Stan no era un angelito, pero tampoco era un demonio. Era un creativo que supo hacer bien su trabajo: editar cómics.

Stan Lee, creativo de Marvel Comics

(Geety images)

Sin duda, Stan Lee (el alter ego de Stanley Martin Lieber) es el hombre más polémico en la industria del cómic en las décadas recientes. Desde que surgió como figura pública en los años sesenta se volvió una especie de gurú de los nerds, que se convirtió en el portavoz de Marvel Comics, la editorial con las historietas que marcaron los años sesenta, y la cara visible de toda la industria. Lee no sólo tenía facilidad de palabra y mucho carisma, además era presentado como el cerebro detrás de la creación de los principales personajes de la editorial y de todo un modelo de hacer cómics, al que se llamó “el Estilo Marvel”.

Pero, con el transcurso de los años, muchos de los dibujantes que colaboraron con él, sobre todo el más importantes (Jack Kirby), se dedicaron a hablar pestes de Lee, asegurando que él, con ayuda de Marvel, se dedicó a falsificar la historia de la industria del cómic para sobreestimar sus aportaciones, y minimizando que la mayoría de las ideas que veíamos en las historietas eran de sus colaboradores.

En realidad, la verdad detrás de Lee se encuentra en un punto medio. Lee era, antes que todo, un editor, y uno muy bueno.  Es decir, durante los años sesenta Stan Lee tuvo el buen tino de conectar con el zeitgeist de la década, logrando sacar cientos de historias que conectaban con el público y se vendían como pan caliente. Y eso era, en gran medida, porque tenía presente que los cómics eran un negocio. Y él logró llevar su negocio a nuevos mercados.

Así, en el momento en que los cómics de superhéroes estaban en crisis, Stan reconvirtió una editorial menor en un gigante de la industria. Él se dio cuenta de que no podían seguir realizando cómics sólo dirigidos a los niños. Porque, hasta antes de Lee, los cómics de superhéroes eran considerados un hobby infantil. Stan supo que el mercado de los adolescentes era explotable, y comenzó a lanzar historietas que le decían cosas a la juventud, primero tímidamente y luego de lleno. El ejemplo más palpable de esto es Spider-Man, su mayor creación (al lado de Steve Ditko), donde se atrevió a poner a un adolescente como protagonista.

Además, con el “Estilo Marvel”, supo aprovechar el talento de sus creativos dibujantes para darle vida a ideas que no tenía del todo claras, pero sabía que podían ser un éxito entre los lectores. El “Estilo Marvel”, que comenzó a usar con Jack Kirby, consistía en lo siguiente: Lee mandaba a traer a Kirby, le contaba a muy grandes rasgos la historia que quería publicar, Jack se marchaba y regresaba con toda la historia dibujada a lápiz tal y como él la había entendido, luego Stan escribía sobre los dibujos los diálogos y, finalmente, el cómic completo se mandaba a entintar.

Si bien, como vemos, el peso de la trama, la acción y la creación de personajes recaía en los dibujantes, Lee pulía con sus diálogos, cargados de humor, el resultado final, que era muy fresco para la época, lleno de palabras que usaba la juventud neoyorquina. Además, poco a poco y de tanto usarla en sus textos, logró convertirse en un experto en la jerga de los adolescentes, y sus cómics de los sesenta eran verdaderamente atrayentes para ellos, que sentían por primera vez que los personajes les hablaban y eran como ellos. Por tanto, es seguro que era un tipo creativo que lograba encontrar los planteamientos interesantes que atraerían a los lectores.

Por si fuera poco, Stan diferenciaba sus cómics de los de la “Distinguida Competencia” en esforzarse por humanizar a sus personajes principales. Podías ver que Los 4 Fantásticos tenían problemas similares a los que tenía una familia normal, a los X-Men teniendo problemas de discriminación, o que, más allá de derrotar villanos, el verdadero problema de Peter Parker era conseguir dinero para pagar la renta o llevar su ropa a la lavandería. Enfrentar aliens, o seres mutados por experimentos era lo de menos, lo que volvía entrañable los cómics de Lee eran los problemas reales que lograba poner en el papel. Así, aunque muchos de sus personajes no eran muy originales, eran más humanos que casi todo lo que se estaba publicando en los cómics de la época.

En cuento se volvió una marca atrayente para los consumidores de cómics, todas las publicaciones de Marvel incluían la frase: “Stan Lee presenta”, que era una especie de “sello de calidad” de Stan Lee (además de una forma de marketing para mantener lectores). Justo por eso, Stan aparecía firmando los guiones de prácticamente todos los cómics de Marvel en los sesenta.

Kirby confesó alguna vez que Lee sólo daba líneas muy generales de lo que quería en las historias, y que a veces era tan sucinto como dejarle una nota que decía: “Los Fantastic Four se pelean con Dios”, y Kirby tenía que parir chayotes para terminar dando forma a algo interesante (en este caso, esa línea sirvió para crear a Galactus). Aun si eso fuera cierto, es innegable que Stan hizo bien su tarea como editor, ayudando a desatar la creatividad de sus colaboradores. Además, al estar a cargo de los diálogos de todos los cómics, Stan solía poner referencias de aventuras que habían ocurrido en otros títulos, dando una completa coherencia al universo Marvel de los años sesenta.

Su enorme fama fue, a la larga, su debilidad. En los años sesenta, cuando su rostro, voz y frases se volvieron icónicas, también se volvió el enlace entre los fans y Marvel, debido a que aparecía comentando las cartas de los lectores al final de todos los cómics de Marvel, donde volvió célebres frases como: “¡Excélsior!” o “Verdaderos creyentes”. Marvel sobre explotó su imagen, y, junto con Spider-Man, se convirtió en “la mascota” de la compañía, apareciendo en conferencias, entrevistas, y en todos los cómics que editaba Marvel, minimizando al resto de los creativos que hicieron grande a Marvel. Si bien es cierto que, “El hombre sabía cómo aprovecharse de quien sea que estuviera trabajando para él”, como recordó Jack Kirby en una entrevista recogida en The Comics Journals, es igualmente cierto que lo hacía para bien de las historias.

Tal vez, como suelen menospreciar sus críticos, Stan impresionaba a los adolescentes usando un estilo de “vendedor de autos” mezclado con slang en onda, pero es innegable que fue uno de los principales promotores de los cómics de los años sesenta, setenta y ochenta, y se volvió una figura de la cultura pop gracias a sus cameos en el cine.

Así lo explicó, de manera notable, Will Eisner:

“Stan entendía algo que la mayoría de la gente de este negocio nunca entiende de verdad, entendía el mercado en el que se movía entre los años sesenta y los años setenta, incluso más que Image o cualquiera de las grandes editoriales entiende el mercado de hoy en día”.

Después de su gran época creativa en los sesenta, Stan se dedicó más a su tarea como vendedor. Dejó Nueva York, se mudó a Los Ángeles y se dedicó a intentar llevar las licencias de Marvel a nuevos mercados como productor de cine y televisión. Lamentablemente, las ocasiones que volvió a intentar escribir cómics nunca volvió a conectar con el público, ya sea porque no tenía a los colaboradores adecuados o porque sus diálogos se sentían fuera de moda. Sí, el hombre que volvió cool a los cómics había dejado de serlo.

Como sea, es difícil negar que Lee restó méritos a otros creadores, y sobreestimó los propios, y que muchas de sus ideas era “prestadas”, pero es igualmente imposible discutirle méritos como promotor de las historietas, además de ser el principal responsable de volver humanos a los superhéroes.

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