Por primera vez en la historia un corto hecho originalmente para realidad virtual es nominado por la Academia.

Parece que Google no se sacia con nada. Entre todas sus ramas, la gigantesca compañía se dio tiempo para tener una división de cortometrajes de realidad virtual que, como casi todo lo que hacen, ha causado un enorme impacto. 

En 2016 Google Spotlight Stories ganó un Emmy por el corto Henry, y se llevó dos nominaciones más por la experiencia Sleepy Hollow de Fox y la aplicación de realidad virtual de Taylor Swift. Pero nadie esperaba que, con tan poco tiempo, esta joven y ambiciosa división lograra una nominación al Oscar que tiene serias oportunidades de ganar.

Porque la emotiva historia de Pearl es algo nunca antes visto y el encargado de crear esta colorida visión es nada menos que el talentoso director Patrick Osborne. Osborne ya ganó un Oscar por el corto Feast de Pixar que aparecía antes de Big Hero 6. Y Feast fue también una innovadora historia fabricada desde la perspectiva única de un perro y con una enorme y poderosa carga emocional.

Ahora, con Pearl, Osborne apunta a nuevas innovaciones bajo un mismo fondo emotivo. Así, este corto, a pesar de transcurrir enteramente en un coche, utiliza una cantidad impresionante de locaciones virtuales distintas y emplaza una visión móvil para el espectador desde el asiento del copiloto. Con esta idea, somos los pasajeros invitados para observar la vida de un padre músico y bohemio y de una hija que crece para agradecerle el recorrido disperso de su niñez.

A pesar de que el corto fue nominado por la versión en 360 grados que está disponible en YouTube, la experiencia de realidad virtual es singularmente poderosa y propone algunas opciones únicas: por ejemplo, uno puede levantarse del asiento para observar los paisajes a través del quemacocos.

La inmersión completa sirve aquí, además, un propósito íntimamente ligado a la historia y no es nada más un truco de tecnología nueva que se emplaza mal: en verdad se siente que compartimos una vida, que estamos ahí mientras no estamos en ningún lado. Y resulta en una verdadera joya emotiva que puede, muy bien, ganarse los lagrimosos ojos de los votantes de la Academia.

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