J.J. Abrams es, sin duda, un director de culto… ¿pero realmente necesitamos que regrese a dirigir Star Wars?

Hace unos días se anunció que Colin Trevorrow ya no dirigirá el Episodio IX de Star Wars. Y, desde que se hizo el anuncio, hubo mucha especulación sobre quién podría reemplazarlo en el trabajo más codiciado de Hollywood. Se habló de otros directores jóvenes, como James Gunn y se habló de, por fin, tener a una mujer para dirigir en la saga

Finalmente, las voces se callaron, el polvo se estancó y la mandamás de Lucasfilm, Kathleen Kennedy, habló: será J.J. Abrams quien regrese, después de hacer el Episodio VII, a dirigir el final de esta trilogía. Abrams es un viejo conocido de Kennedy y ha trabajado con la antes productora desde hace más de treinta años. Además, hizo un excelente trabajo reviviendo toda nuestra nostalgia en The Force Awakens.

Pero, ¿realmente queremos que Abrams dirija una nueva película de Star Wars¿No era esta trilogía una forma de renovación generacional? ¿No era un proyecto para jóvenes directores? ¿No era la continuación de la misma filosofía que hizo de Rey y Luke, seres absolutamente desconocidos, dos héroes galácticos?

Una galaxia de oportunidades

George Lucas en el set de Star Wars en 1977
George Lucas en el set de Star Wars en 1977.

En 1977 las productoras no eran ávidas consumidoras de ciencia ficción y locuras espaciales. Pocos años antes, con el proyecto más ambicioso de la historia, Jodorowsky se había topado con puertas cerradas y mentadas de madres tratando de vender su gigantesca adaptación de la enorme novela Dune de Frank Herbert. La razón: nadie creía que la ciencia ficción pudiera vender a gran escala. ¡Vaya errores del pasado inocente!

George Lucas estuvo rogando a productores durante mucho tiempo para conseguir que, finalmente, 20th Century Fox le diera una oportunidad de hacer su locura espacial. Star Wars era su tercera película pero, antes de empezar la enorme saga, Lucas sólo había hecho la pequeñísima –y hermosa– THX 1138 (que costó un aproximado de 800 mil dólares) y American Graffitti (que costó aún menos).

Esto quiere decir que, cuando 20th Century Fox compró la idea de Lucas, éste sólo había realizado películas independientes y ningún blockbuster. Era todavía un joven esperanzado de poca experiencia y elocuentes ideas. Y esa es la base sobre la que se fundó la saga galáctica más famosa del mundo.

Irvin Kershner tenía ya bastantes años de experiencia al realizar The Empire Strikes Back; pero Richard Marquand sólo había trabajado en televisión y un par de películas de mediano presupuesto antes de realizar The Return of the Jedi. La historia, entonces, se repetía.

Recordando esto quiero retomar el argumento de Teresa Jusino en The Mary Sue: Star Wars está forjada en la idea misma de dar una oportunidad a los desconocidos, a aquellos que tienen una valía todavía no probada, que destacan sin ser todavía destacados. Luke se sentía el ser más común del universo y, como buen esquema del héroe inspirado de las lecturas de Joseph Campbell, se convierte en un gran profeta. Rey, también, es rescatada de un mundo-basurero y para aventurarse en un enorme destino épico…

El punto es que todo el ADN de Star Wars, desde su fundamento, desde que Lucas se enfrentó a productores codiciosos que luego se tragaron sus palabras, está impregnada de desconocidos que, cuando les dieron una oportunidad, hicieron historia.

Esta saga era una galaxia lejana, ciertamente, pero llena de oportunidades.

El relevo de Kennedy

J.J. Abrams al lado de Kathleen Kennedy, presidenta de Lucasfilm.
J.J. Abrams al lado de Kathleen Kennedy, presidenta de Lucasfilm.

Cuando Lucas vendió su enorme compañía a Disney, decidió sabiamente que su sucesor debía ser alguien de confianza. Y, con toda la sensatez del mundo, se inclinó hacia Kathleen Kennedy para ponerla al frente de Lucasfilm.

Kennedy trabajó con Spielberg como su secretaria hasta convertirse en su productora estrella. Sus créditos en cine son como la pared de trofeos más increíbles de la ñoñería contemporánea: Raiders of the Lost Ark (1981), Poltergeist (1982), E.T. the Extra-Terrestrial (1982), Twilight Zone: The Movie (1983), Gremlins (1984), Indiana Jones and the Temple of Doom (1984), Back to the Future (1985), The Goonies (1985), The Land Before Time (1988), Who Framed Roger Rabbit (1988), Jurassic Park (1993), The Sixth Sense (1999) y A.I. Artificial Intelligence (2001), por mencionar sólo algunas….

Entre todos estos éxitos, Kennedy siempre tuvo un ojo para escoger jóvenes talentos. En una anécdota, la mítica productora cuenta cómo recibió una llamada de un tipo que dijo haber encontrado las cintas de juventud de Steven Spielberg en un ático de Arizona. Escéptica pero receptiva, le pidió que las llevara a Los Ángeles y resultó que era verdad: se trataba de la colección de películas juveniles de Spielberg grabadas en 8 mm.

Inmediatamente, Kennedy le propuso a Spielberg ordenarlas y clasificarlas. Pero, claro, el director no tenía mucho tiempo para estas ociosidades… Entonces Kennedy contrató a dos muy jóvenes entusiastas que habían ganado, recientemente, un premio de cine. Estos dos ñoños desconocidos, pequeños fanáticos vueltos locos de trabajar en el archivo Spielberg, eran Matt Reeves (Dawn of the Planet of the Apes, Cloverfield) y J.J. Abrams.

Cuando Kennedy tomó el proyecto de Star Wars no le sorprendió a nadie que escogiera, para una nueva película de la saga más famosa del cine, a un viejo conocido como Abrams. Además, el director también siempre ha tenido la mente de un productor: sabe perfectamente las necesidades materiales de una cinta, sabe crear expectativa, sabe hacer tráilers y sabe hacer poderosos llamados a la nostalgia. El resultado fue The Force Awakens: un sólido éxito de taquilla, crítica y público.

Pero, después, Kennedy decidió tomar una decisión que todo el mundo aplaudió: darle oportunidad a jóvenes directores de género para encabezar la creación de nuevas películas de Star Wars. No se trataba solamente de las películas de la nueva trilogía, este proyecto también incluía toda la panoplia de spin-offs que conformaría el universo expandido de esta saga.

Por ahí apareció Rian Johnson, tremendo director joven de la increíble Looper, para dirigir el Episodio VIII; Gareth Edwards, director de la precaria e indispensable Monsters, para dirigir Rogue One; Phil Lord y Christopher Miller, directores de la maravillosa The Lego Movie, para dirigir la película de Han Solo; Colin Trevorrow, el encargado de revivir el parque jurásico con Jurassic Worldpara dirigir el Episodio IX.

Este proyecto sonaba como algo absolutamente sensato, atrevido y brillante: Star Wars iba a renovarse con sangre joven que había crecido admirando la trilogía original; juventud absolutamente necesaria después del desgaste de la trilogía dirigida por George Lucas.

Pero, como dice la canción, todo se derrumbó…

El fin de una idea

J.J. Abrams en el set de The Force Awakens.

No podemos culpar, necesariamente, a Kathleen Kennedy. Sin embargo, parece que el proyecto de contratar a jóvenes directores promesa de Hollywood, un proyecto que ella misma creó, está muriendo por su propia mano. Hubo varios rumores sobre diferencias creativas entre Gareth Edwards y los productores al terminar Rogue One; los encargados del spin-off de Han Solo también tuvieron roces con Kennedy; y, según se rumora, Colin Trevorrow tuvo un conflicto algo más acalorado con la mandamás de Lucasfilm.

Y, así, comenzaron a rodar las cabezas. Gareth Edwards logró acabar su película, al igual que Rian Johnson; pero ni Trevorrow, ni la dupla de Lord y Miller, sobrevivieron al rodaje. Kennedy despidió a los creadores de The Lego Movie para reemplazarlos por un viejo lobo de mar llamado Ron Howard. Y, más recientemente, corrió a Trevorrow para regresarle la silla de director a J.J. Abrams.

Lo que resulta triste aquí no es que Abrams dirija o no dirija la última cinta de esta nueva trilogía. Sino que contratar a Howard y a Abrams muestra que la apuesta por nuevas generaciones fracasó. Y el factor común aquí son los productores y los directivos del estudio, no los directores.

Parece, entonces, que la promesa de sangre nueva se acabó cuando estos jóvenes creadores empezaron a mostrar iniciativa propia y no se cuadraron a las estrictas políticas de los productores. Esto, en principio, podría parecer normal en cualquier otra saga. Pero Star Wars puede correr el riesgo de equivocarse, puede arriesgarse y hacer una película mala y sobrevivir… O, si no, ¿por qué regresamos al cine después de The Phantom Menace?

Ahora, nos queda preguntarnos si, para la última película de esta trilogía, queremos ver algo que ya se ha visto; queremos ver algo que será, necesariamente, complaciente para los espectadores; si queremos ver algo que va a la segura…

Estoy seguro de que Abrams hará una sólida entrega de Star Wars para el Episodio IX: sus elecciones estéticas son muy calculadas y saben manejar el público meta. Pero, tal vez, en algo tan importante como Star Wars, yo hubiera preferido el riesgo de una visión nueva. Tal vez, con una saga tan vieja y tan importante quiera algo más que sentirme escuchado. Tal vez, con algo que amo tan profundamente ya no quiero quedar satisfecho, sino que hagan algo mucho más difícil, mucho más riesgoso y mucho más osado: tratar de volarnos la cabeza con algo verdaderamente sorprendente.

Por eso, tal vez, independientemente del resultado, ya no necesitamos otra película de Star Wars dirigida por J.J. Abrams.

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