Black Panther cambió la historia de los cómics y, de paso, se convirtió en un ícono de la lucha contra el racismo.

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Black Panther es un héroe antiguo y esencial para el universo Marvel. Nacido solamente cinco años después de los Fantastic Four, T’Challa fue el primer héroe de origen africano en la cultura popular americana.

Producto de los años sesenta, de una época convulsa y compleja para los movimientos de derechos civiles, Black Panther no era el estereotípico héroe negro. Aquí teníamos a un monarca que, para la sorpresa de todos los blancos que lo conocen, es el hombre más rico del mundo. Culto, honorable, elegante e influyente, éste no era el héroe salido de Harlem con frases prototípicas y disfraz de Shaft…

Ahora, la nueva adaptación cinematográfica del héroe africano está causando una verdadera revolución en Estados Unidos. Reacciones positivas universales, loas a su construcción, listas que la ponen como la mejor cinta del MCU… Y todo parece indicar que el triunfo de Black Panther es innegable.

¿Pero por qué importa tanto esta película? ¿Por qué los estadounidenses se están volviendo locos? ¿Por qué la llaman “un movimiento identitario”? La importancia de Black Panther va más allá de esta película y se finca en la manera comprensiva en que Ryan Coogler, su director, entendió los orígenes del personaje.

El paternalismo blanco

Mucho antes de que llegaran Falcon, Luke Cage, Negative Man o James Stewart, T’Challa invitó a Wakanda a Los Cuatro Fantásticos. En ese número de 1966, nacía un nuevo héroe bajo una duda: ¿acaso era el rey de Wakanda un benefactor? ¿O, más bien, un despiadado genio del mal?

La duda tenia sentido, claro… Antes de que se narre el origen de Black Panther en el número 53 de Fantastic Four, T’Challa invita a los Cuatro Fantásticos para cazarlos en un juego de gato y ratón del que apenas logran escapar los liderados por Reed Richards. Y no escapan por su inteligencia o poderes, sino gracias a la intervención de un amigo universitario de la Antorcha Humana.

Mucho antes de que llegaran Falcon, Luke Cage, Negative Man o James Stewart, T’Challa invitó a Wakanda a Los Cuatro Fantásticos

En esta presentación de Black Panther, Jack Kirby estaba en su  plenitud. Las páginas son coloridas y llenas de movimiento; las peleas son narradas con irreverencia y los personajes tienen peso y consistencia. Claro, esta era la Edad de Plata de los cómics y Marvel llevaba toda la vanguardia.

Ahí conocimos por primera vez la historia de origen de Black Panther. Una historia que se ha modificado poco en las diferentes reescrituras del personaje.

El padre de T’Challa es asesinado por Ulysses Klaw, un despiadado mercenario que manipula el sonido con su mano amputada y que quiere quedarse con todo el vibranium posible de Wakanda. El vibranium es el metal más resistente del mundo, tiene propiedades sónicas y es carísimo. De hecho, T’Challa es el hombre más rico del mundo por vender pequeñas porciones de vibranium a científicos como Reed Richards.

La primera aparición de Black Panther fue en un cómic de Fantastic Four.

Esta historia de origen se desarrollará, después, con la partida de T’Challa de Wakanda, una vez coronado como rey. Y en su futuro regreso, luego de integrarse a los Avengers, para pelear por un trono en constante conflicto. A pesar de ser clásicos en la historia de los cómics, en estos dos primeros números se nota el conflicto de sus creadores.

Por un lado, Stan Lee y Jack Kirby muestran a Black Panther enfrentándose a Los Cuatro Fantásticos y, con ese gesto, evocan el enorme poder tecnológico y físico de un nuevo superhéroe. Y, sí, vencer a los Fantastic Four no son enchiladas.

Por el otro lado, sin embargo, no pueden evitar ser completamente paternalistas con su personaje. En varias ocasiones, La Mole se burla de Wakanda como un lugar improbable de desarrollo tecnológico; los Cuatro Fantásticos utilizan expresiones como “primitivo”, “no desarrollado”, “refugiados de una película de Tarzán”, “tierra sin desarrollo industrial” y “parece que acaban de inventar la rueda”…

A pesar de ser clásicos en la historia de los cómics, en estos dos primeros números se nota el conflicto de sus creadores.

Esta escritura del personaje fue recurrente en los principios de Black Panther en manos de Lee y Kirby. El paternalismo blanco de historias situadas en África pero llenas de hombres blancos sólo cambió con el brillante Don McGregor (Killraven). De hecho, McGregor invitó a Billy Graham, un dibujante afroamericano, a trazar las líneas de la nueva serie individual de Black Panther, Jungle Action. Y ahí cambiaron las cosas para T’Challa.

La revolución de McGregor

Siguiendo la línea argumental de The Avengers #62 en la que Black Panther regresa finalmente a Wakanda para encontrarse con que M’Baku, el gran gorila, había tomado su lugar en el trono, Jungle Action se sitúa completamente en el continente negro. Y a pesar de no ser un cómic muy conocido, los dos grandes arcos argumentales de McGregor cambiaron completamente la historia de las historietas.

En el primer arco, llamado Panther Rage, McGregor recrea el conflicto al que se enfrenta Black Panther para recuperar su legítimo trono y calmar las aspiraciones de M’Baku y el temible Killmonger. Esta es una de las principales influencias de la película dirigida por Ryan Coogler; una película que sitúa la acción dentro de las fronteras de Wakanda, con una nueva guerra tribal.

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A pesar de no ser un cómic muy conocido, los dos grandes arcos argumentales de McGregor cambiaron completamente la historia de las historietas.

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Los arcos argumentales de McGregor no nada más se alejaron de la visión paternalista de Kirby y Lee, no nada más le dieron complejidad y dignidad al personaje, sino que cambiaron la historia: muchos consideran que Panther Rage es, en efecto, la primera novela gráfica jamás escrita.

Por si fuera poco, la que podría considerarse la segunda novela gráfica pertenece también a este cómic y fue la polémica Black Panther vs the Klan. Por desgracia, Marvel decidió cancelar la serie antes de que McGregor pudiera cerrar el segundo arco argumental.

En cualquier caso, Black Panther v. the Klan planteaba, en los años setenta, el problema del racismo imperante en el sur de Estados Unidos y la muy real presencia del Ku Klux Klan. A pesar de no tratarse, directamente, de una lucha contra el KKK sino de la amenaza de otro ominoso Klan, la barroca escritura de McGregor se dedica a hablar directamente del racismo y de los grupos de odio… además de que pone a Pantera Negra a patear traseros supremacistas.

Black Panther v. the Klan planteaba, en los años setenta, el problema del racismo imperante en el sur de Estados Unidos.

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Los resultados de esta denuncia violenta de McGregor hizo que el cómic ganara un estatuto de culto y un público distinto. Algo había madurado en el personaje y, a pesar de que Jungle Action vendía muy poco, se estaba ganando el aprecio del público universitario. Black Panther, con Don McGregor, comenzó a forjarse como un símbolo identitario de lucha racial.

Antes de que Kirby regresara a escribir la serie hasta su cancelación, Black Panther asumió todo el parecido con Batman. No nada más porque comparten silueta y capa, no nada más porque ambos son humanos más o menos comunes con infinita capacidad económica y tecnológica, sino porque los cómics de Marvel nunca estuvieron tan cerca de la seriedad de DC, de la oscuridad de sus personajes y la genialidad de sus guiones, como en esa serie escrita por McGregor.

Black Panther, con Don McGregor, comenzó a forjarse como un símbolo identitario de lucha racial.

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El orgullo contemporáneo

El regreso de Kirby marcó el regreso a historias más extravagantes, infantiles e irreales. Los dibujos del gran genio de Marvel son impresionantes, coloridos y geniales… pero nunca se recuperó el nivel literario que logró McGregor. Desde entonces, diversos escritores han tomado la batuta del héroe africano.

No fue hasta que Christopher Priest y Mark Texeira retomaron al personaje en 1998, que Black Panther recuperó la identidad que McGregor quiso darle. Priest es de origen africano y Texeira es puertorriqueño, y ambos quisieron imprimir una idea más intensa de alteridad en el personaje. Hacerlo claramente africano no bastaba; los creadores querían, también, que fuera completamente extravagante en la tela de fondo de Estados Unidos.

No fue hasta que Christopher Priest y Mark Texeira retomaron al personaje en 1998, que Black Panther recuperó la identidad que McGregor quiso darle.

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Es por eso que inventaron al personaje de Everett Ross, el abogado despistado que sirve de enlace diplomático entre el departamento de estado americano y el monarca africano. Ross es una figura intrigante porque narra la extravagante vida de Black Panther en Estados Unidos. El pobre abogadete no entiende absolutamente nada y, a pocas horas de conocer a T’Challa, ya perdió sus pantalones y acabó en el infierno con Mefisto.

Así lo dijo, justamente, Priest:

“Me di cuenta de que Ross podía funcionar como un puente entre la cultura africana que funda el mito de Black Panther y los lectores predominantemente blancos a los que Marvel vende cómics”.

Esa es la razón por la que Coogler escogió incluir también al personaje en la película. Ross (interpretado por Martin Freeman) tiene un rol secundario en la trama pero esencial en el funcionamiento cultural de la producción. Ross es el único blanco que entra a Wakanda y sobrevive (después de Klaw) para representar los ojos del americano promedio viendo las maravillas de Wakanda.

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Portada de uno de los números de Black Panther de Priest y Texeira.

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Coogler siempre admitió que basó predominantemente su película en el arco argumental de Christopher Priest. Y esto se nota: aparecen Ross, Nakia, Okoye y Killmonger, se reafirma la identidad africana de Black Panther y su absoluta alteridad frente a Estados Unidos. Pero esta cinta también reafirma al Black Panther más hip-hopero, más callejero de Reginald Hudlin y a los orígenes de un personaje esencial para la historia de los cómics con el recuerdo del gran Don McGregor.

Los fuertes tintes políticos de la cinta se relacionan entonces con los orígenes de un personaje que fue escrito, durante muchos años, a través del desconocimiento paternalista de las culturas africanas en Estados Unidos. El hecho de que Ryan Coogler haya admitido lo que le debe a McGregor, Priest y Hudlin muestra muy bien que reconoció los arcos identitarios que más respetaron los orígenes del personaje.

La comprensión de Coogler

Poco a poco Black Panther, una creación blanca sobre el imaginario negro, se fue convirtiendo en un movimiento identitario. Por eso, desde que Christopher Priest tomó control creativo del personaje, todos los escritores de la serie han sido africano americanos. De hecho, actualmente, el personaje está a cargo de Ta-Nehisi Coates, un periodista que trata cuestiones de vida negra en The Atlantic.

Poco a poco Black Panther, una creación blanca sobre el imaginario negro, se fue convirtiendo en un movimiento identitario.

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En este sentido, Disney respetó lo que Marvel aprendió por prueba y error: nadie puede crear una buena historia de Black Panther sin un conocimiento profundo de su identidad. Coogler había hecho películas racialmente sensibles y de denuncia contra las opresiones políticas y económicas de la población negra de su país. Ese fue el caso de Fruitvale StationCreed, el spin-off de Rocky.

El trabajo de Coogler en Black Panther retoma con orgullo la representación identitaria del personaje y ofrece una mirada íntima y honesta sobre la relación de los negros americanos con su origen africano. Wakanda es una fantasía utópica en la que no existieron los esclavos, no existió la colonización, no existieron las guerras civiles, la pobreza y la enfermedad. Y esta fantasía, junto al deseo de revancha de Killmonger, son dos manifestaciones culturales de cómo se ven los negros americanos, de cómo consideran su herencia, su historia, sus derrotas.

En esta película se retrata la lucha más violenta, tal vez más racista de los movimientos que encabezaron los hermanos musulmanes y Malcolm X desde los deseos de revancha de Killmonger. Ahí se amalgama la lucha violenta, el supremacismo negro y los sueños de un panafricanismo, del regreso a África de Marcus Garvey.

Frente a estas ideas está la visión más liberal, multicultural y globalizada de T’Challa, que refleja más la idea de una integración respetuosa y un amor al prójimo. Ahí está el retrato del Dr. Martin Luther King en esa misma lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.

Finalmente, Wakanda y sus decisiones reflejan las luchas internas e históricas para reivindicar la cultura negra en Estados Unidos. Y estos movimientos identitarios pasan por fuertes reveses, cuestionamientos y, claro, tragedias. Puede parecer que esta película habla de superhéroes y de un universo absolutamente lejano de la realidad. Pero lo cierto es que Black Panther habla de identidad negra en Estados Unidos de forma íntima.

La representación de la variedad cultural en Estados Unidos se refleja en la necesidad de hacer una cinta sobre el orgullo africano, sobre el poder de una África rica, sobre monarcas y guerreras negros que buscan salir al mundo para ayudarlo y crear la esperanza de un futuro menos sombrío.

La representación de la variedad cultural en Estados Unidos se refleja en la necesidad de hacer una cinta sobre el orgullo africano.

Black Panther nació de los conflictos raciales y ahora, con esta cinta, regresa a ellos. En un momento en el que el presidente de Estados Unidos no condena al Ku Klux Klan; en el que policías matan a ciudadanos negros desarmados; en el que hay conflictos porque se derriban estatuas de generales esclavistas; en el que los jugadores de futbol americano se hincan para protestar contra el himno, esta película es absolutamente necesaria, valiente y pertinente.

Así que les guste o no el resultado final, hay que reconocer la enorme ñoñería de Coogler al recrear con fidelidad los orígenes de este personaje. Y hay que reconocer cómo una película sobre superhéroes en África, habla de la realidad diaria de todo ciudadano negro en Estados Unidos.

Black Panther importa porque, desde la historia de su publicación, nos enseña que también los cómics pueden cambiar al mundo.

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