En 1938 Estados Unidos se encontraba en plena depresión económica. Las familias apenas tenían qué comer, los vagabundos se multiplicaban y los ladrones se encontraban en cada esquina. También eran años de florecimiento para la industria de la comunicación, la penetración de la radio era fundamental y en casi cada hogar de la Unión Americana había un aparato de radio.

También fue el año en que un joven Orson Welles llevó a cabo la transmisión radiofónica más célebre de toda la historia. Todo comenzó cuando a Welles le fue encargada una serie especial de programas para adaptar obras literarias al radio. El primero de estos programas apareció el 30 de octubre de 1938 en una estación de la Columbia Broadcasting System (CBS), y se trataba de una adaptación dramática de la novela de H.G. Wells, La guerra de los mundos.
 

Orson Welles La guerra de los mundos2
Orson Welles en la CBS

Campbell Playhouse (CBS Radio) December, 1938 Shown in rehearsal: Orson Welles NB: program created following his October 30 broadcast of The War of the Worlds

Welles planeó darle al programa una estructura de noticiero. Por lo que corrió un concierto de música y esporádicamente lo iba interrumpiendo con lo que parecían “cápsulas informativas”. En estas secciones, él narró algunos pasajes de la novela como si fuera un reportaje de eventos en vivo. De manera que parecía un reportero de Jersey que contaba cómo los marcianos iniciaban una invasión a la Tierra. El magnífico programa terminaba con la muerte del reportero bajo los efectos de una supuesta “nube misteriosa”.

Al parecer, muchos radioescuchas no se tomaron muy bien la broma, y entraron en pánico. Las líneas se saturaron, las comandancias de policía estaban a reventar y muchas vías de comunicación colapsaron. De alguna manera, el programa fue tan exitoso que miles de radioescuchas se convencieron de que realmente el planeta estaba bajo el ataque de seres extraterrestres. Por supuesto, éste no era el objetivo de la transmisión. Es más, en la introducción y en el cierre del programa se escucha claramente que se trataba de una adaptación de La guerra de los mundos, pero la audiencia no le puso mucha atención, o simplemente no le importó la advertencia.

Este gesto catapultó la carrera de Welles y el episodio suele ser considerado como una muestra del “poder” de los medios de comunicación y el pánico de las masas. Sin duda que es así, pero en realidad oculta mucho más.

No podemos obviar la relación entre la crisis económica y la disposición de la audiencia a creer en peligros sobrenaturales. Después de todo, ante una amenaza tan apabullante y terrible, la gente se encontró más dispuesta a caer en pánico. El terror de las crisis económicas es profundo (miedo a morir de hambre, a perderlo todo, a que nuestros seres queridos mueran), pero invisible. Nadie puede señalar el peligro, y por lo tanto nadie puede huir de él. De ahí que sea fácil en situaciones como ésta darle cuerpo a nuestros miedos y convertirlos en amenazas sobrenaturales, como fantasmas, muertos vivientes, demonios o extraterrestres (o en el “chupacabras” en la crisis económica del 94 en México, por ejemplo).
 

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Portada del New York Times del 31 de octubre de 1938

En este contexto, los medios de comunicación juegan un papel fundamental. Con esta adaptación de La guerra de los mundos, Orson Welles, en efecto, advirtió que el poder de la radio era demasiado grande; pero también puso en entredicho la veracidad de los medios de comunicación masivos. Es decir, para él fue muy fácil montar una farsa, ¿qué tal que él no fue ni el primero ni el último?, ¿qué tal que la radio tenía tanto poder porque la gente estaba predispuesta a creer todo lo que dijeran? No podemos quedarnos con la advertencia, la verdadera lección del genio de la comunicación que fue Orson Welles es que no podemos depositar nuestra confianza ciega en los medios de comunicación, una lección especialmente importante para países como el nuestro.

Así que la ya lo saben, ¡desconfíen de todos los medios! Y por qué no, pueden comenzar con este artículo.

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