El treceavo mejor jugador de Donkey Kong del mundo tiene algo que decirte en esta navidad.

Desde hace ocho años, todas las noches Shaun Boyd termina su cena y deja a su mujer en el sofá. Mientras ella ve el televisor, él va a la habitación de al lado: un estudio pequeño con un librero lleno de libros de Stephen King y una arcade. Boyd cierra la puerta, apaga las luces, se sienta en un taburete y se pone a jugar Donkey Kong. En la pantalla, el gran simio sube sus escaleras y empieza a tirar de barriles. Empieza el juego.

Shaun llega a pasar tres horas al día jugando Donkey Kong. El 21 de mayo del 2012 consiguió llegar, por primera vez, a la kill screen, como se le conoce al límite del juego, cuando éste se reinicia debido a que se alcanzó un puntaje monstruoso. Esa noche su récord de puntos fue de 1,037,500. Puntaje que lo colocó como el quinto mejor jugador de Donkey Kong del mundo. Le tomó casi dos años y más de 1,000 juegos para llegar allí.

Shaun Boyd nunca ha vuelto a hacer una marca igual o ni siquiera cercana. Con el paso del tiempo otros jugadores han superado su marca, con lo que se ha empujado su clasificación hasta ser catalogada como la número 13 del mundo. Sin embargo, él sigue jugando por las noches.

La recompensa a su empeño ha sido decepción tras decepción. Una persona sensata podría preguntarse: ¿por qué dedicar tanto tiempo a un juego que se construyó hace 30 años con el único objetivo de quitarle dinero a niños y adolescentes? La respuesta de Shaun es:

“Esta es la historia de mi vida: reiniciar el juego una y otra vez, tratando de conseguir que la suerte juegue a mi favor. Es un poco como golpear la cabeza contra la pared hasta que se siente bien” . Un poco más tarde, admite: “Creo que soy adicto.”

En el mundo de los jugadores de Donkey Kong, él siente que es subestimado:

“Quiero demostrar a la comunidad Kong que yo no soy un afortunado jugador que terminó en los primeros lugares debido a la suerte. Quiero demostrar que puedo hacerlo de nuevo. “

Shaun participó este año en el Kong Off,  el torneo de Donkey Kong más importante del mundo. Entre los primeros lugares se encontraron físico culturistas,  cirujanos  plásticos y ex campeones de ajedrez, pero no Shaun Boyd, quien no clasificó a la segunda ronda del torneo.

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Shaun Boyd, ahora el jugador número 13 de Donkey Kong en el mundo

Billy Mitchell, ex campeón de Donkey Kong, fue el responsable de obsesionar a Shaun Boyd con el juego. En el documental de culto King of Kong, Mitchell afirmó:

Donkey Kong, sin lugar a dudas, es el juego más difícil de todos.”

Shaun no lo creía, siempre le había dado ese honor a Battletoads. Pero decidió darle una oportunidad al simio furioso y, junto con un grupo de amigos, lo alquiló, sólo para descubrir que nadie podía pasar más allá de la tercera etapa. Entonces Shaun resulto ser el mejor de sus  amigos con el juego. Ese día los niños de la cuadra se reunieron para verlo jugar.

“No llegue al final del juego ese día, pero hice un montón de amigos nuevos.”

Ser bueno en el juego lo obsesionó, además al mejorar sus puntajes se sentía mejor con sigo mismo. El juego era difícil, realmente difícil, pero la satisfacción de sentir que podía dominarlo le gustaba.

“Yo pensé, este juego no puede ser tan difícil. Pero estaba equivocado. Es difícil. Y no importa cuánto entrenes, conseguir un récord mundial demanda de puntuaciones que capitalizan la única cosa que no puedes controlar: la suerte. Pero creo que eso es lo que disfruto, estar tratando de vencer las probabilidades.”

En el mundo de Donkey Kong, la “suerte” es una noción de peso. Cuando Shaun admite que es un juego de suerte se refiere a que en él dos jugadores que ejecutan el mismo juego pueden tener puntajes muy diferentes. Por ejemplo, destruir un barril podría producir 800 puntos o 300 puntos, aleatoriamente. Esto está fuera del control del jugador. Shaun ve esto como una metáfora de la vida, debes estar preparado cuando llega una oportunidad, pero no sabes cómo resultará al final.

“Los torneos de Donkey Kong no se tratan necesariamente de batallas entre jugadores. Son combates de nosotros contra la máquina. Eso da espacio a la camaradería.”

En el cuarto donde entrena, Shaun Boyd tiene un tablero de corcho en la pared, donde pone papelitos con ideas para cuentos, artículos, blogs, incluso una novela que algún día planea escribir. Mientras que la mayor parte del día trabaja en una oficina, y por las noches entrena, Shaun piensa que  tal ves gasta mucho de su tiempo en Donkey  Kong y no en esos otros planes.

Cuando se da cuenta de tiempo que ha pasado jugando, o mira su cintura cada día más  grande, y piensa en las cosas que no hizo, pero anhelaba hacer (como aprender a hablar español, tocar el piano, inventar una aplicación para el iPhone) no puede evitar sentirse triste.

Está atrapado entre creer que ha desperdiciado su vida en algo trivial y creer que,  si no hubiera sido jugar Donkey Kong, habría pasado su tiempo en algo igual de trivial.  A pesar de eso, Boyd piensa que  todavía puede trascender como jugador de Donkey Kong:

“A veces pienso que todo lo que se necesita es tener un juego muy bueno, pero para lograrlo debo jugar  muchos juegos malos. Pienso ¿De verdad quiero invertir esa cantidad de tiempo? Algunas personas lo hacen. Y, al menos por ahora, es lo único que realmente se hacer.”

Las palabras de un adicto.

vía The Verge

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