Recomendación de la semana: El Diablo a todas horas

Se trata de realismo sucio, de white trash, de una novela escatológica que nos obliga a preguntarnos hasta dónde conviene tener fe.

Mientras leen esto, Netflix está filmando en algún lugar de Alabama la película The Devil All The Time. El reparto cuenta con actores como Robert Pattinson, Mia Wasikowska, Bill Skarsgård y Tom Holland; la dirección está a cargo de Antonio Campos; por último, el guión fue escrito por el director, Paulo Campos y Donald Ray Pollock, el autor de la novela en que está basado el film.

Donald Ray Pollock (Knockemstiff, Ohio, 1954) practica un realismo que al Daily Telegraph le dio por describir como:

“una pelea a puñetazos entre dos borrachos: un Hemingway redneck contra un Carver puesto de anfetaminas”.

Antes de dedicarse a la literatura, Donald Ray Pollock trabajó durante poco más de cuarenta años como obrero en una fábrica de papel y también como conductor de tráilers; después estudió en la Universidad de Ohio un MFA en Escritura Creativa y publicó por primera vez a los 50 años. El resultado: su primer libro, Knockemstiff (2008), ganador del PEN/Robert W. Bingham Prize y el Devil’s Kitchen Award in Prose. El libro es una colección de cuentos cuya prosa, dotada de un lirismo acerado y pop, presenta una retahíla de personajes inspirados en una idea patética de lo que se ha dado en llamar white thrash.

(Penguin Random House)

Ahora bien, si en su primer libro se puede rastrear en cada página una veta de humor, en The Devil All The Time (El Diablo a todas hora, Libros del Silencio, 2011), su primera novela, la carcajada se desplaza hacia la construcción de un mundo donde la interpretación de la fe rige las acciones de los personajes: tenemos a Willard Russell, veterano de la Segunda Guerra Mundial, quien cree que sacrificar animales sobre un leño en el bosque le devolverá la salud a su esposa; Roy Laferty, predicador, y Theodore Daniels, guitarrista, demuestran el poder de su Dios bebiendo veneno y tocando blues; Sandy Henderson, una asesina serial cuya mente se divide entre la búsqueda de la redención por sus crímenes y satisfacer las fantasías de su esposo; el pastor Teagardin, un pervertido que abusa de las menores de edad en su Parroquia y un repertorio de personajes que parecen descendientes de la matrona de As I lay dying, de Faulkner, o el cúmulo de la decrepitud que hay en varios cuentos de Flannery O’Connor. 

La trama de la novela de Pollock fluye en los límites del noir y el desarrollo lineal de un realismo cuyo único propósito es la escatología. De cualquier modo, el autor consigue un ritmo donde las historias de todos los personajes confluyen a modo de road trip hacia el último capítulo de la obra. Durante la lectura de la novela, sentí muchas veces el malestar que provoca el reconocimiento: la nota enferma del Medio Oeste y el Sur de Pollock recuerdan mucho a las rancherías de México, las carreteras federales flanqueadas de alambre oxidado, niños acodados en las mesas de paraderos y bases de tráilers y hombres solos dormitando entre las moscas del mediodía.

(Libros del Silencio)

The Devil All The Time es una impronta estilística que busca, en las recurrentes visiones de una violencia inspirada por la religión, los resquicios de empatía que hay entre verdugos y víctimas. La novela por sí misma hace que el lector se pregunte hasta dónde conviene tener fe; espero que la película de Netflix no nos haga sentir mejor.    

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Por: Josué Sánchez (@josue_snchz). Escritor, seguidor de Philip K. Dick y Carver, guionista wannabe, vaquero cósmico, académico cuando le conviene, le gustaría escribir sobre lo que come todo el tiempo.