestionamiento más reciente y también uno de los más sonados ha sido el de Benjamin Bratton, profesor asociado de Artes Visuales en la Universidad de California en San Diego y director del Centro de Diseño y Geopolítica de CALIT2. El 30 de diciembre de 2013 se publicó su conferencia durante el evento local TEDx San Diego (independiente de TED), rápidamente bautizada como la “anti-TED Talk”, donde critica al modelo y a la mediocridad de las audiencias que se sientan pasivamente a recibir “una epifanía de segunda mano, un momento pasajero de asombro o una pequeña sacudida espiritual”. Para Bratton, la verdadera transformación no está en un paliativo de futurismos optimistas, sino en elevar el nivel de comprensión general de los sistemas más complejos del tejido social. TED no es más que “infotainment”.

Sin embargo, lo que se encuentra detrás de los pisotones dialécticos de Bratton es el ataque a un hombre de paja: TED no es en realidad una organización mesiánica que busca salvar al mundo. TED es simple y sencillamente una plataforma de divulgación. Resolver problemas sustanciales a profundidad es y sigue siendo el papel de la academia y de las políticas públicas. Chris Anderson, curador de TED desde 2002, responde a las críticas de Bratton diciendo: “Si quieres ser un psicólogo, ve a la universidad. Pero si quieres tener nociones importantes sobre qué aspectos de la psicología contemporánea pueden ser relevantes para tu vida o tu trabajo, escuchar a Dan Gilbert, Barry Schwartz, Amy Cuddy o Daniel Kahneman no está tan mal”. En otras palabras, se trata de hacer que las personas tengan nociones de otros temas más allá de sus intereses generales para facilitar el intercambio y la interdisciplinariedad.

Al final nos encontramos en medio del enfrentamiento entre dos posturas muy distintas. Por un lado Bratton vocifera como post-humanista que la solución está en una restructuración radical del tejido social, de los modelos económicos y de la tecnología como una herramienta de reingeniería social, y todo lo demás es un paliativo cínico.

Del otro lado del cuadrilátero, las conferencias TED proponen ir reformando poco a poco a la sociedad a través de la divulgación de mejoras incrementales para encontrar pequeñas áreas de oportunidad. Y sí: videos inspiradores, simpáticos y entretenidos con súperestrellas del mundo de la academia, la ciencia y hasta la mercadotecnia son el arma elegida para robar (aunque sea por 18 minutos o menos) la atención de quienes estén dispuestos a echarse un clavado en el infotainment. Lo único que puedo decir es que por lo menos mi atención ya la tienen.

Si se les antoja un chapuzón, aquí pueden encontrar la lista de las TED Talks más vistas hasta ahora.

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