El 15 de mayo del año 2000 salió a la venta el primer número de la última historieta periódica que tuvo verdadero éxito en nuestro país.

El 2000 fue un año muy particular para México, no sólo por la salida del PRI de los Pinos, el fin de la huelga en la UNAM, ver a Carlos Santana empatar el récord de más Grammys ganados de Michael Jackson, la muerte del gran ídolo de la lucha libre Blue Demon o el descenso del Toros Neza, uno de los equipos más sui géneris del balompié nacional; sino también porque en ese cada vez más lejano año vimos en los puestos de revistas de todo el país el primer número de Meteorix 5.9 No aprobado, el cómic mexicano más popular de esa década, un  proyecto personal del dibujante Jorge Break.

A pesar de que la premisa del cómic no era nada fuera de lo común, o tal vez por eso, se hizo de un público fiel que le permitió vender aproximadamente 16,000 ejemplares cada dos semanas durante su mejor momento.

En el primer número conocemos a Aldo Alva, un nada popular estudiante de una secundaria pública, quien por accidente se come un fragmento de un meteorito espacial que le concede poderes y una musculatura que sería la envidia de Superman. Él, junto con sus personajes de apoyo (el May, Lucy, Eva y Katzandra), combatían cotidianamente a monstruosos mutantes surgidos de la mente de los villanos General Mörder y el científico loco Tatema Tumoko Lokaido.

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La publicación catorcenal consiguió conectar con un público joven, principalmente estudiantes de secundaria, debido a que lograba combinar varios elementos en una sola revista: personajes cercanos a su público, humor muy mexicano, dibujo al estilo manga y un precio económico (¡6 pesos!).

A pesar de que en su momento el cómic fue objeto de críticas, sobre todo por los fans más “puros” de las historietas japonesas, que consideraban que el lenguaje usado en la revista llegaba a ser vulgar, por el uso de caló (sobre todo chilango), y que los dibujos de los personajes femeninos eran demasiado sexualizados (señalando que eran iguales a los de los Sensacionales), se impusieron los fans de la publicación, que apoyaron a la revista durante sus 90 números. Por ello, entre en serio y entre en broma, Jorge Break  desde entonces ha nombrado a su estilo de dibujo como “Manganako”.

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El cómic fue objeto de críticas, en parte debido a que algunos consideraban que los dibujos de los personajes femeninos eran demasiado sexualizados

Uno de los elementos más curiosos de la revista era el uso cotidiano de referencias de personajes reales y ficticios, por ello era común ver en las páginas de Meteorix a los profesores Mulder y Scully, maestros de la secundaria, o al villanísimo agente doble M, un malévolo gemelo transexual de Marilyn Manson que resultaba llamarse Margarito Menchaca, o al Presidente de los Estados Unidos, Arnold Schwarzenegger. También Break dejaba ver sus gustos personales y elementos de la cultura pop a lo largo de la publicación, por ello era común ver referencias a videojuegos, sobre todo a King of Fighters, parodias de animes (como Aldo lanzando un “madrazo de Pegaso”) y cameos de parodias de otros héroes del cómic nacional, como el Cerdotado, el Santos, Memin Pinguín, Kaliman o Karmatron, así como portadas que homenajeaban a las películas de moda.

Para los habitantes de la Ciudad de México también era un placer ver dentro de las historias varios lugares reconocibles de la capital y la zona metropolitana en la revista, como el Bosque de Chapultepec, el monumento al Caballito o la escuela secundaria Jacinto Canek de Ciudad Azteca (que sirvió de inspiración a “Mártires de Acteal”, escuela donde estudiaban los chavos del cómic) donde el propio Jorge Break estudió en la vida real.

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Se suele señalar que mucho del éxito de Meteorix se debía a que los dibujos recordaban a los de Dragon Ball, pero únicamente los pelos parados de Aldo tenían similitud con los de Goku, y en el transcurso de los números incluso eso se fue estilizando para dejarlo menos parecido al Sayayin legendario.

En realidad, desde mi punto de vista, lo más parecido a Meteorix es Simón Simonazo, un popular y famoso cómic de finales de los setenta que también tenía como protagonistas a adolescentes de secundaria que vivían aventuras, en su mayoría más mundanas que las de Aldo y sus amigos, con un lenguaje popular, mujeres frondosas y un sentido del humor muy fresco para la época. De hecho, uno de los primeros trabajos de Jorge Break fue en la revista La Pura Banda, un proyecto semanal en el que trabajó al lado de Samuel “el Pinche Sam” Marín y Ramiro “el Pollo” Solís, el equipo creativo de Simón Simonazo.

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Hacia el final de su publicación, Meteorix sufrió un cambio de formato a un tamaño estilo cómic gringo

 

A pesar de que en la parte final de su historia el cómic bajo en ventas (probablemente por sus varios retrasos, el cambio de formato a un tamaño estilo cómic gringo y el consecuente aumentó de precio) y su final no lució del todo, e incluso se ve un poco apresurado (se dice que originalmente estaba pensado para durar 100 números), Meteorix consiguió cerrar decentemente y aún hoy, 15 años después de su inicio, sigue siendo recordado con gusto por sus fans y no tanto por los críticos “serios”.

Hoy, cuando las tiendas departamentales y los puestos de revistas están llenos de cómics, es increíble que no se pueda encontrar casi ninguna revista de historietas nacional periódica y las pocas que se ven no conectan con el público de la misma forma en que lo llegó a hacer Meteorix. Tal parece que las editoriales no confían en el talento y la disciplina de los autores mexicanos, quienes, desde hace varios años, parecen estar más a gusto en publicar en formato de novela gráfica, para lectores más exquisitos y más alejados de lo popular.

En el 2015 necesitamos urgentemente un Meteorix que nos salve.

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