El Centinela es, como dijo Arthur C. Clarke, la semilla de donde nació un roble llamado 2001: A Space Odyssey.

Recomendacion El Centinela Arthur C Clarke

Arthur C. Clarke es uno de los tres grandes pilares de la ciencia ficción clásica junto a Isaac Asimov (Foundation) y Robert Heinlein (Starship Troopers). Pero, mucho antes de ser un escritor tremendamente reconocido y querido; mucho antes de ganar el Hugo y el Nebula; Clarke peleaba, como todos, para sobrevivir en el mundillo literario.

En 1948, escribió un cuento corto llamado The Sentinel of Eternity para un concurso de la BBC. El cuento fue rechazado por la afamada cadena británica. Y pasó mucho tiempo en el relativo olvido hasta que Stanley Kubrick lo leyó, se fascinó y comenzó a urdir una película en sus entramados teóricos. Así, junto a Clarke, nació el primer guión de 2001: A Space Odyssey, una de las más ambiciosas películas de ciencia ficción de la historia.

Más allá de la importancia que tuvo este cuento para la creación de 2001: A Space Odyssey y para permitir que Clarke escribiera joyas eternas como Rendezvous with Rama (1973) y The Fountains of Paradise (1979), The Sentinel (El Centinela) es un gran cuento. La historia gira en torno a un astronauta que descubre un objeto misterioso en la luna. Al analizarlo, se da cuenta de que fue plantado ahí por alienígenas antiquísimos y que, al tocarlo, activó una señal. Después, queda la infinita duda.

(10 Story Fantasy)

El planteamiento es brillante y ya soñaba con el peso de los cuerpos en la luna 20 años antes de que Neil Armstrong diera ese gigante salto por la humanidad. Clarke soñaba con ingravidez, con exploración, con desayunar salchichas en la luna antes de que su país entrara en la más demente carrera tecnológica de la historia. Y, a partir de ahí, siguió soñando con la inmensidad del universo y la pequeñez del ser humano.

Un cuento sobre humildad, misterio, curiosidad y el eterno miedo a lo desconocido, El Centinela no puede dejarlos impávidos. Además -y esto es importante decirlo- es un cuento que pueden encontrar en más o menos todas partes.

Finalmente, este cuento es parte de una clave elegante para leer el final de 2001: A Space Odyssey. Y esa sería mi última recomendación: lean esta joya, lean la novela que después hizo Clarke sobre la película y debrayen muchísimo con las intenciones retorcidas de Kubrick.

Espero que lo disfruten tanto como yo y que recuerden, también, los vínculos eternos entre los grandes creadores de ciencia ficción.

“No está muerto lo que eternamente yace,
Y en los eones por venir,
la muerte aún puede morir”

temas