La Luna: Deidad de la sabiduría, la reproducción y las brujas

Hacemos un repaso por algunos de los mitos y leyendas que ha inspirado la figura lunar a través de las eras en todo el mundo.

Imaginen por un momento pertenecer a una tribu de humanos primigenios. La luz del Sol se ha ido y ahora la oscuridad invade todo. Tienen que resguardarse en algún lugar, pues los sonidos y las sombras auguran el peligro inminente de algunos dientes afilados o un acantilado oculto a la vista. Es sólo con el brillo de la luna que tu tribu se siente segura. Ella, la luna, se convierte pues en tu protectora durante las noches.

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La fascinación que despierta la figura de la Luna en la mente de los humanos no es nueva, nos ha acompañado desde antes de que las civilizaciones florecieran en todo el planeta, e incluso antes de que le diéramos connotaciones religiosas o la llamáramos Luna. Existen muchos registros de tribus  en el Amazonas, Polinesia y Melanesia que veían a la Luna como un ser vivo con el cual compartían sus penas y sus alegrías. Algunos le pusieron nombre, como los papúes que le decían Bimbaio.

El nombre de la Luna procede del latín y significa “luminoso”, que a su vez derive de la palabra Lux (luz), pero la palabra con la que definimos su existencia es aún más vieja, su raíz es indoeuropea y significa “la luminosa”. Su día es el lunes.

En África se cuenta que el brillo de la Luna nos llega gracias al descuido de un murciélago. Un día el dios del cielo le do una canasta a un murciélago en la cual iba guardada toda la oscuridad, le pidió que la llevara a la Luna, pero el murciélago no tuvo cuidado y la dejó en la Tierra, donde los animales, curioso, la abrieron, y la oscuridad se escapó. Desde entonces el murciélago vuela durante la noche tratando de hacer regresar la oscuridad a su canasta.

Calendario lunar perpetuo que Athanasius Kirche incluyó en su Ars Magna Lucis (Amsterdam, 1671)

En la región de Bamako, capital de Malí, que ha estado habitada desde tiempos prehistóricos, se cuenta como en el principio de los tiempos no había nada que alumbrara cuando se ocultaba el Sol en el horizonte. Un día atacaron la aldea durante la noche y una de sus habitantes, llamada Bamako, Recibió la vista del dios N’Togini en sueños, quien le pidió se casara con su hijo Djambé y le prometió que si aceptaba casarse con él este la llevaría al cielo y ella podría iluminar la noche para evitar ataques como el sucedido. Así es como nació la Luna.

En otra de las concepciones más antiguas de la humanidad, la Luna es hombre. Por ejemplo, en Mesopotamia existía Sin, el señor de la sabiduría, protector de los pastores y máximo dios del panteón durante el periodo en que Ur ejerció la supremacía sobre el valle del Éufrates. Era un dios que fomentaba la observación del cosmos. En Egipto también era un dios varón y sabio, era Thot, padre de las matemáticas. También está la diosa sumeria-acadia Astarté, que con el paso del tiempo se convirtió en Afrodita, la diosa del amor.

Vasija griega de terracota del siglo V A.C. que representa un juramento a la Luna en Tesalia y se conserva en el Museo Británico.

Los griegos fueron los primeros en nombrar a su diosa Luna a partir de la palabra Selas (luz) que derivó en Selene, hija de Hiperión y Tea. Una leyenda cuenta que el pastor Endimión estaba enamorado de Selene y le pidió al dios Hipnos el poder de dormir con los ojos abiertos para poder admirarla cuando esta cruzaba el cielo nocturno. Hipnos, quien estaba enamorado del pastor, le otorgó el don para poder contemplar a Selene durante la noche.

Pero Selene no era la diosa lunar más importante, ese trono le pertenecía a Hécate, por ser la fuente de la luz nocturna, la  magia y brujería, el conocimiento de hierbas y las plantas venenosas, ella controlaba a los fantasmas, la nigromancia y la hechicería. El origen de su culto es aún incierto, fue grande en fervor y extenso, trascendió incluso su propia religión para llegar al cristianismo, donde se le consideraba Madre de los ángeles y lo cósmico. Reina de los muertos, las encrucijadas y las brujas.

Triple Hécate y las Cárites, Ática, siglo III a. C. (Gliptoteca de Múnich).

En México hay una serie de creencias relacionadas con la Luna y la influencia que tiene en la fertilidad, la siembra y el corte de madera, cabello, etcétera. Los antiguos mexicanos contaban, en su leyenda sobre la creación del mundo, que Tecciztécatl, un dios soberbio, rico y hermoso, se iba a sacrificar para convertirse en el Sol pero dudo y al ver como Nanahuatzin se convertía en el astro rey decidió hacer la prueba que le habían impuesto los dioses, pero estos castigaron su cobardía haciéndolo que no brillara tanto como el Sol, convirtiéndolo en la Luna. En otros relatos se cuenta que los dioses le pusieron un conejo en medio para disminuir su esplendor.

A pesar de su aparente importancia, la Luna no tiene un culto como tal entre los nahuas, sin embargo se le relaciona con el pulque, los duendes y las encrucijadas.  A la Luna de le representaba como una vasija hecha de un hueso dentro de la que se encontraba un pedernal o un conejo y con frecuencia estaba rodeada de “ojos estelares. También se le representaba de la misma forma que el Sol pero más pequeña.

Arqueólogos trabajando tras el descubrimiento del monolito de la Coyolxauhqui, 1978. (MAF)

Los mayas nombraban a la Luna “U o uh” y estaba relacionada con el crecimiento de las plantas, los ríos subterráneos. Su diosa era Ixchel, la representación de la fertilidad ligada con la tierra, debido a que los ciclos de la Luna son los que rigen los tiempos de siembra y cosecha. Se le mostraba joven, adulta o vieja, dependiendo en la forma de la luna que apareciera esa noche.

En el México prehispánico la ciudad de Tula, en Hidalgo, estaba consagrada a la Luna, pues al tener muchos tules se le relacionaba con el agua. Se dice que los Toltecas usaban mantas y ropas pintadas de azul y tocados en forma de caracol, símbolos lunares.

En años recientes, científicos del INAH lograron explorar las entrañas de la Plaza de la Luna, en Teotihuacan, y sus investigaciones revelaron que la pirámide y plaza que llevan el nombre de nuestro satélite natural tiene mucho más de la Luna que sólo el nombre. Desde una vista aérea, podría simular un paisaje lunar repleto de cráteres: fosas en cuyo interior se hallan estelas lisas de piedra verde, conductos que marcan al centro de este espacio los rumbos del universo y una serie de horadaciones que contenían cantos de río, un código simbólico que los antiguos teotihuacanos elaboraron en las primeras fases de la urbe, hace mil 900 años. ¿Será coincidencia o los teotihuacanos sabían cómo era l superficie lunar? Es un misterio que aún no se ha respondido.

El mexicano no es el único mito en el que viven conejos en la Luna. En China se dice que es la mascota de Chang’e, la mujer que vive allá arriba, que llegó al cielo al tratar de recuperar su inmortalidad. Los japoneses ven en la superficie de Luna la imagen de un conejo machacando arroz con un martillo para preparar mochi. Su leyenda es muy parecida a la que aparece en el los viejos libros de texto para las primarias mexicanas en donde se sacrifica para darle de comer a un ermitaño (Quetzalcoatl en México).

Los incas en quechua, la llamaban “Coya Raymi” o “Quilla”, teniéndola como la principal divinidad femenina y además como la Madre Luna. En Tiwanaku, hay un monumento que forma parte del Complejo Arqueológico Monumental llamado Puerta de la Luna, a la par de la Puerta del Sol. Los muiscas precolombinos adoraban a la Luna, la llamaban Chia; hoy este nombre lo lleva una ciudad cercana a Bogotá.

En el norte del continente, en Groenlandia, los inuit afirman que el Sol es femenino (Malina) y la Luna es masculino (Anningan). Anningan toma fuerza de su hermana, a la cual quiere “poseer” y por eso es que va tras ella siempre.

“Anningan se concentra tanto en su hermana, que a menudo se olvida de comer. Por lo tanto, a medida que transcurren los días, se le ve más delgado, más fino debido a la falta de alimento. Una vez al mes, la Luna desaparece durante tres días, momento en el cual el dios Anningan puede comer. Pero transcurridos estos tres días, el dios siempre vuelve para perseguir a su hermana. Así, es cómo la gente inuit explica tanto las fases de la luna, como la aparición del Sol y de la Luna en el cielo cada día”.

Como pueden ver la Luna está relacionada con la fertilidad, pero también con el conocimiento. Su culto se extiende por todo el planeta y es probable que no vaya a ceder nunca. Su importancia en algunos casos es más grande que la que tiene el Sol, por la protección que le ofrece a los viajantes o los secretos de los que ha sido testigo en la mente de los filósofos y magos.

Estos no son todos los mitos ni leyendas que existen, ni mucho menos. Sólo es la introducción a un mundo de leyendas mucho más amplio que esperamos conocer con las historias que nos dejen en los comentarios.