Nuestro colaborador Edgar Olivares hace un repaso por la leyenda más popular de México y nos adrenta a sus oscuros orígenes.

Llorona

(Foto: Edgar Olivares)

Al igual que la leyenda de la aparición mariana de la Virgen de Guadalupe, cualquier mexicano promedio conoce a grandes rasgos la leyenda de La Llorona. Una mujer casada que por despecho ahoga a sus hijos (en un río, lago o fuente) y que luego se suicida, pero que su espíritu no puede descansar, pues es tal su arrepentimiento por el filicidio que pena por las galles llamando a sus hijos. “Ay mis hijos” grita la llorona.

Todos conocemos a “alguien” a quien se le ha aparecido, o alguien que conoce a alguien a quién le pasó. Pero ¿cuál es su origen? La mayoría de las personas la relacionan con algo ocurrido durante la colonia española, otros tantos como una leyenda que nos llegó desde la época prehispánica. Lo cierto es que la historia de la Llorona, como muchas otras cosas en el país, es resutado del sincretismo cultural, pero su raíz es mucho más profunda de lo que todos suponen. Tiene que ver con el origen mismo de la humanidad tal y como se concebía en el Valle de México, cuando aun no habían llegado los mexicas por estos rumbos.

Para el que escribe no fue fácil llegar a estas conclusiones, me tomó años de investigación. Permítanme explicarme. Hace algún tiempo recorrí el país junto con Luis Villegas y Federico Aguilar (y la invaluable colaboración se Susana Escobar), buscábamos conocer y entender las leyendas mexicanas. No las que aparecen en los pasquines de leyendas coloniales (que debó reconocer que amo con profundidad), sino las vivas. Las que aún se cuentan en los núcleos familiares, en los ranchos, pueblos y las ciudades. De ese viaje nació Cristóbal, el brujo un cómic que nos sirvió para contarle a la gente todo lo que veíamos.

Entre todas las leyendas que encontramos a nuestro paso la de La Llorona fue una de las más socorridas y comentadas. Siguiendo la pista de su origen durante 10 largos años que duró nuestro proyecto, descubrimos que el punto de partida de la leyenda original fue Xochimilco.

Advertencia: para el que busque detalles mórbidos sepa que aquí no habrá. Esta es una historia que habla de la humanidad, el agua, las cosechas y que ha ido transmutando a lo largo del tiempo, hasta convertirse en Virgen. Es un camino largo y sin asfalto, quienes lo quieran seguir advertidos quedan.

Xochimilco: sementera de flores

Para entender la leyenda primero habría que entender un poco a Xochimilco. Desde su fundación como pueblo, los xochimilcas han guardado en su memoria colectiva mitos y leyendas que les dan identidad propia como habitantes del Valle de México. Cada una de estas narraciones permite darnos cuenta de la gran capacidad que tienen como cronistas históricos y de la formidable capacidad que tenían los primeros habitantes del Valle de explicar la realidad de forma fantástica.

Cortando la primer mazorca.
Cortando la primer mazorca.

Cortando la primer mazorca.

Pero ese entendimiento se ha modificado de la misma forma en la que se ha transformado el paisaje de Xochimilco. De los apacibles y tranquilos lagos y canales que resguardaban las chinampas de cultivo, a las aguas tratadas en las que navegan las trajineras llenas de turistas; y de los solitarios pueblos de la montaña a las sobrepobladas colonias que inundan todas y cada una de las laderas posibles al sur de la ciudad de México.

Ligados al cultivo de la chinampa y a la pesca en sus canales, el pueblo xochimilca cimentó sus leyendas, mitos, costumbres y tradiciones alrededor de sus sistemas de producción. El promotor cultural Xochimilca, Joaquín Prexedis, me lo explicaba así durante una entrevista.

“Xochimilco de algún modo paga su tributo a la gran ciudad con agua, sin embargo, todo el sistema agrícola basado en la chinampa, como tecnología excepcional que la humanidad ha creado, permite conservar no solamente el espacio, que de algún modo está cercado por chinampas, el centro y toda la parte norte y oriente, que lo ha mantenido con una serie de tradiciones y sobre todo con un ciclo festivo ritual enfocado a la producción de maíz. El maíz es el centro del ciclo ritual de Xochimilco, aunque el ciclo ritual del maíz este disfrazado de Día de la Candelaria, de Día de la Cruz, de Día de Muertos, de Día de Santiago, de todo esto. Debajo de todo esto está la producción, la advocación agrícola del pueblo. En función a eso una serie de mitos relacionados sobre todo enfocados al origen, de surgimiento y que vinculan a los entes actuales con las figuras prehispánicas”.

La maestra Aracely Peralta Flores, investigadora del INAH oriunda del centro de Xochimilco explica que una gran cantidad de la larga lista de fiestas xochimilcas ellas están relacionadas con rituales a la fertilidad. “Hoy en día se conservan aún muchas de ellas donde se tiene un vínculo directo con la producción chinapera, que fue lo más importante. Porque había producción en la zona cerril y de montaña, pero la más importante fue la de la chinampa. Todo el año podía producir una chinampa, de hecho, fue el granero, por muchos siglos, primero de México Tenochtitlán, cuando estaban los mexicas, luego durante la conquista fue el granero para la ciudad de México. Todavía a principios del siglo XX había una producción importante”, explica la maestra.

cazadores de aves con redes
Cazadores de aves con redes

cazadores de aves con redes

Así pues, mitos xochimilcas forman parte de un sistema de principios establecidos con el fin de proteger la forma de vida de la población: la producción de la chinampa. Pero, ¿cómo puede sobrevivir una leyenda a la implacable llegada de la “modernidad” y a la necesidad de emigrar fuera de la chinampa en busca de mejores oportunidades de educación y empleo? Bueno, la respuesta que se antoja sencilla, pero que sin duda es producto de una gran complejidad histórica y cultural: la leyenda se adapta a las necesidades sociales de la época. Así fue como la leyenda de Cihuacóatl – Quiláztli terminó convirtiéndose en La llorona y luego en algo mucho más grande que eso.

Cihuacóatl – Quiláztli

La diosa protectora de los xochimilcas que dio origen no sólo a este pueblo, sino que, junto con Quetzalcóatl, forma parte activa en la creación de los macehuales (los seres humanos).

Esta leyenda, bien documentada por Miguel León-Portilla y Alfonso Caso, nos cuenta la épica de Quetzalcóatl, símbolo de la sabiduría del México Antiguo, quien acepta el encargo de restaurar a los seres humanos y proporcionarles alimento. Para lograr su cometido, el dios benefactor viaje al Mictlan, “la tierra de los muertos”, en busca de los “huesos preciosos”, despojos humanos de épocas anteriores4. Tras vencer una serie de dificultades puestas por Mictlantecuthtli, señor de los muertos, Quetzalcóatl, ayudado por su hermano gemelo y nahual Xolotl, los gusanos y las abejas logra robar los huesos y llevarlos a Tamoachan, un lugar sagrado que para algunos narradores se ubica entre las chinampas de Xochimilco.

Resucita después Quetzalcóatl,
Se aflige y le dice a su nahual:
-“¿Qué haré, nahual mío?”
Y éste le respondió:
-“Puesto que la cosas salió mal,
Que resulte como sea.”
Los recoge, los junta, hace un lío con ellos,
Que luego llevó a Temoanchán.

Y tan pronto llegó,
La que se llama Quilaztli,
Que es Cihuacóatl, los molió
Y los puso después en un barreño precioso.
Quetzalcóatl sobre él se sangro su miembro.
Y en seguida hicieron penitencia los dioses que se han nombrado:
Apantecuhtli, Huictlolinqui, Tepanquizqui,
Tlallamánc, Tzontémoc
Y el sexto de ellos Quetzalcóatl
Y dijeron:
-“Han nacido, oh dioses
Los macehuales (los merecidos por la penitencia).
Porque nosotros
Hicieron penitencia (los dioses)”

“Los abuelos que relatan las historias, con todas las variantes que se adecuan a su relato, no han leído a los cronistas, no han leído a Sahagún, no han revisado libros de historia, tal vez algunos no sepan leer como para tener el sustento. En realidad, Mictlancihúatl es la esposa de Mictaltecutlí y cuando Quetzalcóatl se roba los huesos de los hombres para crear esta humanidad, los lleva con Quiláztli, que es la madre, “la molendera”; y Quiláztli es la diosa Tutelar de Xochimilco. Entonces, si en algún lado hay que buscar los huesos de la humanidad seguramente que es en Xochimilco”, explica Joaquín Prexedis.

En relación a Xochimilco como punto de origen de la creación de los macehuales se sabe que en el lugar que hoy ocupa el ex convento de San Bernardino de Siena, convento franciscano del siglo XVI, se encontraba el templo de la Cihuacóatl – Quiláztli, según lo relatan la maestra Herlina Garcia, administradora de la Casa de cultura de San Mateo Xalpa; y la maestra Aracely Peralta Flores. Este punto es muy importante, porque en la Leyenda de la llorona u otras mujeres de blanco que se aparecen es en esa zona (en la esquina del mercado) donde se les puede ver durante la noche.

La maestra Peralta, coincide con muchos otros investigadores, al decir que la Cihuacóatl – Quiláztli representa “la fertilidad, es la tierra madre, porque la serpiente está relacionada con la tierra” y al ser Xochimilco un pueblo lacustre que vivió por muchos siglos de la producción campesina es lógico que la fertilidad esté asociada a muchas de sus tradiciones.

Coatlicue
Diosa Coatlicue que se encuentra en el MUser de Antropología e Historia. Foto: Edgar Olivares.

Coatlicue

Para los aztecas, la Cihuacóatl pertenecía a una trinidad de diosas que representaban a la Tierra en su doble función de creadora y destructora: “Coatlicue, Cihuacóatl y Tlazoltéotl. Sus nombres significaban: “la falda de serpientes”, “mujer serpiente” y “diosa de la inmundicia”, respectivamente. Esta trinidad de aspectos que evocan a una misma divinidad se vuelve aún más amplia en Xochimilco, de acuerdo a Joaquín Prexedis:

“En el ámbito de lo que son las diosas o númenes de la fertilidad sólo hay una diosa de la tierra, que adquiere el nombre de Cihuacóatl, Tlaticue, Tonanzin, Chantico, dependiendo la región y la variable. Y sobre todo la advocación en la que esté colocado. Siempre la mujer, en el ámbito de las diosas, pues está referida a la fertilidad. La diosa en si es Cihuacótal- Coatlicue, en todos sus desdoblamientos y desdoblamientos es la misma pero aquí está dándonos los frutos y aquí nos da el maíz, pero es la misma tierra fecundadora”.

De entre las diosas relacionadas con la Cihuacóatl mencionadas por el licenciado Praxedis destacamos a Chantico o “la que está en el hogar”, quien fungía como diosa del fuego terrestre simbolizado en el fogón de la casa y bajo cuya protección laboraba el gremio de los joyeros y que es asociada con la brujería, debido a que fue convertida en perro por no ayunar antes de hacer ofrenda a los dioses”.

De acuerdo a los informantes de Sahagún, al nacer los niños se enterraba su placenta y los utensilios propios de su sexo bajo las piedras del fogón que amparaba Chantico; en este sentido “Cihuacóatl era también Yoalticitl, “diosa de las cunas”, protectora de los niños y la que se pedía buscar los favores de Yoaltecuhtli, “Dios de la noche”, para que los durmiera”; y en su forma de deidad incendiaria podemos encontrar que el nahual (o disfraz) del dios del fuego: Huehuetéotl, que quiere decir el “dios viejo” y es una de las deidades más antiguas del valle de México; es llamada Xihuacoatl o sea “la serpiente de fuego”.

La investigadora Blanca Solares encuentra otras advocaciones de esta misma diosa en Citlalinicue, “Diosa de la saya de estrellas”, Ilamatecuhtli, “la señora vieja”, Tonantzin y tomando en cuenta el Códice Borgia, la identifica también con Itzpapálotl, Cihuatéotl y Tlazzoltéotl.

Sacrificio Humano que aparece en el Códice Durán
Sacrificio Humano que aparece en el Códice Durán

Sacrificio Humano que aparece en el Códice Durán

Para el profesor Rodolfo Cordero López, uno de los investigadores y cronistas más reconocidos de Xochimilco, el matriarcado singular de Xochimilco es presidido por “La Mictlanticíhuatl, la señora del universo de los descarnados (a quién ubica como la creadora de los primeros macehuales); Meztlixóchitl, es la mujer quimera, la protectora de las flores acuáticas de la zona chinampera de Xochimilco y Quilaxtli, la señora de los mantenimientos; la mujer nahual, de las trasformaciones peculiares.

Sobre la diversidad de nombres que recibe el mismo personaje, el historiador y antropólogo francés Jacques Lafaye concluye, con base a la información recogida por Sahagún y Durán que Cihuacóatl designa a las diosas “del mismo modo que Nuestra Señora designa a la Virgen María en el cristianismo -y agrega – (…) a través del bosque de símbolos asistimos a un agrupamiento de las diferentes diosas-madres y de la fecundidad alrededor de cualquiera de sus figuras.”

El nombre de Cihuacóatl también era el título con el que se designaba a las parejas de los que “ejercían el poder en Tenochtitlan y de los consejeros de los gobernantes” y en Xochimilco no era la excepción como lo describe el maestro Cordero López en su crónica de Metztlixóchitl, Flor de Luna en el que emparenta a Xochiquetzalli con Metztlixóchitl, la esposa del último gran señor de Xochimilco.

El mismo Cordero López describe a Xochiquetzalli como diosa de los artistas, los floricultores, los tejedores de tapices de plumas, es la protectora de Xochimilco y en esta narración toma el lugar de una mujer mortal, la cual se aparecía como una “figura fantasmal de mujer morena, esbelta, de rostro redondo y cabellera tejida en trenzas largas de color negro” navegando en una chalupa por los canales bañados por la luna, con el único fin de hacer nacer las flores nocturnas; y que huía de los hombres que se atrevían a perseguirla.

En esta versión la diosa es polinizadora y protectora de las flores (diosa que da la vida); y es necesario detenernos un momento a ver la alta importancia que tiene la relación entre las mujeres y las flores entre el pueblo xochimilca.

A la llegada de los españoles al Valle de México, fray Bernardino de Sahagún detecta varias “fiestas floridas” indígenas, entre las que se encuentran: “Tecuilhuitontli, Xochipaina, Xochicalaquia, Xochilhuitl, y la de las flores espirituales de Xochipilli.”

De acuerdo con la investigadora Blanca Solares la secuencia de las diferenciadas figuras de las diosas se relacionan “las distintas fases y ámbitos que describe el ciclo cosmogónico como una especialización funcional sofisticada del ouroboros femenino recubriendo todos los procesos vitales.”

Así pues con el nombre de Xochiquetzalli es la encargada de dar la vida los frutos nocturnos, en otra advocación se le representa de forma más mortífera como se muestra en este canto consagrado a la Cihuacóatl, rescatado por Sahagún, en el que se puede ver la relación entre la guerra (muerte) y la agricultura (vida):

Canto a Cihuacóatl
El Águila, el Águila, Quilaztli
Con sangre tiene cercado su rostro:
¡Adornada está de plumas!

¡Plumas-de águila vino,
Vino a barrer los caminos!
Ella, Sabino de Chalma, es habitante de Colhuacan
Donde se extiendan los abetos
En el país de nuestro origen
La mazorca en divina tierra,
En mástil de sonajas está apoyada
Escoba, escoba, llena mi mano
Escoba, escoba, llena mi mano
La mazorca en divina tierra,
En mástil de sonajas está apoyada
En 13-águila nuestra madre, la reina de los Chalma;

¡Su canto es su gloria!

Entonces, así como ayudó a Quetzalcóatl a darle vida a la humanidad, también podía quitar dicha vida, como apunta Alfonso Caso en su libro El Pueblo del Sol: “son sólo aspectos de una misma divinidad, representan a la Tierra en su doble función de creadora y destructora.
De la faceta mortífera de Cihuacóatl, Sahagún comenta:

“Decían que daba cosas adversas como pobreza, abatimiento, trabajos; aparecía muchas veces, según dicen, como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en palacio. Decían que de noche voceaba y bramaba en el aire.”

De esta aparición nocturna y vociferante, que también era llamada “nuestra madre”, se decía que con frecuencia estaba hambrienta y que era necesario inmolar una víctima cada semana para alimentarla:

“Pasados ocho días sin sacrificio, los sacerdotes envolvían un pedernal, al que llamaban “hijo de Cihuacóatl”, y lo colocaba dentro de un coztli, cuna, que las mujeres cargaban a cuesta en sus espaldas, lo que entregaban a una india de confianza y servidora de Cihuacóatl que se iba al mercado y suplicaba a la vendedora más rica que cuidase a su hijo por un momento, en realidad, sin la intención de volver. Cuando pasado el tiempo la vendedora registraba la cuna solo encontraba el pedernal. Gritaba entonces que había venido Cihuacóatl y los sacerdotes pedían sacrificio.”

Comienzan las apariciones de la Diosa

En Xochimilco, aun se cree, que esta aparición se da en el mercado que se encuentra en la zona Centro y está relacionada con la iglesia de San Bernardino de Siena, donde se encontraba el templo de la deidad y vivían sus sacerdotes. El arquitecto Enrique Martínez Troncoso, miembro de Xochicalpalli Milchihua A.C, narra:

“Entonces cuando ellos –sus sacerdotes- tenía que hacer un sacrificio, obviamente decían que tenían que buscar a una persona, a un niño, para poderlo sacrificar. Entonces el mito empieza en que los mismos sacerdotes buscaban a una mujer y metían un pedernal en un cesto para meter un niño y lo iban a dejar en un puesto en el mercado aquí en Xochimilco, más que nada con los pochtecas, que son los comerciantes, gente adinerada, en este caso eran los joyeros. Entonces ahí con ellos dejaban encargado el cesto con pedernal, que era el hijo. Entonces pasaban la horas y cuando se daban cuenta que no volvían los sacerdotes por ese cesto con el pedernal ellos entendían que la Cihuacóatl quería alimentarse, que andaba buscando a su hijo”.

Al igual que su dualidad creadora de Cihuacóatl-Quilaztli o Cihuacóatl- Xochiquetzalli, al traer la muerte la diosa tiene otro nombre y ese normalmente es el de Mictlancihúatl, la señora del universo de los descarnados, esposa de Mictalntecutli, el señor de los muertos. De acuerdo con las crónicas de Rodolfo Cordero López, Mictlancihúatl pena en Xochimilco porque está buscando los huesos que robó Quetzalcóatl del inframundo para crear a los macehuales.

 

“Es un mito, local de origen , y que refiere a la presencia de una mujer vestida de blanco que lleva el cabello suelto, largo, que no camina sino que flota y que cuando alguien llega a verla es un cráneo; sus manos son descarnadas y el encanto de la Mictlancihúatl son sus formas…” recuerda el licenciado Joaquín Praxedis acerca de esta creencia, y añade:

Generalmente la ven de espaldas y la siguen, nunca, al menos en toda una serie de recopilación de tradición oral que se ha hecho, no se detecta que el ente se le presente a ninguna mujer. Es un ente que se le presenta solo a los hombres trasnochadores, borrachos, infieles, todas esas características que puedan tener los varones. A ellos son a los que se les presenta. Hay una variable que es bien interesante porque eso nos permite compararla con los númenes de la fertilidad que son sus arracadas de plata. Generalmente cuando la ven (en la laguna de Caltongo) trae unas arracadas de plata las cuales brillan a la luz de la luna. Entonces con esa serie de elementos podemos identificar a este ente que ha pervivido en la memoria colectiva por encima de toda la modernidad.”

Para los antiguos la Cihuacóatl era “patrona de las Cihuateteo que de noche vocean y braman en el aire; son las mujeres muertas en parto, que bajan a la tierra, en ciertos días dedicados a ellas en el calendario, a espantar en las encrucijadas de los caminos, y son fatales a los niños”

La tradición de la matriarca de Xochimilco, que se lamentaba durante las noches pidiendo sacrificio para saciar su hambre salió de los pueblos xochimilcas a través del canal de Cuemanco, el de Moyohuarda, el canal de Iztapalapa, el de Apampilco, y otros más que conectaban con el lago de Texcoco y llegaban a Tenochtitlán (y luego a la Ciudad de México), pasando por los pueblos que vivían en a las orillas del cerro de la Estrella, Tezonco y el de Zapotitlán.

Mujer vestida como La Llorona en las calles del Centro Histórico de la CDMX.
Mujer vestida como La Llorona en las calles del Centro Histórico de la CDMX. (Foto: Edgar Olivares)

Mujer vestida como La Llorona en las calles del Centro Histórico de la CDMX.

El blanqueamiento de la Cihuacóatl: La llorona.

Fray Bernandino de Sahagún escucho de sus informantes indígenas la historia del “sexto agüero”, el cual presagiaba la caída del imperio azteca y que a la letra dice “Fue que en aquellos días escucharon voces en el aire como de una mujer que andaba llorando y decía de esta manera: Fue que en ¡Oh hijos míos! ¿A dónde os llevaré?”

Es a partir de este punto donde Alfonso Caso afirma que la creencia de la Cihuacóatl se transformó en leyenda a través de los ojos de los conquistadores españoles, que convirtieron a la diosa en “La llorona” de la conseja popular, “que carga una cuna o el cadáver de un niño” mientras recorre las calles de la ciudad.

Terminada la conquista española sobre los pueblos de México, la leyenda de “La Llorona” se extiende en sus múltiples versiones, “la mujer blanca que flota por los caminos y atrae a los seres humanos la encontramos en la narrativa de todo el país.

Una de estas historias es recuperada en el Bestiario de Cristóbal el brujo: un recorrido por las leyendas de México y dice lo siguiente:

“En aquellos tiempos una mujer indígena que tuvo hijos con un soldado español, pero el militar no la amaba y la abandonó para casarse con una española. Llena de ira y dolor por la traición la mujer indígena tomó a sus hijos y los ahogó en el río. Desde entonces se le escucha lamentarse diciendo: ¡Ay mis hijos! ¡Ay mis hijos!”

Rodolfo Cordero López recopila otra versión de la misma leyenda en donde La Llorona es Doña Marina, La Malinche, que llora por haber traicionado a su pueblo, pues se pasó al lado de los conquistadores, y desde entonces se le escucha gritar: ¡Ay mis hijos!”.

En la visión española, la mujer indígena deja de ser una flor a la que se debe cuidar y se convierte en una parricida y traidora que pena buscando un perdón que nunca llegará. Octavio Paz explica esta misoginia post conquista en su ensayo Los Hijos de la Malinche

“La mujer, otro de los seres que viven aparte, también es figura enigmática. Mejor dicho, es el Enigma. A semejanza del hombre de raza o nacionalidad extraña, incita y repele. Es la imagen de la fecundidad, pero asimismo de la muerte. En casi todas las culturas las diosas de la creación son también deidades de destrucción. Cifra viviente de la extrañeza del universo y su radical heterogeneidad, la mujer ¿esconde la muerte o la vida?, ¿En qué piensa?, ¿piensa acaso?, ¿siente de veras?, ¿es igual a nosotros? El sadismo se inicia como la venganza ante el hermetismo femenino o como tentativa desesperada para obtener una respuesta de un cuerpo que tenemos insensible.”

Con el tiempo y de acuerdo a las historias que se cuentan de ella, podemos notar que “La Llorona” fue absorbiendo elementos de todas las diosas fatales que representaba la Cihuacóatl. A veces aparece como una apacible mujer vestida de blanco que flota en una canoa, en otras como una mujer descarnada que lleva a los hombres a su fin último.

El narrador de San Gregorio Atlapulco, José Antonio Rodríguez, cuenta una de las historias que más se conocen en Xochimilco sobre La Llorona: “En la zona chinampera como que tienen una misma visión muy diferente que sería la misma Llorona pero con rasgos totalmente diferentes, ahí, me platicaron en alguna ocasión, que aparecía una mujer en una trajinera y empezaba a remar, entonces como era muy hermosa pues la gente que ya con sus copas encima trataban de llegar a ella. Entonces se metían en sus canoas y trataban de darle alcance. Entonces cuando la alcanzaban ella los embrujaba y el problema es que ya después ellos amanecían muertos, ahogados.

Entonces, cuando la gente alcanzaba a ver qué cosa había sucedido, decían que esta mujer los ahogaba y después brincaba de su trajinera y se internaba en las chinampas, pero no tenía pies sino unas patas de ave. Y ya habían muerto los señores ya ahogados, pero no se sabe si por el mismo alcohol o por toda el agua que habían tomado”.

En sus diversos tomos de Leyendas y Relatos de Xochimilco, Rodolfo Cordero López recopila, mediante entrevistas, muchos de los relatos orales que han ido pasando de generación sobre La Llorona, como el siguiente testimonio de doña Marciana:

“Yo he oído de la Miclánticihuatl y de “La Llorona”, pero nunca he tenido la suerte o la mala suerte de escuchar sus lamentos; No sé si sea la Llorona, pero a veces oigo que lloran los perros de Tlamatcingo. Y de esto ha habido comentarios, cuando estamos aquí, platicando de la Llorona. Aunque de ella, la Llorona, me platicaron que fue una mujer que lloraba porque mató a sus hijos. Una vez me dijeron que ahogó a sus hijos. En otra ocasión me dijeron que la Llorona era de esas madres que no dejan que el fruto de sus entrañas viva, y que por eso llora todo el tiempo. Pero no sé. Si de verdad sea cierto, o nada más sea cuento, una leyenda, como la de la Mictlanticíhuatl que era una mujer que perseguía a los hombres que caminaban por la noche y los perros la seguían con sus aullidos.”

Pero las apariciones de La Llorona no son exclusivas de la zona chinampera, en los pueblos de la montaña de Xochimilco que van hacia Topilejo se cuenta que “La llorona era una hermosa mujer de las noches de Topilejo. Tal vez fue el alma de alguna mujer que murió por los caminos de tierra amarillenta. Su alma gemía entre los pastizales altos. Flotaba su figura desventurada, de niebla, por las laderas de los bosques, y sin saber por dónde aullaban. Era una mujer de la bruma, la Ayauhcíhuatl.”

Pero las historias de sobre La Llorona no son exclusivas de los cronistas y los ancianos, en Xochimilco las nuevas generaciones conocen historias relacionadas con esta aparición, con enseñanza moral incluida. A continuación mostramos dos historias narradas por niños xochimilcas:

“Dicen que en mi casa estaba todo lleno de agua y que una vez hubo una mujer que tuvo 5 hijos, pero se murieron cuatro; entonces nada más le quedaba uno. Entonces ese niño creció y se fue portando mal, se fue yendo al mal camino. Dicen que una noche ese señor estaba en sus vicios cuando dicen que vio a una hermosa mujer en el lago y que se metió a buscarla y ahí se ahogó y se murió.” Leslie Brigada Olivares. Estudiante de primaria de Ampliación San Mateo.

De espectro a diosa, de nuevo

Si La Llorona es una representación de la Cihuacóatl-Mictlancihúatl, diosa dadora de la muerte, entonces la advocación que representa a la diosa tutelar de Xochimilco, protectora del pueblo y dadora de vida, se ve reflejada en la Virgen de los Dolores que se venera en el barrio de Xaltocan, como lo afirmó durante una entrevista el licenciado Joaquín Prexedis, promotor cultural de Xochimilco:

“La virgen de Xaltocan es en mucho la reinterpretación de la diosas tutelar que tuvieron los Xochimilcas. En el momento del contacto cuando se coloca un santo varón, se pierden muchos de los lazos devocionales que debían tener con su antigua deidad que era una mujer ¿Qué hacen los indígenas? Reinterpretan, en lugar de tener un templo principal, buscan un templo en los suburbios, en las afueras de la ciudad, que es Xaltocan. Ahorita ya está integrado plenamente al casco urbano, pero Xaltocan se venera a la Virgen de los Dolores en una fiesta que dura 15 días, a la cual vienen varias comunidades a entregarle sus promesas y sus tributos. Sobre todo, más que representar a la mujer dolorosa representa a la diosa fuerte que era Cihuacoatl.”

Con respecto al Santuario Mariano de la Virgen de los Dolores, ubicado en el barrio de Xaltocan, la maestra Aracelí Perez comenta que “es otro espacio emblemático para los xochimilcas. El lugar tiene convocatoria y reconocimiento colectivo que permite establecer vínculos entre las comunidades afines, al tiempo que mantienen relaciones de intercambio parental y festivo dentro de un área no solo geográfica, sino también simbólica. En la fiesta religiosa participan los barrios y pueblos de Xochimilco, que se organizan en mayordomías para acudir al templo con sus respectivas ofrendas.”

Aun en la actualidad, después de que terminaron las fiestas y cada barrio entregó su respectiva ofrenda a la Virgen Dolorosa, se celebran “Las octavas”; una fiesta litúrgica en la que todos los que participaron en las celebraciones a la virgen, acuden para recoger los adornos, los armazones de las portadas enfloradas o decoradas con otros materiales, y llevar la imagen al hogar del mayordomo, en dónde habitará por todo un año, hasta la siguiente fiesta.

Llorona streetart
Imagen de una mujer descarnada del rostro que fue pegada en la calle de Salto del Agua en el Centro Histórico. (Foto: Edgar Olivares)

Llorona streetart

Retomando a Fray Bernardino de Sahagun, Cordero López reconoce: “Tener un año a la Virgen de los Dolores en el domicilio del mayordomo, es lo mismo que hacían con el dios de los convites Omécatl, en la décima fiesta movible durante el signo Ce Malinalli, Ome Acatl, signo de Tezcatlipoca. En esta fiesta, los devotos a Omácatl lo llevaban a su casa para que la bendijese y les hiciera multiplicar su hacienda”, y luego añade “La octava en la solemnidad de Cihuacóatl – Quiláztli se hacía en los meses de febrero o marzo para halagar a la diosa con flores y danzas, se daba de comer y beber, y holgura a los señores por su orden y jerarquía. Había opulentas comidas, las bebidas eran a base de cacao, pinolli y octli (pulque). La fiesta terminaba, recogían los adornos y las enramadas floridas eran retiradas de los aposentos de los dioses.”

Con respecto a la octava se sabe que los adoradores de Cihuacóatl también las hacían en la ciudad de Tenochtitlan y llevaba por nombre Hueitecuitlhuitl, que quiere decir la gran fiesta de los señores.

El fraile Diego Durán revela que la octava de esa diosa caía en domingo. Los sacerdotes del templo de Quiláztli (Cihuacóatl) se llamaban Tecualcuiltin, y vestían de color negro, incensaban a los ídolos dos veces en el día y dos veces en la noche. Ellos cuidaban que a la diosa no le faltara nada y mataban el hambre de ella de ocho en ocho días. Si veían que pasaban los ocho días y no se sacrificaba ninguno, tomaba acción la escena que ya hemos relatado con anterioridad, en donde los sacerdotes escondían un cuchillo de pedernal dentro de una cuna aparentando dejar a un niño recién nacido (al que llamaban hijo de Cihuacóatl) y se lo entregaban a una mujer para que está lo abandonara con los joyeros del tianguis; indicando que la diosa tenía hambre y el sacrificio tenía que realizarse para satisfacerla.

Al transcurrir del tiempo y el olvido de los dioses idolatrados, la aparición de la cuna abandonada y el llanto de un recién nacido dejó de ser obra de Quiláztli-Cihuacóatl, para convertirse en apariciones de la Virgen de los Dolores de Xaltocan.

La Virgen de Xaltocan, dice Joaquín Prexedis, “No es una mujer tierna, ni la niña inmaculada que conocemos como la madre de Jesús, sino que esta es más bien una mujer dura y dentro los relatos de su propia gente que le tiene devoción está el que castiga. En el ámbito del catolicismo oficial no se entiende, la parte oficial nunca acepta que un santo o una virgen castigue, sin embargo, la comunidad si está muy convencida, sobre todo los más grandes, de que si tú le ofreces algo a la virgen y no le cumples te castiga ¡Y castiga con fuego! El común denominador de los castigos tiene que ver con fuego: incendio, todo lo que tenga que ver con el fuego”. Este elemento es característico de Chantico, diosa del fuego terrestre y una de las advocaciones más antiguas de la Cihuacóatl.

Nota al pie:

El mismo camino que siguió este personaje lo han seguido otros más, como el Charro negro que de Tezcatlipoca llegó a ser catrín y ahora anda por los bailes vestido de narcotraficante. ¿Cuál es la versión de la Llorona que se cuenta en su localidad? Nos gustaría mucho conocerla para hacer aún más largo este artículo en un futuro. Por favor siéntanse libres de compartir su respuesta en los comentarios u de algún otra leyenda o tradición que viva junto con ustedes.

La presente investigación no podía haber sido concebido sin la colaboración de mis compañeros de Ensamble Comics A.C. Para más información pueden visitar nuestra página de Facebook.

temas