No hay dudas en eso, Disney siempre será Disney. Pero, como con todo, hay que darle al César lo que es del César: el enorme monopolio del ratón, el mandamás de los dibujos animados en pantalla grande, está desbancando completamente el mercado.

Después de comprar Pixar, se fueron sobre Marvel y, más recientemente, sobre Lucasfilm. En ese lapso, las cosas no han sido tan terribles como todos lo pronosticaban: hemos visto excelentes adaptaciones a cómics no tan populares, va a salir una película nueva de Star Wars –digo, queramos o no, esto nos emociona a todos–, y, en lo más cercano y habitual las cosas tampoco parecen estar saliéndoles mal en los dibujos animados. Y digo esto porque desde Toy Story 3 (2010) Pixar no ha sacado nada remotamente convincente y se llora todavía por su última gran genialidad, que fue Up (2009). En este tiempo el estudio de animación de Disney ha ido ganando terreno, robándose los premios, reanimando viejos esquemas –The Princess and the Frog (2009), Tangled (2010), Frozen (2013)– o intentando cosas más osadas para una nueva generación que puede ya apreciar algunas cosas de la vieja cultura geek, como Wreck-it-Ralph (2011).

Disney, siempre Disney

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En todo caso, la llegada de Big Hero 6 marca, sin duda alguna, un nuevo despunte para este estudio animado. Esta cinta es el fruto de un aprendizaje mutuo entre Pixar y Disney, es la consolidación de las clásicas historias de moraleja fácil para los creadores de Mickey y la propuesta osada, que mantuvo un tiempo Pixar, de producir animaciones y tramas que van mucho más allá del simple cuento moral infantil.

Claro que aquí no hay inocencia: en Disney, las historias las siguen guiando los productores. Lo vimos muy bien en la pasada edición de TAG, en donde Roy Conli –que lleva 21 años de colmillo en su silla de productor– habló apasionadamente del proyecto y narró, paso a paso, la consolidación de la trama. Todo empezó con los directores, Don Hall y Chris Williams, a los que les fue dada la libertad –como a todos los directores del llamado Story Trust de Disney– de elegir un proyecto por el que estuvieran sentidamente, personalmente, apasionados. Y el encuentro se dio en la polvosa bóveda de personajes oscuros del recién adquirido universo de Marvel.

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La elección de Big Hero 6 como la primera película animada por Disney para la monstruosamente amplia casa de cómics, fue una cuestión de buenas coincidencias: la historia era poco conocida, los personajes estaban disponibles y, en particular, la cercanía de la edad de Hiro era potencialmente perfecta para desarrollar una trama familiar en una película de acción basada en superhéroes. Y ahí se activó todo el asunto; los productores se pusieron manos a la obra, los directores empezaron a proponerles líneas de trama y en una discusión constante se fue formando, durante cuatro años de proyecto, la cinta que, desde hace una semana, podemos ver en pantalla grande.

La relación con el cómic es entonces lejana. Aquí no va a existir ninguna conexión con el universo fílmico de Marvel; no nos vamos a encontrar después a Sunfire o a Silver Samurai, no habrá contacto con Spider-Man, ni con los X-Men y tampoco se van a crear lazos con el Alpha Flight canadiense. No, los productores y directores decidieron crear un universo paralelo propio situando la historia de Hiro fuera y muy lejos de cualquier posibilidad de crossover. Con esto también, fundaron una nueva franquicia en la que se vislumbran muchas posibilidades. En pocas palabras, se apropiaron de un nombre y una serie de personajes con la completa libertad para hacer de ellos lo que bien se les antoje.

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En ese sentido, la historia de Hiro comienza de forma parecida a los cómics pero se desarrolla, más que en la lucha entre tradición y deber patriótico japonés frente a las nuevas tecnologías increíbles, en una historia familiar que se aprecia bastante cómoda para los parámetros de Disney. Ya se la saben: huérfanos, el valor de la familia, figura maternal difusa pero cariñosa de una tía, hermano-padre sabio sacrificado, cambios emocionales que llevan, a través de una historia increíble llena de aventuras, al crecimiento como ser humano de un adolescente, la comprensión de los límites entre bien y mal, la distinción entre responsabilidad, deber y placeres efímeros, etc.

Como toda historia de Disney, Big Hero 6 apunta a moralizar, enseñar, mostrar lecciones valiosas según su sistema de valores; como toda historia de Disney, también, se logra esta transmisión a través de momentos dramáticos, lagrimita, canciones de edificación emocional y aplausos al final.  Sin embargo, y aquí es donde todo sale un poco del marco de referencias habituales acercándose a los logros de Pixar, esta última película del gigante de la animación también reflexiona, con lujo visual, sobre muchas otras cosas que, en lo personal, me parecen considerablemente más emocionantes.

Tecnología y preocupaciones contemporáneas

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Ahora bien, fuera de todo el asunto familiar, esta cinta muestra ya preocupaciones reales y cada vez más cercanas en torno a nuestro uso de la tecnología. Hay, entre las tramas habituales de Disney, las disputas eternas entre la investigación científica y las gigantes empresas tecnológicas, entre el uso privado de ciencia avanzada para vender comodidades de consumo y los peligrosos acercamientos a la tecnología por parte de los ejércitos. Y todo en medio de un ambiente que propone un universo alternativo en donde la tecnología es común y se utiliza de manera mucho más consciente que lo que hacemos en nuestro mundo.

En toda la increíblemente lograda ciudad de San Fransokyo –mezcla perfecta de San Francisco y sus cafés para lecturas de poesía Beat con los callejones colmados de gente, oscuros y de neón, de la capital japonesa– vuelan como cometas enormes turbinas que crean energía eólica para la caótica ciudad, y no es casual la relación cultural con Japón y su tradición papalotera. Ahí también se glorifica el instituto de tecnología que representa una versión avanzada del MIT –cambio de arquitectura neo-clásica de Boston por algo más moderno que recuerda el Centro Acuático Nacional de Pekín– en donde se alienta la creación de robótica para causas sociales necesarias (robots médicos, transportes alternativos, destrucción de materiales pesados, etc.).

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La increíblemente lograda ciudad de San Fransokyo, una mezcla entre San Francisco y Tokio

Aparte de esto, el ambiente cotidiano que se recrea en esta ciudad –y aquí sí sombrero a la dirección de arte de Scott Watanabe (que, justamente, se crió entre Estados Unidos y Japón)– es el de un mundo acostumbrado a la tecnología. Ahí las peleas clandestinas de robot son cosa común, hay científicos adinerados cercanos al rockstar, y todo mundo puede tener en su cochera una impresora 3D.

Con todo esto, el marco en el que se desarrolla la historia es intrigante y llega a plantear incluso puntos visuales alucinantes de ciencia ficción. Me refiero claro a todo el asunto de la teletransportación y el universo intermedio en donde se pierde la hija del brillante científico Robert Callaghan. No quiero quemarle nada a quién no la haya visto pero puedo decir, sin riesgos, que ese momento de gravedad cero, desechos azarosos y nubes psicodélicas es un verdadero deleite visual de delirio imaginativo.

Una adaptación creativa

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En todo el aspecto de la adaptación, como decía, los creadores del proyecto tomaron sólo el nombre del cómic y una idea bastante general de los personajes. En ese sentido la adaptación es completamente eficaz y sólo se les escapa el personaje de Honey Lemon que francamente es bastante soso en la película. Pero claro, eso era de esperarse: la brusquedad tosca de Go Go Tomago es mucho más fácil de trasladar al universo de Disney que la cachondez incontrolable y carismática de la curvilínea Lemon. Fuera de eso, los personajes secundarios están bastante bien emplazados y guardan algo de sus contrapartes dibujadas: Go Go, a pesar de no ser aquí mutante, guarda el mismo espíritu combativo y hosco, Wasabi mantiene la cautela parsimoniosa que lo caracterizaba y Fred, convertido aquí en un extraño alivio cómico cercano a la pachequés simpática de Shaggy en Scooby Doo, da unos cuantos guiños a la figura mítica del dragón que encarna y a su cercanía con el futbol americano colegial.

Y, más allá, llegamos al más grande logro de la película, eso por lo que se le recordará mucho tiempo: la recreación de Hiro y su entrañable guardaespaldas Baymax. Si la adaptación de Hiro es bastante cercana –aunque, tal vez, esta versión es menos rígida que la del personaje de cómic– la de Baymax fue un completo cambio, estudiado y consiente para llegar al ser más carismático que ha hecho Disney en mucho tiempo.

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Baymax, el personaje más carismático que ha hecho Disney en mucho tiempo

El jefe de animación (un sorprendentemente joven Zach Parrish de 29 años) estudió durante largo tiempo los avances en robótica, la historia de la representación de androides en el cine, la cultura geek y la forma de caminar de los pingüinos en la Antártida para llegar a una animación sencilla pero cuidada de la que desborda personalidad. Este nuevo hijo de la tradición malvavisco es un personaje increíblemente logrado, simpático sin buscarlo, digno tanto de abrazo y cariño como de temor y respeto. Si el Baymax original se debatía entre la amistad con Hiro y la relación fría de un robot protector, esta encarnación retoma con lujo el problema del guardaespaldas: un robot dedicado al cuidado médico se convierte en una máquina de destrucción para salvar vidas; en todo el paquete dilemas viejos de superhéroes y la forma más tierna de recrearlos.

Con todo, podemos decir que Disney está acaparando el mercado sin transformarlo completamente. Los elementos clásicos moralinos de la compañía ahí están pero también permea la influencia de una temática de superhéroes ya muy común en nuestros tiempos y las enseñanzas –para bien y para mal– del glorioso imperio en decadencia que dejó Pixar. Y claro, esto no llega, ni de cerca, al nivel de The Incredibles, pero, aun así, es un esfuerzo generoso, con una genial animación más que ambiciosa sumada a importantes líneas temáticas que van mucho más lejos que las predecibles enseñanzas de Disney.

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Cómic de Big Hero 6 en el que se inspira la película

Si pueden soportar el horror de la cancioncita épicosa de Fall Out Boy, la lágrima habitual y la enseñanza constructiva, van a disfrutar mucho de esta propuesta, innovadora visualmente e intrigante en ambientes. (Y de Baymax, claro, siempre de Baymax). Si el relevo sigue así podemos empezar a decir que Disney está tomando la batuta de la ciencia ficción masiva hollywoodense. Mientras sigan arriesgando en estos caminos tendremos, al menos, que dejar atrás algunos prejuicios y darles el beneficio, bien ganado, de la valiosa duda.

Lo bueno

  • La increíble realización técnica de la película y el cuidado paciente al detalle en la dirección de arte.
  • La buena adaptación del cómic en general
  • Una arriesgada propuesta de ciencia ficción para una película de Disney y la integración de problemáticas del mundo de los superhéroes a la tradición familiar de esta compañía.
  • La diversión, siempre, claro.
  • Baymax: su brillante recreación convertido ahora en un personaje inolvidable.

Lo malo

  • Las típicas enseñanzas moralinas de Disney con su transmisión poco sutil de valores a través de mecanismos narrativos a los que ya nos tienen bastante acostumbrados.
  • La adaptación del personaje de Honey Lemon en donde, al parecer, se les acabó completamente la inspiración.
  • La horrenda canción de Fall Out Boy para adornar la superación épica.

Veredicto

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Película tremendamente entretenida que regresa la esperanza al miedo colectivo que causaba ver a Disney apropiarse de grandes, enormes, consorcios de ciencia ficción y cómics. Una propuesta arriesgada que sale bien librada entre lo que Disney siempre va a hacer y lo que reclama una juventud completamente diferente a la que le interesan más los superhéroes y la ciencia ficción que los castillos encantados y Angelina Jolie despechándose por sus alas. En general, un logro entrañable en la creación de ciertos personajes que van a hacer historia y en la muy necesitada absorción de enseñanzas de Pixar. En general, una buena opción de entretenimiento ligero y gusto visual.

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Título: Big Hero 6

Duración: 102 min.

Fecha de estreno: 13 de noviembre de 2014

Director: Don Hall, Chris Williams

Elenco: Scott Adsit, Ryan Potter, Daniel Henney, T. J. Miller, Jamie Chung, Damon Wayans, Jr., Génesis Rodríguez

País: Estados Unidos

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