Israel Pompa-Alcalá recomienda este gran clásico del tremendo Douglas Adams para reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo.

Recomendación de la semana: Guía del Viajero Intergaláctico

“Cuando quieres algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo” dice (palabras más, palabras menos) la cita más famosa de Paulo Coelho, que a su vez es lema de optimistas, de los que decretan, de quienes han alcanzado la sabiduría tras otro mantra: “querer es poder”. Y todo eso puede estar muy bien, pero la realidad es que el universo suele conspirar en tu contra para demostrarte una y otra vez que no controlas nada, sino que sobrevives a cada uno de los azarosos eventos ante los cuales te coloca.

O al menos eso me enseñó La Guía del Viajero (o Autoestopista para quienes gustan de decir bragas, polla y cojones) Intergaláctico, donde seguimos las andanzas de Arthur Dent, un simple ser humano que un día se despierta con una noticia terrible (de esas que te demuestran que el mundo siempre está listo para limpiarse el culo con tus planes): su casa está justo en el camino de una nueva autopista, por lo cual será demolida. A pesar de protestas, su casa es derrumbada (tranquilos, no hay spoiler: esto ocurre apenas avanzadas unas páginas de la novela). La tragedia de Dent se vuelve minúscula cuando una nave vogon informa a los habitantes de la Tierra que el planeta está justo en el camino de una nueva autopista intergaláctica, por lo cual será destruida. Lo dicho: el universo siempre encuentra maneras más divertidas y salvajes de hacerte popó (cagada pa’ los más punks).

(Anagrama)

El vecino de Arthur, Ford Prefect, se revela como un ser del espacio exterior e imbuye a la aventura al pobrecito británico que acaba de perder casa y planeta. A partir de ese momento, Dent se da cuenta que el cosmos es un lugar disparatado, raro, caótico, amoroso, destructivo, complejo, asombroso, pero sobre todo, lleno de mala poesía. También descubre que una toalla es vital, que los robots se deprimen y que Dios existe pero no existe cuando existe.

Porque así de compleja, gigantesca y divertida es la obra magna de Douglas Adams, escritor oriundo de Cambridge fallecido en 2001 (of all ages!). A través de la ciencia ficción, ese humor tan británico a la Monty Python y una imaginación desbordante, Adams nos demuestra que todo lo que creemos conocer no es más que una microscópica parte de la existencia, cosa que no podría ser más acorde con nuestra era: hoy entendemos cada vez menos cosas porque el mundo se ha vuelto más complejo, la realidad más demandante y nuestros monstruos más feroces. Pero hay alivio y hay consuelo: afuera nos espera una aventura de la que podemos salir, ojalá mejores, pero si no, con la esperanza de ser menos ignorantes que en un inicio.

Recomendación de la semana: Guía del Viajero Intergaláctico
(Michael Hughes/Flickr)

Y es que el universo es un cubo que se desdobla en partes casi infinitas, inalcanzables, del cual sólo tenemos una pequeña proporción, un vistazo torpe y reducido al mínimo, es decir, a lo humano. Y perdón si hacia el final me puse existencial, pero La Guía no es sólo un libro que provoca la carcajada gritona y encumbra al sci-fi como un género para el campo filosófico, sino una invitación a reflexionar nuestro lugar en (duh, por la obviedad) el espacio.

Por: Israel Pompa-Alcalá (@thesmallestboy). Tlatelolca orgulloso (aunque otras veces apenado) de su ciudad. Músico, escritor, locutor y sociólogo que en el fondo sólo es un cineasta frustrado. Trabaja en su primer libro que (por ahora) se llama Crack: Nostalgia de mi brazo izquierdo.

temas