Reseña especial GIFF 2019: Huachicolero

Visualmente impactante y narrativamente escalofriante, Huachicolero es un inesperado retrato de la violencia en México.

Huachicolero es la historia de Lalito, un niño tímido, de extracción humilde, que se enamora de Ana, una chica con la que va a la escuela, a las afueras de Irapuato. Lalo sueña con regalarle un teléfono de última generación a Ana, una muestra palpable de su amor, una prueba, también, de estatus. Pero su trabajo transportando bidones de gasolina no le alcanza para costear un celular de siete mil pesos. Desesperado, Lalito acude a un conocido que trabaja para un huachicolero de poca monta. Así, comienza su relación con un oficio peligroso, pero bien remunerado. Ahí, entre ductos y balas, Lalito va a aprender que todas sus decisiones tienen peligrosas consecuencias.

Una pradera que se incendia, el amanecer de un páramo desolado, una fuga de gasolina a contraluz, el atardecer en otra llanura. Huachicolero es una película llena de hermosos encuadres. La opera prima del director guanajuatense Edgar Nito es de un esplendor visual loable. Porque esta cinta fue hecha con amor perfeccionista… y se nota. La fotografía de Juan Pablo Ramírez, con lentes viejos en horas críticas, con iluminación mínima o luz natural, con cámara en mano y vivencial, es simplemente impresionante; el diseño sonoro de Omar Juárez Espino es una locura que completa la profundidad realista de la cinta; y la dirección de Nito encamina excelente actuaciones y pacientes tomas de horrenda belleza.

Esta hermosa tragedia mezcla la eficiencia técnica de los realizadores con la experiencia narrativa del director para un resultado que es tan cautivador como enérgico. Porque, aquí, Nito aplica su aprendizaje del cine de horror que tanto ha cultivado en sus cortometrajes. Los planos más violentos de esta película se mantienen con paciencia, las tomas más tensas saben alargarse y, en general, se juega más con un ambiente de peligro que con el peligro mismo. Como resultado, Huachicolero logra transmitir un mensaje desolador sin nunca perder la atención de un público cautivo. Y, si la música llega a ser emocionalmente efectista, la proeza del director está en nunca moralizar, nunca ser lacrimoso, nunca permitir un diálogo choteado y nunca dejar que los actores se salgan de una paciente construcción de personajes.

Huachicolero es una tragedia cotidiana. Aquí no se trata de generalizar hasta la caricatura el mundo del crimen organizado (como lo hizo, sin mucho sentido, Luis Estada en El Infierno), sino de mostrar sus alcances en un universo cotidiano. Como en Heli, de Amat Escalante, esta cinta muestra las consecuencias crudas de un ambiente generalizado de violencia. No se trata de grandes capos, de policías encumbrados y gobernadores corruptos. No, ésta es la escala común y miserable de un negocio piramidal tan enorme como oscuro. El verdadero poder, los que mueven los hilos, existen detrás de un halo de misterio absoluto y los que mueren, como siempre, son los soldados de poca monta.

Éste es un debut que promete cosas enormes. Nito se afianza como una voz original y valiente; Huachicolero se propone como un documento histórico de contexto cultural necesario; y los espectadores de cine mexicanos podrán probar que no sólo se vive de melodramas absurdos y comedias románticas ridículas. Una película esencial para este horrendo principio de siglo; una película con madera de culto; una película que, finalmente, seguirá dando de qué hablar para prohibir que, frente al horror cotidiano, nos callemos.

Aquí mi breve reseña en video:

Ficha Técnica:

Título: Huachicolero

Duración: 93 min.

Director: Edgar Nito

Elenco: Leonardo Alonso, Eduardo Banda, Fernando Becerril, Myriam Bravo, Pedro Joaquín

País: México